EL TELÓN DE ACERO: CUANDO ESTADOS UNIDOS Y LA UNIÓN
SOVIÉTICA DECIDÍAN EL DESTINO DE OTROS PAÍSES. Historia, poder y operaciones
clandestinas
Por Iván
Oré Chávez para Realbiopolítica. La verdad está a la vista.
El primer
capítulo de Crimini inconfessabili, del magistrado italiano Giuliano Turone,
reconstruye el enfrentamiento entre las dos superpotencias de la Guerra Fría a
través de la invasión de Checoslovaquia, el golpe de Estado de Chile y el
intento de asesinato de Enrico Berlinguer.
Un mundo dividido por el Telón de Acero
Después
de la Segunda Guerra Mundial, el escenario internacional quedó dominado por dos
grandes potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Cada una encabezaba un
bloque político, económico y militar que pretendía preservar y ampliar su
influencia. Estados Unidos lideraba el bloque occidental, asociado
principalmente con el capitalismo, mientras que la Unión Soviética encabezaba
el bloque oriental, integrado por Estados comunistas subordinados en distintos
grados a Moscú.
La
división europea recibió el nombre de Telón de Acero, expresión
popularizada en 1946 por el antiguo primer ministro británico Winston
Churchill. No se trataba de una cortina material que atravesara el planeta,
sino de una frontera política, ideológica y militar que separaba Europa
occidental de los países sometidos a la influencia soviética. La Organización
del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fundada en 1949, representaba la
principal alianza militar occidental. El Pacto de Varsovia, establecido en
1955, agrupaba a la Unión Soviética y sus aliados militares europeos.
Esta
confrontación fue conocida como Guerra Fría, porque las dos
superpotencias evitaron una guerra militar directa entre ellas, aunque
participaron en numerosos conflictos mediante gobiernos aliados, servicios de
inteligencia, intervenciones militares y operaciones políticas. Su rivalidad se
extendió mucho más allá de Europa: América Latina, Asia y África también se
convirtieron en escenarios de competencia geopolítica.
En ese
contexto se sitúa el primer capítulo del libro Crimini inconfessabili —Crímenes
inconfesables—, publicado en 2024 por Giuliano Turone, magistrado italiano
que investigó organizaciones mafiosas, redes clandestinas y la logia masónica
Propaganda Due, conocida como P2. El capítulo se titula Dalla primavera di
Praga all’autunno di Sofia, es decir, «De la Primavera de Praga al otoño
de Sofía». Turone examina cómo la confrontación entre las superpotencias
condicionó la soberanía de otros Estados e incluso la libertad política de los
partidos pertenecientes a sus respectivas esferas de influencia.
Checoslovaquia, 1968: la intervención soviética
contra la Primavera de Praga
En 1968,
Alexander Dubček, dirigente del Partido Comunista de Checoslovaquia, promovió
un programa de reformas destinado a transformar el sistema político de su país.
El proceso, conocido como Primavera de Praga, pretendía introducir mayores
libertades y desarrollar un socialismo menos autoritario. La dirección
soviética consideró que aquellas reformas amenazaban la cohesión del bloque
oriental.
En agosto
de 1968, tropas de la Unión Soviética y de otros países del Pacto de Varsovia
invadieron Checoslovaquia para detener el proceso reformista. La intervención
demostró que Moscú estaba dispuesto a emplear la fuerza militar para impedir
que un Estado de su esfera de influencia siguiera una orientación política
considerada incompatible con los intereses soviéticos.
La
invasión provocó una reacción particularmente importante en Italia. El Partido
Comunista Italiano (PCI), una de las principales organizaciones comunistas de
Europa occidental, condenó la intervención. Entre sus dirigentes destacó Enrico
Berlinguer, quien defendía que los partidos comunistas debían tener autonomía para
definir su propia orientación política.
Berlinguer
viajó a Moscú en 1968 encabezando una delegación italiana y exigió la retirada
de las tropas de ocupación. Al año siguiente, durante una conferencia
internacional comunista celebrada en el Kremlin, sostuvo que ningún partido ni
Estado debía atribuirse el derecho de dirigir a todos los demás. También
defendió la posibilidad de construir una vía democrática y pluralista hacia el
socialismo.
Estas
posiciones lo enfrentaron con Leonid Brézhnev, máximo dirigente soviético, y
especialmente con Boris Ponomariov, funcionario del Partido Comunista de la
Unión Soviética encargado de las relaciones ideológicas con los partidos
comunistas extranjeros. Para Ponomariov, la independencia política de
Berlinguer constituía una amenaza a la autoridad de Moscú.
Chile, 1973: el golpe de Estado en el bloque
occidental
Cinco
años después de la invasión de Checoslovaquia, otro acontecimiento conmocionó
la política internacional. El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas
derrocaron al gobierno constitucional de Salvador Allende, presidente de Chile
y dirigente de la coalición Unidad Popular. El golpe culminó con el ataque al
Palacio de La Moneda, la muerte de Allende y la llegada al poder del general
Augusto Pinochet.
Giuliano
Turone presenta el golpe chileno como una operación vinculada a la CIA y al
impulso político de Henry Kissinger, principal responsable de la diplomacia
estadounidense durante el gobierno de Richard Nixon. El autor incorpora este
episodio para demostrar que las intervenciones contra procesos políticos
nacionales no eran exclusivas del bloque soviético.
Para
Berlinguer, el derrocamiento de Allende tenía una importancia extraordinaria.
Chile había desarrollado una experiencia de gobierno socialista mediante
procedimientos electorales y dentro de un sistema constitucional. Su
destrucción militar planteaba una cuestión decisiva para los comunistas
italianos: ¿qué ocurriría si un partido comunista llegaba al gobierno por
medios democráticos en un país perteneciente a la esfera de influencia
occidental?
Berlinguer
comenzó a escribir sus reflexiones sobre la experiencia chilena, que
posteriormente darían lugar al ensayo Riflessioni sull’Italia dopo i fatti
del Cile, traducido como «Reflexiones sobre Italia después de los
acontecimientos de Chile». Según Turone, el dirigente italiano comprendió que
la conquista electoral del gobierno no garantizaba por sí sola la continuidad
de un proyecto político cuando poderosos intereses internos y externos estaban
dispuestos a impedirlo.
Durante
aquellos días, Berlinguer recibió en Roma a los integrantes del conjunto
musical chileno Inti-Illimani, que se encontraban en Italia cuando ocurrió el
golpe y terminarían permaneciendo allí exiliados. Les manifestó que los acontecimientos
chilenos estaban enseñando mucho al Partido Comunista Italiano y que, después
del golpe, nada volvería a ser igual.
Dos superpotencias, una misma cuestión: los límites
de la soberanía
La
comparación entre Checoslovaquia y Chile constituye uno de los argumentos más
importantes del capítulo. Turone observa que Dubček y Allende representaban
proyectos políticos distintos, desarrollados en sistemas diferentes, pero ambos
chocaron con los intereses de una superpotencia.
En
Checoslovaquia, la Unión Soviética intervino militarmente para impedir la
continuación de un programa de reformas socialistas. En Chile, el gobierno de
Allende fue derrocado por las Fuerzas Armadas en un contexto de intervención
estadounidense contra su proyecto político.
Turone
establece una comparación especialmente significativa entre Boris Ponomariov y
Henry Kissinger. El primero representaba la vigilancia soviética sobre los
partidos comunistas y la preservación de la disciplina del bloque oriental. El
segundo representaba la política exterior estadounidense y la defensa de los
intereses estratégicos de Washington. El magistrado italiano llega a describir
a Kissinger como una especie de «Ponomariov atlántico».
El
paralelismo permite identificar el problema fundamental: la soberanía de los
países podía quedar subordinada a las decisiones de una potencia extranjera.
Las superpotencias defendían sistemas políticos opuestos, pero ambas pretendían
impedir determinadas transformaciones dentro de sus áreas de influencia.
Esta
interpretación también permite comprender la posición singular de Berlinguer.
Aunque era comunista, no aceptaba que la Unión Soviética decidiera la política
italiana. Al mismo tiempo, condenaba la intervención estadounidense contra el
gobierno de Allende. Su preocupación era la posibilidad de que Italia
desarrollara libremente su propio proceso democrático.
Bulgaria, octubre de 1973: la presión sobre Enrico
Berlinguer
Mientras
reflexionaba sobre el golpe chileno, Berlinguer debía cumplir una visita
oficial a Bulgaria, país comunista integrante del Pacto de Varsovia y
estrechamente subordinado a la Unión Soviética.
Durante
varios meses, los dirigentes búlgaros habían insistido en que aceptara la
invitación. Finalmente, Berlinguer viajó el 30 de septiembre de 1973 y se reunió
con Todor Zhivkov, máximo dirigente comunista búlgaro, el 1 de octubre en una
residencia próxima a Varna.
Zhivkov
exigió que el Partido Comunista Italiano retirara su condena a la invasión de
Checoslovaquia. Berlinguer rechazó la exigencia. La reunión terminó sin que los
búlgaros consiguieran la retractación que buscaban.
La
situación era especialmente delicada porque las ideas de Berlinguer habían
despertado simpatías entre algunos dirigentes comunistas de Europa oriental.
Turone señala que Zhivkov sospechaba de Boris Velchev, segundo dirigente del
Partido Comunista Búlgaro, y conocía la amistad de Berlinguer con Konstantin
Tellalov, responsable de relaciones exteriores del mismo partido.
Por
tanto, el enfrentamiento no consistía únicamente en una discrepancia entre
dirigentes de distintos países. Zhivkov temía que la orientación independiente
de Berlinguer pudiera influir dentro de la propia dirección comunista búlgara.
El 3 de octubre: la ruptura con Zhivkov y la
intervención de los servicios secretos
El
segundo encuentro se celebró el 3 de octubre de 1973 en Sofía, en la Casa del
Partido. Esta vez estuvo presente un personaje que Turone considera
particularmente significativo: el general Iljia Kashev, jefe del UBO, organismo
de seguridad del régimen búlgaro.
Zhivkov
volvió a exigir que los comunistas italianos se retractaran de sus críticas a
la invasión soviética de Checoslovaquia. Berlinguer mantuvo su negativa. Según
la reconstrucción recogida por Turone, el dirigente búlgaro afirmó entonces que
él mismo había viajado a Praga antes de la invasión y había transmitido a Moscú
información sobre las intenciones de Alexander Dubček, atribuyéndose así una
intervención determinante en aquellos acontecimientos.
Después,
Zhivkov introdujo el tema del golpe de Estado chileno. La discusión con
Berlinguer se volvió extraordinariamente violenta y se prolongó durante
aproximadamente cuarenta minutos. Finalmente, el secretario general italiano
decidió interrumpir el encuentro y anunció su intención de regresar
inmediatamente a Italia.
En ese
momento ocurrió un hecho que adquiere especial importancia en la investigación
de Turone. El general Kashev abandonó la sala y comunicó a los periodistas que
esperaban en la antesala que las conversaciones habían fracasado, que el
programa había cambiado y que Berlinguer partiría de inmediato hacia el
aeropuerto.
El
anuncio fue realizado por el jefe de los servicios secretos búlgaros. Turone
destaca esta circunstancia porque el desplazamiento de Berlinguer hacia el
aeropuerto se convertiría en el escenario de un gravísimo incidente.
Los
detalles de aquella reunión y de la intervención de Kashev fueron reconstruidos
muchos años después mediante la investigación periodística realizada en 1991
por Giovanni Fasanella y Corrado Incerti, quienes obtuvieron testimonios y
documentación procedentes de los archivos del antiguo régimen búlgaro.
La cuestión geopolítica que plantea Giuliano Turone
El primer
capítulo de Crimini inconfessabili desarrolla una interpretación de la
Guerra Fría que permite comprender acontecimientos ocurridos en distintos
continentes como parte de una misma estructura de poder internacional.
La
invasión de Checoslovaquia, el golpe de Estado de Chile y las presiones contra
Berlinguer muestran, en la reconstrucción del magistrado italiano, que la
disputa entre las superpotencias no se limitaba a una competencia ideológica
entre capitalismo y comunismo. También comprendía mecanismos de intervención
destinados a preservar sus respectivas esferas de influencia.
La
experiencia de Berlinguer resulta especialmente reveladora porque se trataba de
un dirigente comunista occidental que se enfrentaba a Moscú y que, al mismo
tiempo, condenaba la intervención estadounidense en Chile. Su posición permite
examinar el conflicto desde una perspectiva distinta de la simple adhesión a
uno de los dos bloques.
Para
comprender la historia política de la segunda mitad del siglo XX, es necesario
conocer el significado del Telón de Acero, el funcionamiento de las alianzas
militares y el papel que desempeñaron los servicios de inteligencia en la
confrontación internacional. Sin estos antecedentes, episodios como la
Primavera de Praga, el golpe chileno y las operaciones clandestinas examinadas
por Turone aparecen como acontecimientos separados, cuando el autor los estudia
dentro de una misma disputa por el poder.
La pregunta
central que deja planteada este primer capítulo es quién ejercía realmente la
soberanía de los Estados durante la Guerra Fría: sus gobiernos e instituciones
nacionales o las grandes potencias que pretendían determinar los límites de sus
decisiones políticas.
Esa
pregunta conduce al siguiente capítulo de Crimini inconfessabili, donde
Giuliano Turone examina el presunto intento de asesinato de Enrico Berlinguer
ocurrido en Bulgaria el 3 de octubre de 1973.
Realbiopolítica — La historia del poder detrás de los acontecimientos.


