EDÉN EN FUGA: HACE 900.000 AÑOS ÁFRICA EXPULSÓ A HOMBRES Y ANIMALES
Hace unos 900.000 años, África sufrió una transformación climática de enormes proporciones. Una gran glaciación hizo crecer las masas de hielo, alteró las lluvias y extendió las regiones áridas y las sabanas sobre amplias zonas del continente. Mientras los antiguos territorios habitables comenzaban a deteriorarse, el nivel de los océanos descendió aproximadamente 110 metros. África se convertía así en una tierra cada vez más difícil para hombres y animales, mientras aparecían nuevas rutas hacia Eurasia.
Este extraordinario escenario ha sido reconstruido en la investigación “Hominin population bottleneck coincided with migration from Africa during the Early Pleistocene ice age transition” —«El cuello de botella de la población de homininos coincidió con la migración desde África durante la transición glacial del Pleistoceno temprano»—, publicada en marzo de 2024 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). El estudio reúne registros climáticos, arqueológicos, paleomagnéticos y genéticos para reconstruir uno de los grandes movimientos poblacionales del Pleistoceno.
LA GRAN CATÁSTROFE DE HACE 900.000 AÑOS
El acontecimiento climático fue el MIS 22 (Marine Isotope Stage 22, Estadio Isotópico Marino 22), la primera gran edad glacial del Pleistoceno comparable por su intensidad con las enormes glaciaciones posteriores. Duró aproximadamente 80.000 años y constituyó uno de los episodios centrales de la gran transformación del sistema climático terrestre conocida como MPT (Mid-Pleistocene Transition, Transición del Pleistoceno Medio).
Los registros marinos muestran la excepcional magnitud del fenómeno. MIS 22 alcanzó valores isotópicos superiores a los de las glaciaciones anteriores y provocó una caída del nivel del mar cercana a 110 metros. Para comprender su importancia basta compararla con MIS 34, una glaciación anterior que habría producido descensos de entre 70 y 85 metros. La diferencia significó decenas de metros adicionales de retirada de los océanos y una profunda transformación de las costas.
Grandes superficies anteriormente cubiertas por aguas poco profundas quedaron emergidas. Se ampliaron conexiones terrestres en el Levante, el entorno del mar Negro, el norte del Adriático y el corredor formado por las cuencas del Po y del Danubio. La acumulación de hielo estaba modificando literalmente el mapa por el que podían desplazarse animales y homininos. Mientras unas regiones se hacían inhabitables, otras quedaban conectadas por primera vez mediante corredores ecológicamente transitables.
En África ocurría simultáneamente otra transformación. Los sedimentos marinos registran un importante incremento del polvo sahariano, mientras otros indicadores muestran una expansión de plantas C4, asociadas principalmente con ambientes abiertos como las sabanas. El enfriamiento de las aguas superficiales del Atlántico ecuatorial debilitó la circulación monzónica y redujo la humedad que penetraba hacia el interior del continente. África comenzó a secarse mientras sus paisajes cambiaban.
La consecuencia fue una presión creciente sobre las poblaciones del género Homo. La propia investigación resume la alternativa con extraordinaria claridad: aquellas poblaciones tuvieron que adaptarse o migrar para evitar la extinción. Pero la naturaleza produjo entonces una paradoja decisiva. La misma glaciación que estaba destruyendo o reduciendo antiguos hábitats africanos había retirado tanta agua de los océanos que estaba abriendo las rutas por donde hombres y animales podían escapar.
HOMBRES Y ANIMALES ABANDONAN ÁFRICA
El registro arqueológico muestra una significativa concentración de yacimientos con presencia hominina aproximadamente entre 990.000 y 780.000 años atrás. Aparecen evidencias desde Oriente Próximo y Europa hasta China y Java. La investigación interpreta esta concentración como las huellas de un «gran éxodo desde África», desencadenado alrededor de MIS 22 y extendido posteriormente por buena parte de Eurasia.
Una rama de aquella expansión avanzó hacia Europa utilizando el gran corredor Danubio-Po. Desde el Levante, Turquía y el Cáucaso, hombres y animales pudieron penetrar hacia el interior europeo siguiendo territorios que las nuevas condiciones climáticas habían convertido en corredores terrestres. La expansión alcanzó finalmente la península ibérica por el oeste y llegó hacia el norte hasta las Islas Británicas.
El estrecho de Gibraltar no habría sido necesario para explicar este movimiento. Su principal umbral tiene aproximadamente 300 metros de profundidad, por lo que continuó sumergido incluso cuando MIS 22 hizo descender el océano unos 110 metros. La gran puerta hacia Europa habría estado más al este, donde las modificaciones del nivel marino y de los sistemas fluviales facilitaron una continuidad territorial y ecológica desde las puertas de Europa hasta el Danubio y el Po.
Otra parte de la expansión avanzó hacia Oriente. En un intervalo semejante encontramos homininos en China y Java. En Sangiran, uno de los grandes yacimientos de Homo erectus, existen indicios de una población anterior y otra posterior relacionada cronológicamente con esta gran transición. El estudio contempla incluso que aquella nueva expansión pudo desplazar o sustituir grupos humanos que habían alcanzado anteriormente algunas regiones asiáticas.
Pero el aspecto más extraordinario es que los hombres no salieron solos de África. La llamada hipótesis de la migración Galeriana describe movimientos de redes alimentarias africanas enteras, incluyendo grandes mamíferos como los elefantes. Los homininos formaban parte de esa red. Cuando cambiaron las lluvias, la vegetación y la disponibilidad de recursos, comenzaron a desplazarse animales y poblaciones humanas siguiendo corredores ecológicos semejantes.
Esto transforma completamente la imagen de aquella migración. No debemos imaginar únicamente pequeños grupos humanos aventurándose por territorios desconocidos. Estamos contemplando una reorganización del paisaje viviente: grandes mamíferos desplazándose, sabanas extendiéndose, corredores terrestres apareciendo y poblaciones de Homo siguiendo el movimiento de los recursos y de los animales de los que dependían.
UNA HUMANIDAD AL BORDE DEL ABISMO
Precisamente alrededor de aquella época aparece otra señal extraordinaria. Un estudio genético realizado sobre 3.154 genomas humanos actuales reconstruyó hacia el pasado el tamaño efectivo de nuestras poblaciones ancestrales y detectó un severísimo cuello de botella entre aproximadamente 930.000 y 813.000 años atrás. La población reproductora efectiva habría quedado reducida durante aquel prolongado episodio hasta aproximadamente 1.280 individuos.
La coincidencia cronológica resulta impresionante. El cuello de botella genético aparece prácticamente en la misma ventana en que MIS 22 transforma el clima, aumenta el hielo, hace retroceder los océanos, intensifica la aridez africana y coincide con una gran expansión hominina por Eurasia. Registros completamente diferentes parecen converger alrededor de un acontecimiento ocurrido hace unos 900.000 años.
La crisis climática fue acompañada además por una importante transformación de los ecosistemas. Aumentó el polvo sahariano, cambiaron las comunidades vegetales y comenzaron movimientos de grandes mamíferos. El género Homo no estaba separado de esas cadenas ecológicas: dependía de ellas. Cuando los animales comenzaron a desplazarse buscando nuevos espacios habitables, los homininos tenían poderosas razones para seguir las mismas rutas.
La secuencia que emerge es formidable: glaciación → acumulación de hielo → descenso del océano → debilitamiento de los monzones → aridificación africana → expansión de sabanas → desplazamiento de animales → apertura de corredores terrestres → migración de homininos hacia Eurasia. Una transformación planetaria terminó convirtiéndose en una transformación de la geografía humana.
EL GRAN ÉXODO NO FUE EL PRIMERO
Existieron dispersiones anteriores. En Shangchen, China, se han encontrado 17 niveles con objetos interpretados como herramientas que se extienden aproximadamente entre 2,1 y 1,3 millones de años. También existen antiguas evidencias en Lantian/Gongwangling, Yuanmou y Sangiran. El propio estudio contempla la existencia de poblaciones euroasiáticas anteriores a la gran expansión de hace 900.000 años.
Esto hace todavía más interesante MIS 22. Lo que ocurrió entonces no necesita ser entendido como la primera salida de África, sino como un éxodo de dimensiones mucho mayores. Poblaciones anteriores habían conseguido penetrar en Eurasia, pero alrededor de 0,9 millones de años aparece una concentración mucho más amplia de yacimientos desde las puertas de Europa hasta los confines orientales del continente.
Algunas de aquellas poblaciones antiguas pudieron incluso encontrarse con los recién llegados. El estudio plantea la posibilidad de desplazamientos o sustituciones en determinadas regiones asiáticas. La gran crisis africana pudo generar así no solamente una expansión territorial, sino también una reorganización demográfica de poblaciones humanas distribuidas por Eurasia.
La historia adquiere entonces dimensiones continentales. Desde África comenzaron movimientos hacia el Levante; desde allí, algunos grupos siguieron hacia Europa mientras otros avanzaron hacia Asia. Al mismo tiempo se desplazaban grandes mamíferos y se reorganizaban ecosistemas completos. Hace 900.000 años, una crisis africana terminó produciendo consecuencias desde España hasta China y Java.
EDÉN EN FUGA
Aquí aparece la imagen del Edén. Mucho antes de convertirse en un concepto religioso, el problema fundamental de cualquier población humana había sido encontrar un territorio donde coincidieran agua, alimento, animales, vegetación y condiciones climáticas capaces de sostener la vida. Ese conjunto constituye, desde una perspectiva antropológica, el verdadero fundamento material de cualquier imagen de una tierra primordial de abundancia.
Hace 900.000 años, una parte de ese antiguo mundo africano comenzó a desarticularse. Disminuyó la humedad, avanzaron los espacios áridos, cambiaron las sabanas y se desplazaron los animales. Los homininos tuvieron que moverse con aquel paisaje cambiante. No abandonaron simplemente un territorio: siguieron hacia otros continentes las condiciones ecológicas que hacían posible su supervivencia.
Y aquí reside la extraordinaria peculiaridad de aquel éxodo: el hombre no salió solo de su Edén africano; parte del Edén se desplazó con él. Elefantes y otros grandes mamíferos siguieron corredores semejantes, mientras ambientes abiertos se extendían y las conexiones terrestres permitían avanzar hacia nuevos espacios. Hombres, animales y paisaje formaban piezas de una misma transformación.
La imagen de la expulsión del Edén adquiere así una profundidad antropológica sorprendente: un mundo favorable se pierde y comienza una gran marcha hacia territorios desconocidos. La humanidad deja atrás una geografía que ya no puede sostenerla como antes y comienza a extenderse por nuevos espacios acompañada por animales procedentes de aquel mismo universo ecológico.
La paradoja final es todavía mayor. El hielo que amenazó aquel mundo fue también el que abrió sus puertas. Mientras África se secaba, millones de kilómetros cúbicos de agua quedaban atrapados en las masas glaciales; los océanos retrocedían y aparecían corredores hacia Eurasia. La catástrofe produjo simultáneamente la expulsión y la vía de escape.
Hace 900.000 años, hombres y animales se pusieron en movimiento mientras su antiguo mundo cambiaba detrás de ellos. La crisis pudo llevar a poblaciones ancestrales hasta el límite de su supervivencia, pero también desencadenó una expansión que atravesó Eurasia. África expulsó a parte de sus habitantes y una parte de su ecosistema marchó con ellos. Fue, en ese sentido, un auténtico Edén en fuga.
Investigación principal: “Hominin population bottleneck coincided with migration from Africa during the Early Pleistocene ice age transition” —«El cuello de botella de la población de homininos coincidió con la migración desde África durante la transición glacial del Pleistoceno temprano»—, Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), vol. 121, n.º 13, marzo de 2024, e2318903121. Investigación original en PNAS