jueves, 29 de octubre de 2026

EL TELÓN DE ACERO: CUANDO ESTADOS UNIDOS Y LA UNIÓN SOVIÉTICA DECIDÍAN EL DESTINO DE OTROS PAÍSES. Historia, poder y operaciones clandestinas

EL TELÓN DE ACERO: CUANDO ESTADOS UNIDOS Y LA UNIÓN SOVIÉTICA DECIDÍAN EL DESTINO DE OTROS PAÍSES. Historia, poder y operaciones clandestinas 

Por Iván Oré Chávez para Realbiopolítica. La verdad está a la vista.

El primer capítulo de Crimini inconfessabili, del magistrado italiano Giuliano Turone, reconstruye el enfrentamiento entre las dos superpotencias de la Guerra Fría a través de la invasión de Checoslovaquia, el golpe de Estado de Chile y el intento de asesinato de Enrico Berlinguer.

Un mundo dividido por el Telón de Acero

Después de la Segunda Guerra Mundial, el escenario internacional quedó dominado por dos grandes potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Cada una encabezaba un bloque político, económico y militar que pretendía preservar y ampliar su influencia. Estados Unidos lideraba el bloque occidental, asociado principalmente con el capitalismo, mientras que la Unión Soviética encabezaba el bloque oriental, integrado por Estados comunistas subordinados en distintos grados a Moscú.

La división europea recibió el nombre de Telón de Acero, expresión popularizada en 1946 por el antiguo primer ministro británico Winston Churchill. No se trataba de una cortina material que atravesara el planeta, sino de una frontera política, ideológica y militar que separaba Europa occidental de los países sometidos a la influencia soviética. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), fundada en 1949, representaba la principal alianza militar occidental. El Pacto de Varsovia, establecido en 1955, agrupaba a la Unión Soviética y sus aliados militares europeos.

Esta confrontación fue conocida como Guerra Fría, porque las dos superpotencias evitaron una guerra militar directa entre ellas, aunque participaron en numerosos conflictos mediante gobiernos aliados, servicios de inteligencia, intervenciones militares y operaciones políticas. Su rivalidad se extendió mucho más allá de Europa: América Latina, Asia y África también se convirtieron en escenarios de competencia geopolítica.

En ese contexto se sitúa el primer capítulo del libro Crimini inconfessabili —Crímenes inconfesables—, publicado en 2024 por Giuliano Turone, magistrado italiano que investigó organizaciones mafiosas, redes clandestinas y la logia masónica Propaganda Due, conocida como P2. El capítulo se titula Dalla primavera di Praga all’autunno di Sofia, es decir, «De la Primavera de Praga al otoño de Sofía». Turone examina cómo la confrontación entre las superpotencias condicionó la soberanía de otros Estados e incluso la libertad política de los partidos pertenecientes a sus respectivas esferas de influencia.

Checoslovaquia, 1968: la intervención soviética contra la Primavera de Praga

En 1968, Alexander Dubček, dirigente del Partido Comunista de Checoslovaquia, promovió un programa de reformas destinado a transformar el sistema político de su país. El proceso, conocido como Primavera de Praga, pretendía introducir mayores libertades y desarrollar un socialismo menos autoritario. La dirección soviética consideró que aquellas reformas amenazaban la cohesión del bloque oriental.

En agosto de 1968, tropas de la Unión Soviética y de otros países del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia para detener el proceso reformista. La intervención demostró que Moscú estaba dispuesto a emplear la fuerza militar para impedir que un Estado de su esfera de influencia siguiera una orientación política considerada incompatible con los intereses soviéticos.

La invasión provocó una reacción particularmente importante en Italia. El Partido Comunista Italiano (PCI), una de las principales organizaciones comunistas de Europa occidental, condenó la intervención. Entre sus dirigentes destacó Enrico Berlinguer, quien defendía que los partidos comunistas debían tener autonomía para definir su propia orientación política.

Berlinguer viajó a Moscú en 1968 encabezando una delegación italiana y exigió la retirada de las tropas de ocupación. Al año siguiente, durante una conferencia internacional comunista celebrada en el Kremlin, sostuvo que ningún partido ni Estado debía atribuirse el derecho de dirigir a todos los demás. También defendió la posibilidad de construir una vía democrática y pluralista hacia el socialismo.

Estas posiciones lo enfrentaron con Leonid Brézhnev, máximo dirigente soviético, y especialmente con Boris Ponomariov, funcionario del Partido Comunista de la Unión Soviética encargado de las relaciones ideológicas con los partidos comunistas extranjeros. Para Ponomariov, la independencia política de Berlinguer constituía una amenaza a la autoridad de Moscú.

Chile, 1973: el golpe de Estado en el bloque occidental

Cinco años después de la invasión de Checoslovaquia, otro acontecimiento conmocionó la política internacional. El 11 de septiembre de 1973, las Fuerzas Armadas chilenas derrocaron al gobierno constitucional de Salvador Allende, presidente de Chile y dirigente de la coalición Unidad Popular. El golpe culminó con el ataque al Palacio de La Moneda, la muerte de Allende y la llegada al poder del general Augusto Pinochet.

Giuliano Turone presenta el golpe chileno como una operación vinculada a la CIA y al impulso político de Henry Kissinger, principal responsable de la diplomacia estadounidense durante el gobierno de Richard Nixon. El autor incorpora este episodio para demostrar que las intervenciones contra procesos políticos nacionales no eran exclusivas del bloque soviético.

Para Berlinguer, el derrocamiento de Allende tenía una importancia extraordinaria. Chile había desarrollado una experiencia de gobierno socialista mediante procedimientos electorales y dentro de un sistema constitucional. Su destrucción militar planteaba una cuestión decisiva para los comunistas italianos: ¿qué ocurriría si un partido comunista llegaba al gobierno por medios democráticos en un país perteneciente a la esfera de influencia occidental?

Berlinguer comenzó a escribir sus reflexiones sobre la experiencia chilena, que posteriormente darían lugar al ensayo Riflessioni sull’Italia dopo i fatti del Cile, traducido como «Reflexiones sobre Italia después de los acontecimientos de Chile». Según Turone, el dirigente italiano comprendió que la conquista electoral del gobierno no garantizaba por sí sola la continuidad de un proyecto político cuando poderosos intereses internos y externos estaban dispuestos a impedirlo.

Durante aquellos días, Berlinguer recibió en Roma a los integrantes del conjunto musical chileno Inti-Illimani, que se encontraban en Italia cuando ocurrió el golpe y terminarían permaneciendo allí exiliados. Les manifestó que los acontecimientos chilenos estaban enseñando mucho al Partido Comunista Italiano y que, después del golpe, nada volvería a ser igual.

Dos superpotencias, una misma cuestión: los límites de la soberanía

La comparación entre Checoslovaquia y Chile constituye uno de los argumentos más importantes del capítulo. Turone observa que Dubček y Allende representaban proyectos políticos distintos, desarrollados en sistemas diferentes, pero ambos chocaron con los intereses de una superpotencia.

En Checoslovaquia, la Unión Soviética intervino militarmente para impedir la continuación de un programa de reformas socialistas. En Chile, el gobierno de Allende fue derrocado por las Fuerzas Armadas en un contexto de intervención estadounidense contra su proyecto político.

Turone establece una comparación especialmente significativa entre Boris Ponomariov y Henry Kissinger. El primero representaba la vigilancia soviética sobre los partidos comunistas y la preservación de la disciplina del bloque oriental. El segundo representaba la política exterior estadounidense y la defensa de los intereses estratégicos de Washington. El magistrado italiano llega a describir a Kissinger como una especie de «Ponomariov atlántico».

El paralelismo permite identificar el problema fundamental: la soberanía de los países podía quedar subordinada a las decisiones de una potencia extranjera. Las superpotencias defendían sistemas políticos opuestos, pero ambas pretendían impedir determinadas transformaciones dentro de sus áreas de influencia.

Esta interpretación también permite comprender la posición singular de Berlinguer. Aunque era comunista, no aceptaba que la Unión Soviética decidiera la política italiana. Al mismo tiempo, condenaba la intervención estadounidense contra el gobierno de Allende. Su preocupación era la posibilidad de que Italia desarrollara libremente su propio proceso democrático.

Bulgaria, octubre de 1973: la presión sobre Enrico Berlinguer

Mientras reflexionaba sobre el golpe chileno, Berlinguer debía cumplir una visita oficial a Bulgaria, país comunista integrante del Pacto de Varsovia y estrechamente subordinado a la Unión Soviética.

Durante varios meses, los dirigentes búlgaros habían insistido en que aceptara la invitación. Finalmente, Berlinguer viajó el 30 de septiembre de 1973 y se reunió con Todor Zhivkov, máximo dirigente comunista búlgaro, el 1 de octubre en una residencia próxima a Varna.

Zhivkov exigió que el Partido Comunista Italiano retirara su condena a la invasión de Checoslovaquia. Berlinguer rechazó la exigencia. La reunión terminó sin que los búlgaros consiguieran la retractación que buscaban.

La situación era especialmente delicada porque las ideas de Berlinguer habían despertado simpatías entre algunos dirigentes comunistas de Europa oriental. Turone señala que Zhivkov sospechaba de Boris Velchev, segundo dirigente del Partido Comunista Búlgaro, y conocía la amistad de Berlinguer con Konstantin Tellalov, responsable de relaciones exteriores del mismo partido.

Por tanto, el enfrentamiento no consistía únicamente en una discrepancia entre dirigentes de distintos países. Zhivkov temía que la orientación independiente de Berlinguer pudiera influir dentro de la propia dirección comunista búlgara.

El 3 de octubre: la ruptura con Zhivkov y la intervención de los servicios secretos

El segundo encuentro se celebró el 3 de octubre de 1973 en Sofía, en la Casa del Partido. Esta vez estuvo presente un personaje que Turone considera particularmente significativo: el general Iljia Kashev, jefe del UBO, organismo de seguridad del régimen búlgaro.

Zhivkov volvió a exigir que los comunistas italianos se retractaran de sus críticas a la invasión soviética de Checoslovaquia. Berlinguer mantuvo su negativa. Según la reconstrucción recogida por Turone, el dirigente búlgaro afirmó entonces que él mismo había viajado a Praga antes de la invasión y había transmitido a Moscú información sobre las intenciones de Alexander Dubček, atribuyéndose así una intervención determinante en aquellos acontecimientos.

Después, Zhivkov introdujo el tema del golpe de Estado chileno. La discusión con Berlinguer se volvió extraordinariamente violenta y se prolongó durante aproximadamente cuarenta minutos. Finalmente, el secretario general italiano decidió interrumpir el encuentro y anunció su intención de regresar inmediatamente a Italia.

En ese momento ocurrió un hecho que adquiere especial importancia en la investigación de Turone. El general Kashev abandonó la sala y comunicó a los periodistas que esperaban en la antesala que las conversaciones habían fracasado, que el programa había cambiado y que Berlinguer partiría de inmediato hacia el aeropuerto.

El anuncio fue realizado por el jefe de los servicios secretos búlgaros. Turone destaca esta circunstancia porque el desplazamiento de Berlinguer hacia el aeropuerto se convertiría en el escenario de un gravísimo incidente.

Los detalles de aquella reunión y de la intervención de Kashev fueron reconstruidos muchos años después mediante la investigación periodística realizada en 1991 por Giovanni Fasanella y Corrado Incerti, quienes obtuvieron testimonios y documentación procedentes de los archivos del antiguo régimen búlgaro.

La cuestión geopolítica que plantea Giuliano Turone

El primer capítulo de Crimini inconfessabili desarrolla una interpretación de la Guerra Fría que permite comprender acontecimientos ocurridos en distintos continentes como parte de una misma estructura de poder internacional.

La invasión de Checoslovaquia, el golpe de Estado de Chile y las presiones contra Berlinguer muestran, en la reconstrucción del magistrado italiano, que la disputa entre las superpotencias no se limitaba a una competencia ideológica entre capitalismo y comunismo. También comprendía mecanismos de intervención destinados a preservar sus respectivas esferas de influencia.

La experiencia de Berlinguer resulta especialmente reveladora porque se trataba de un dirigente comunista occidental que se enfrentaba a Moscú y que, al mismo tiempo, condenaba la intervención estadounidense en Chile. Su posición permite examinar el conflicto desde una perspectiva distinta de la simple adhesión a uno de los dos bloques.

Para comprender la historia política de la segunda mitad del siglo XX, es necesario conocer el significado del Telón de Acero, el funcionamiento de las alianzas militares y el papel que desempeñaron los servicios de inteligencia en la confrontación internacional. Sin estos antecedentes, episodios como la Primavera de Praga, el golpe chileno y las operaciones clandestinas examinadas por Turone aparecen como acontecimientos separados, cuando el autor los estudia dentro de una misma disputa por el poder.

La pregunta central que deja planteada este primer capítulo es quién ejercía realmente la soberanía de los Estados durante la Guerra Fría: sus gobiernos e instituciones nacionales o las grandes potencias que pretendían determinar los límites de sus decisiones políticas.

Esa pregunta conduce al siguiente capítulo de Crimini inconfessabili, donde Giuliano Turone examina el presunto intento de asesinato de Enrico Berlinguer ocurrido en Bulgaria el 3 de octubre de 1973.

Realbiopolítica — La historia del poder detrás de los acontecimientos.

PSYCHOPS. La subversión ideológica de Yuri Bezmenov: la transformación de la percepción de la realidad.

PSYCHOPS. La subversión ideológica de Yuri Bezmenov: la transformación de la percepción de la realidad.

Por Iván Oré Chávez para Realbiopolítica.

La subversión ideológica constituye una modalidad de intervención política que busca transformar las convicciones, los criterios de interpretación y la capacidad de juicio de una población. Su objetivo no consiste simplemente en conseguir que las personas acepten una noticia falsa o rechacen a un gobierno determinado, sino en modificar los principios mediante los cuales distinguen lo verdadero de lo falso, lo legítimo de lo ilegítimo y lo conveniente de lo perjudicial para su propia sociedad.

El planteamiento de Yuri Bezmenov, antiguo integrante del aparato soviético de propaganda e influencia, permite comprender esta modalidad de intervención. Bezmenov sostuvo que una de las actividades más importantes de la inteligencia soviética consistía en transformar progresivamente la percepción de la realidad de las sociedades adversarias. Su propósito era conseguir que determinados sectores de la población asumieran interpretaciones políticas favorables a los intereses soviéticos y llegaran a defenderlas como convicciones propias.

La característica fundamental de este procedimiento es que la persona influida puede terminar defendiendo espontáneamente las ideas que previamente fueron introducidas en su entorno intelectual y político. No necesita recibir instrucciones directas de un agente extranjero ni conocer el origen de los mensajes que ha incorporado. La intervención alcanza su resultado cuando las nuevas convicciones comienzan a orientar sus juicios y decisiones.

 

Yuri Bezmenov y la inteligencia soviética

Periodista soviético, antiguo colaborador de la agencia Novosti y desertor que denunció actividades de propaganda, desinformación y subversión ideológica de la Unión Soviética. Yuri Bezmenov nació en la Unión Soviética en 1939. Trabajó en el aparato soviético de información y propaganda, particularmente en la agencia de prensa Novosti, y desempeñó actividades en el extranjero, entre ellas en la India. En 1970 abandonó el sistema soviético y posteriormente se estableció en Canadá, desde donde difundió sus conocimientos y denuncias sobre los métodos de influencia empleados por la Unión Soviética.

Durante sus intervenciones públicas, especialmente en la década de 1980, Bezmenov sostuvo que las operaciones de inteligencia no debían entenderse únicamente como el robo de secretos militares, la infiltración de agentes o el asesinato de adversarios políticos. Una parte fundamental de la actividad soviética, según su planteamiento, estaba orientada a intervenir sobre las ideas, los valores y las interpretaciones de la población de los países occidentales.

Esta concepción otorgaba a la subversión ideológica un alcance mucho mayor que el espionaje convencional. Un espía podía obtener información militar sobre un adversario; una campaña de subversión ideológica podía procurar que ese adversario modificara sus propias convicciones, debilitara sus instituciones y adoptara decisiones contrarias a sus intereses estratégicos.

La subversión ideológica también se distinguía de una campaña publicitaria de corta duración. No buscaba únicamente provocar una reacción inmediata, sino producir transformaciones intelectuales y políticas capaces de mantenerse durante años.

 

La modificación de la percepción de la realidad

El núcleo de la teoría de Bezmenov es la alteración de los criterios mediante los cuales las personas interpretan los acontecimientos. La percepción de la realidad no se reduce a observar hechos: también comprende atribuirles causas, identificar responsables, establecer relaciones entre acontecimientos y decidir qué consecuencias políticas deben extraerse de ellos.

Una misma crisis económica, por ejemplo, puede interpretarse como consecuencia de decisiones gubernamentales, dificultades internacionales, problemas estructurales o acciones de determinados grupos sociales. Las conclusiones que una persona obtiene dependen de los conocimientos y convicciones que utiliza para interpretar los hechos.

La subversión ideológica procura intervenir precisamente sobre esos criterios. Su finalidad es conseguir que determinadas explicaciones se conviertan en respuestas habituales, de manera que la población las reproduzca incluso cuando aparecen hechos que podrían cuestionarlas.

El resultado más profundo se produce cuando la persona deja de examinar una afirmación según sus pruebas y comienza a aceptarla o rechazarla principalmente por su correspondencia con una convicción ideológica. En ese momento, la ideología funciona como un filtro que determina anticipadamente qué acontecimientos merecen credibilidad y cuáles deben descartarse.

La subversión ideológica busca transformar no solamente lo que una persona piensa, sino la manera en que piensa y juzga la realidad.

 

La desmoralización: transformar las convicciones antes de transformar las instituciones

Uno de los conceptos fundamentales de Bezmenov es la desmoralización. El término no se refiere simplemente a producir tristeza, desaliento o falta de entusiasmo. Designa un proceso prolongado mediante el cual se modifican los valores, las convicciones y los criterios de juicio de una población.

Bezmenov sostenía que esta transformación podía requerir entre quince y veinte años, aproximadamente el tiempo necesario para que una generación completara su formación educativa e ingresara en la vida profesional. La importancia de ese plazo radicaba en que las ideas adquiridas durante la juventud podían convertirse posteriormente en los criterios habituales con los que una persona interpretaría los acontecimientos políticos.

La desmoralización no exige que desaparezcan las instituciones existentes. Las escuelas pueden continuar enseñando, los periódicos publicando y las universidades formando profesionales. Lo que se pretende modificar es el contenido de las convicciones que circulan dentro de la sociedad y la manera en que sus integrantes valoran las instituciones, su historia y sus intereses colectivos.

En este modelo, una generación formada bajo determinadas interpretaciones puede llegar a ocupar posiciones de responsabilidad política, académica o profesional y continuar reproduciendo esas convicciones. La influencia inicial deja entonces de depender de quienes la promovieron, porque encuentra continuidad en personas que consideran propias las ideas adquiridas.

 

La incapacidad de reconocer los hechos contrarios a las propias convicciones

Bezmenov describía una consecuencia especialmente importante de la desmoralización: la dificultad de algunas personas para aceptar información que contradiga las ideas profundamente incorporadas a su visión del mundo.

El problema no consiste necesariamente en desconocer determinados hechos. Una persona puede recibir documentos, cifras o testimonios y, aun así, rechazarlos porque sus conclusiones resultan incompatibles con sus convicciones ideológicas.

Por ejemplo, un individuo puede considerar que determinado sistema político representa necesariamente la justicia social. Si aparecen pruebas de corrupción, persecución política o abusos cometidos por las autoridades de ese sistema, puede interpretarlas como invenciones de sus adversarios, hechos excepcionales o consecuencias inevitables de una causa superior. La convicción ideológica deja de ser una conclusión sometida a examen y se convierte en el criterio utilizado para aceptar o descartar cualquier información.

En esa situación, la discusión política presenta una dificultad particular: los interlocutores no discrepan únicamente sobre las conclusiones, sino sobre las condiciones necesarias para reconocer un hecho como verdadero.

Bezmenov vinculaba esta transformación con la incapacidad de formular conclusiones sensatas para proteger los intereses personales, familiares y nacionales. La persona podía terminar respaldando decisiones perjudiciales para sus propios intereses porque las interpretaba mediante un sistema de convicciones previamente establecido. La culminación de la desmoralización se produce, según Bezmenov, cuando la persona ya no necesita que alguien le oculte los hechos: ella misma rechaza aquellos que contradicen su visión ideológica.

 

Las cuatro etapas de la subversión ideológica

Bezmenov organizó su modelo en cuatro etapas: desmoralización, desestabilización, crisis y normalización. No representan cuatro acontecimientos aislados, sino momentos de una transformación política que puede prolongarse durante años.

Primera etapa: desmoralización 15-20 años

La desmoralización modifica las convicciones de una generación. El objetivo es que determinados valores e interpretaciones políticas se incorporen a la formación intelectual de las personas y condicionen sus juicios posteriores.

Bezmenov consideraba que esta etapa era la más prolongada y difícil de revertir. La transformación afectaba las ideas fundamentales con las que una sociedad interpretaba su propia realidad.

Segunda etapa: desestabilización 2-5 años

La desestabilización se concentra en sectores que condicionan el funcionamiento del Estado, particularmente la economía, las relaciones exteriores y los mecanismos de defensa. Bezmenov le atribuía una duración aproximada de dos a cinco años.

Mientras la desmoralización modifica convicciones, la desestabilización busca afectar el funcionamiento de instituciones y relaciones estratégicas. Una sociedad que ya presenta profundas divisiones ideológicas puede enfrentar mayores dificultades para alcanzar acuerdos sobre decisiones económicas, políticas o de seguridad.

La diferencia entre ambas etapas es fundamental: la primera transforma los criterios de interpretación; la segunda procura alterar las condiciones materiales e institucionales sobre las que deben actuar los gobernantes.

Tercera etapa: crisis Periodo breve

La crisis representa el momento en que las tensiones acumuladas desembocan en una ruptura política o institucional. Bezmenov la concebía como una etapa relativamente breve, capaz de desarrollarse en semanas.

En esta fase, el deterioro de la autoridad y la pérdida de confianza en las instituciones pueden crear condiciones favorables para una transformación abrupta del poder. La población puede encontrarse ante alternativas políticas que anteriormente no habría considerado aceptables.

La crisis constituye el momento de mayor intensidad del proceso, porque las transformaciones ideológicas previas y los problemas institucionales acumulados convergen en decisiones políticas inmediatas.

Cuarta etapa: normalización Nuevo orden

La normalización es la consolidación del nuevo orden político. El término posee un significado particular en el modelo de Bezmenov: no implica necesariamente recuperar las condiciones anteriores a la crisis, sino establecer una nueva situación de poder y presentarla como el funcionamiento normal de la sociedad.

El gobierno o la estructura política resultante procura estabilizar las instituciones, definir nuevas reglas y conseguir que la población acepte las condiciones surgidas de la transformación.

La normalización representa, por tanto, el cierre del proceso: aquello que anteriormente habría provocado resistencia puede convertirse en una realidad institucional aceptada o impuesta.

 

La Guerra de Vietnam y las protestas universitarias estadounidenses

Uno de los ejemplos históricos que Bezmenov relacionó con la influencia soviética fue la oposición a la Guerra de Vietnam en Estados Unidos durante la década de 1960. La intervención militar estadounidense en Vietnam provocó un amplio movimiento de protesta, especialmente entre estudiantes universitarios, intelectuales y organizaciones pacifistas. Las manifestaciones se extendieron por distintas ciudades y centros educativos, mientras consignas como «Hagan el amor, no la guerra» adquirieron notoriedad internacional.

Las protestas tuvieron diversas motivaciones: oposición al reclutamiento militar, rechazo a las muertes provocadas por la guerra, cuestionamientos a la política exterior estadounidense y desacuerdos sobre la legitimidad de la intervención en Vietnam.

Bezmenov atribuyó a la inteligencia soviética una intervención importante en la promoción y aprovechamiento de esas movilizaciones. Sostenía que la KGB desarrollaba campañas de influencia destinadas a modificar la opinión pública estadounidense y favorecer posiciones contrarias a la política exterior de Washington. El razonamiento estratégico era concreto. Estados Unidos y la Unión Soviética eran potencias enfrentadas durante la Guerra Fría. Mientras Washington sostenía militarmente a Vietnam del Sur, Moscú respaldaba a Vietnam del Norte. Por tanto, el debilitamiento del apoyo estadounidense a la guerra favorecía un objetivo estratégico soviético.

La acusación de Bezmenov consistía en que la KGB procuraba aprovechar y estimular ese clima de oposición. Su afirmación sobre la intervención soviética no equivale, por sí sola, a demostrar que la totalidad del movimiento antibélico hubiera sido organizada o dirigida por Moscú. Para establecer la participación efectiva de un servicio de inteligencia en una organización concreta deben identificarse sus vínculos, recursos y actuaciones.

La importancia del caso para la teoría de la subversión ideológica reside en la posibilidad de que un Estado intente aprovechar conflictos políticos existentes dentro de una sociedad adversaria. No necesita crear todas las discrepancias: puede procurar que determinadas posiciones se fortalezcan cuando sus consecuencias favorecen sus intereses internacionales.

La subversión ideológica y el juicio político de una población

La transformación de las convicciones colectivas tiene consecuencias sobre el ejercicio de la ciudadanía. Las personas participan en elecciones, respaldan movimientos políticos, aceptan determinadas políticas públicas y rechazan otras. Para tomar esas decisiones utilizan conocimientos, experiencias, valores e interpretaciones sobre el funcionamiento de su sociedad.

Cuando una convicción ideológica adquiere carácter absoluto, puede desplazar la evaluación concreta de las decisiones políticas. Una medida puede ser aceptada porque procede del grupo considerado legítimo, aunque sus consecuencias sean perjudiciales. Otra puede ser rechazada porque proviene de un adversario, aunque sus resultados sean favorables.

Este mecanismo puede expresarse en la atribución permanente de virtudes a un sector político y de defectos a otro. La identidad ideológica termina determinando anticipadamente quién merece confianza, quién debe ser rechazado y qué información resulta aceptable.

La consecuencia es que la discusión pública deja de concentrarse exclusivamente en los hechos y sus resultados. Los ciudadanos pueden terminar defendiendo posiciones incompatibles con sus propios intereses porque consideran que abandonarlas equivaldría a renunciar a su identidad política.

Bezmenov situaba precisamente allí el resultado más profundo de la subversión ideológica: una sociedad puede perder capacidad de juicio estratégico cuando sus integrantes interpretan los acontecimientos mediante convicciones que ya no están dispuestos a examinar.

 

La diferencia entre espionaje y subversión ideológica

El espionaje convencional y la subversión ideológica tienen objetivos diferentes. El primero procura obtener información que el adversario desea mantener reservada. La segunda pretende modificar las convicciones y decisiones de la sociedad adversaria.

Un agente puede conseguir documentos militares secretos sin modificar las ideas de ninguna persona. Por el contrario, una campaña de subversión ideológica puede perseguir cambios profundos en la orientación política de una población sin necesidad de robar un solo documento reservado.

La diferencia también aparece en sus resultados. El éxito del espionaje se manifiesta cuando la información obtenida permite tomar decisiones estratégicas. El éxito de la subversión ideológica, en el modelo de Bezmenov, se produce cuando una población comienza a interpretar su realidad y actuar políticamente de una manera favorable a los intereses de quien promovió la influencia.

Por eso la subversión ideológica puede prolongarse mucho más que una operación de espionaje. Sus efectos dependen de transformaciones educativas, culturales y políticas que requieren tiempo para consolidarse.

 

Conclusión

La teoría de Yuri Bezmenov describe la subversión ideológica como una intervención prolongada sobre la percepción de la realidad y las convicciones de una población. Su modelo comprende cuatro etapas: desmoralización, desestabilización, crisis y normalización. La primera modifica los criterios de juicio; la segunda afecta las condiciones institucionales; la tercera concentra las tensiones en una ruptura política; y la cuarta procura consolidar el nuevo orden.

Su contribución central consiste en desplazar la atención desde el espionaje tradicional hacia la transformación de las ideas mediante las cuales una sociedad comprende sus intereses. En esta perspectiva, el adversario no necesita controlar directamente todas las instituciones de otro país si consigue que una parte importante de su población adopte voluntariamente interpretaciones políticas favorables a sus objetivos.

La pregunta final es inevitable: si una persona ha sido formada durante años para interpretar todos los acontecimientos mediante una determinada ideología, ¿cómo puede distinguir entre las conclusiones a las que llegó por su propio razonamiento y aquellas que aprendió a aceptar sin examinarlas? Y si una sociedad entera pierde esa capacidad de distinguir, ¿quién necesita conquistarla desde fuera cuando sus propios ciudadanos pueden terminar defendiendo decisiones contrarias a sus intereses?

miércoles, 28 de octubre de 2026

PSYCHOPS. Las operaciones de influencia: prensa, universidades, cine, literatura y movilización social

PSYCHOPS. Las operaciones de influencia: prensa, universidades, cine, literatura y movilización social


Para Real bio politica

Las operaciones de influencia constituyen una modalidad de intervención política mediante la cual un Estado, un servicio de inteligencia o una organización vinculada a intereses extranjeros procura modificar las ideas, opiniones y comportamientos de una población. A diferencia del espionaje convencional, cuyo propósito principal consiste en obtener información reservada, estas operaciones buscan intervenir sobre la manera en que las personas interpretan los acontecimientos políticos, reconocen a sus adversarios, aceptan determinadas ideologías y participan en la vida pública.

Su característica más importante es que la influencia puede ejercerse a través de instituciones civiles que aparentemente desarrollan actividades ajenas a los servicios de inteligencia. Un periódico informa sobre acontecimientos nacionales; una universidad imparte conocimientos; una editorial publica libros; un festival de cine exhibe películas; una asociación cultural organiza conferencias; y un movimiento social convoca manifestaciones. Sin embargo, esas mismas estructuras pueden convertirse en instrumentos de influencia cuando una organización política o un servicio de inteligencia consigue orientar clandestinamente sus actividades hacia objetivos previamente establecidos.

La intervención no exige que todos los integrantes de una institución conozcan la existencia de una operación. Puede bastar con influir sobre quienes deciden qué noticias se publican, qué conferencias se organizan, qué autores reciben apoyo, qué películas se promocionan o qué actividades políticas obtienen financiamiento.

 

1. La manipulación de los medios de comunicación

Los medios de comunicación ocupan una posición estratégica porque participan en la formación de la opinión pública. Los periódicos, la radio, la televisión y las plataformas digitales seleccionan los acontecimientos que presentan a sus audiencias, determinan cuánto espacio les conceden y establecen las circunstancias en que serán conocidos.

Una operación de influencia puede aprovechar esa capacidad para favorecer determinadas interpretaciones políticas. El mecanismo consiste en conseguir que los contenidos difundidos por un medio contribuyan a los intereses de quien promueve la intervención, aunque los destinatarios desconozcan esa relación.

Por ejemplo, un periódico puede publicar diariamente noticias desfavorables sobre un gobierno, destacar los conflictos económicos y políticos que lo afectan y conceder mayor espacio a sus adversarios. Al mismo tiempo, puede reducir la atención dedicada a acontecimientos que contradigan esa orientación. El efecto no depende necesariamente de inventar todos los hechos: también puede producirse mediante su selección, repetición y presentación.

La manipulación adquiere una dimensión clandestina cuando los responsables de orientar esa cobertura mantienen relaciones reservadas con un servicio de inteligencia, reciben instrucciones o aceptan recursos destinados a favorecer una posición política. En esas circunstancias, el medio conserva su apariencia de institución periodística independiente, mientras determinadas decisiones editoriales responden a intereses que sus lectores desconocen.

También puede utilizarse la figura de comentaristas, especialistas y entrevistados. Una misma interpretación política puede aparecer en distintos programas, artículos y entrevistas, presentada por personas que aparentemente intervienen de manera independiente. La coincidencia de argumentos refuerza su presencia pública, especialmente cuando los espectadores desconocen las relaciones existentes entre quienes los difunden.

El propósito consiste en intervenir sobre la imagen pública de los acontecimientos y de sus protagonistas. Un gobierno puede ser presentado como defensor de la estabilidad o como responsable de una crisis; una organización política, como representante de las aspiraciones populares o como amenaza para la sociedad. La manera de construir esas representaciones influye sobre las actitudes del público frente a los actores políticos.

 

2. Las redes sociales y la ampliación de la influencia política

Las redes sociales permiten que los mensajes políticos circulen fuera de las estructuras periodísticas tradicionales. Una publicación puede difundirse rápidamente entre personas que no siguen un periódico o una emisora determinada, mientras los usuarios participan en su reproducción mediante comentarios, recomendaciones y nuevas publicaciones.

Una operación de influencia puede utilizar estas plataformas para extender determinados mensajes, favorecer su repetición y aumentar su presencia en las conversaciones públicas. Las publicaciones pueden combinar noticias, imágenes, videos, consignas y opiniones que presenten una interpretación favorable o desfavorable de determinados acontecimientos.

El funcionamiento de estas plataformas también permite que contenidos procedentes de una misma orientación política circulen a través de cuentas y comunidades diferentes. Una persona puede encontrar argumentos semejantes en publicaciones de periodistas, organizaciones civiles, comentaristas y usuarios particulares, sin conocer necesariamente el origen de cada contenido.

La importancia de las redes sociales reside en que amplían la capacidad de circulación de los mensajes y facilitan la participación de personas que no pertenecen formalmente a ninguna organización política. De este modo, una campaña puede extenderse mediante la intervención de numerosos usuarios que comparten contenidos por afinidad ideológica, interés personal o confianza en quienes los publican.

 

3. La penetración ideológica en escuelas y universidades

Las instituciones educativas constituyen otro espacio de interés para las operaciones de influencia porque intervienen en la formación intelectual de estudiantes y futuros profesionales. En ellas se transmiten conocimientos históricos, políticos, económicos y sociales, pero también se discuten interpretaciones sobre la organización de la sociedad, las relaciones internacionales y el ejercicio del poder.

La promoción ideológica en escuelas y universidades puede desarrollarse mediante cursos, conferencias, seminarios, publicaciones, asociaciones estudiantiles y actividades académicas. Su finalidad es favorecer la difusión de determinadas concepciones políticas y conseguir que estas adquieran presencia entre estudiantes, docentes e investigadores.

Una organización interesada en promover una ideología puede apoyar conferencias sobre asuntos políticos, financiar publicaciones o favorecer la participación de determinados intelectuales en actividades universitarias. Si esa intervención responde clandestinamente a intereses de un servicio de inteligencia extranjero, la actividad académica puede convertirse en un vehículo de influencia política.

El mecanismo resulta especialmente significativo porque la universidad proporciona legitimidad intelectual a los argumentos que circulan en su interior. Una posición defendida durante una conferencia académica puede ser recibida de manera diferente de la misma posición expresada en un acto partidario. El prestigio de la institución, las credenciales de los participantes y la apariencia de discusión especializada contribuyen a la recepción de los mensajes.

La influencia también puede prolongarse fuera de las aulas. Los estudiantes que adoptan determinadas convicciones pueden incorporarse posteriormente al periodismo, la administración pública, la política, la enseñanza o las organizaciones sociales. De esta manera, las ideas promovidas durante la formación universitaria pueden continuar circulando mediante las actividades profesionales de quienes las asumieron.

El interés estratégico de las instituciones educativas no reside únicamente en influir sobre una discusión inmediata, sino en intervenir sobre los espacios donde se forman personas que posteriormente participarán en la vida pública.

 

4. La literatura y las editoriales como vehículos de influencia

La literatura permite transmitir interpretaciones políticas mediante relatos, personajes, conflictos y experiencias humanas. Una novela puede presentar a un gobierno como opresor, a un movimiento político como liberador o a una determinada organización social como responsable de las injusticias que padecen sus protagonistas.

A diferencia de un discurso partidario, la obra literaria no necesita formular sus posiciones mediante declaraciones políticas directas. Puede transmitirlas mediante el desarrollo de una historia, las experiencias de sus personajes y la representación de los conflictos sociales.

Las editoriales, revistas literarias, concursos y actividades de promoción de libros participan en la circulación de esas interpretaciones. Deciden qué obras publican, cuáles promocionan, qué autores reciben mayor atención y qué temas alcanzan visibilidad entre los lectores.

Una operación de influencia puede intentar aprovechar esas decisiones para favorecer la difusión de obras y autores próximos a una determinada orientación ideológica. El apoyo puede adoptar la forma de publicaciones, premios, invitaciones, encuentros literarios y actividades culturales.

Los certámenes de poesía también pueden desempeñar esa función. Un concurso literario reúne escritores, jurados, organizadores y públicos interesados en la creación artística. Cuando una organización política consigue orientar sus actividades, puede utilizar ese espacio para dar reconocimiento a determinadas posiciones y establecer relaciones entre personas vinculadas al ámbito cultural.

La particularidad de la influencia literaria es que las ideas políticas pueden circular asociadas al prestigio artístico y al reconocimiento intelectual. Un autor no necesita presentarse como portavoz de un gobierno para que sus obras contribuyan a difundir una determinada interpretación de la sociedad.

 

5. El cine y los festivales cinematográficos

El cine combina imágenes, diálogos, música y narraciones capaces de representar acontecimientos políticos de manera emocionalmente intensa. Una película puede construir la imagen de un héroe, presentar a un enemigo, representar una revolución o explicar un conflicto histórico desde la perspectiva de sus protagonistas.

Por esa capacidad, la producción y circulación cinematográfica pueden convertirse en espacios de influencia. Una organización interesada en promover determinada ideología puede apoyar películas que presenten favorablemente sus posiciones, facilitar su exhibición o favorecer su reconocimiento en festivales.

Los certámenes cinematográficos desempeñan una función particular porque reúnen productores, directores, críticos, periodistas y espectadores. Además de exhibir películas, conceden premios, organizan debates y proporcionan visibilidad a determinadas obras.

El reconocimiento obtenido por una película puede contribuir a que su interpretación política alcance públicos más amplios. Una obra premiada puede circular posteriormente por universidades, centros culturales, salas de cine y medios de comunicación, extendiendo su contenido más allá del festival donde fue presentada.

La influencia cinematográfica puede operar, por tanto, mediante la selección de historias, la representación de personajes y el reconocimiento público de determinadas producciones. Cuando el financiamiento o la orientación de esas actividades procede clandestinamente de estructuras políticas extranjeras, el espacio cultural puede servir a objetivos de influencia que no aparecen identificados ante el público.

 

6. Las actividades académicas y culturales como espacios de penetración

Las conferencias, congresos, seminarios, festivales, encuentros literarios y asociaciones culturales constituyen lugares de reunión entre personas que comparten intereses intelectuales o artísticos. Su importancia para una operación de influencia reside tanto en los contenidos que difunden como en las relaciones que permiten establecer.

Una organización puede utilizar esos encuentros para aproximarse a periodistas, profesores, escritores, cineastas, dirigentes estudiantiles y representantes de asociaciones civiles. La participación repetida en actividades comunes facilita el conocimiento personal y la formación de redes de colaboración.

Estas relaciones pueden extenderse a nuevas actividades. Un conferenciante puede ser invitado a participar en un programa periodístico; un escritor puede intervenir en una universidad; un director de cine puede colaborar con una asociación cultural; y un profesor puede organizar encuentros con estudiantes interesados en los mismos asuntos.

Así, las instituciones civiles pueden quedar conectadas mediante personas que participan simultáneamente en distintos espacios. Una orientación política promovida inicialmente en una actividad cultural puede circular después por medios periodísticos, publicaciones académicas y organizaciones sociales.

La penetración institucional consiste precisamente en aprovechar esas relaciones para extender una influencia más allá de la organización que la origina. El interés no se limita a una conferencia, un libro o una película aislada, sino a la posibilidad de que sus participantes continúen difundiendo determinadas ideas en otros ámbitos.

 

7. El apoyo clandestino a protestas y movilizaciones sociales

Las protestas callejeras constituyen otra modalidad de intervención sobre la vida política. Una manifestación reúne personas que expresan demandas, rechazan decisiones gubernamentales o solicitan cambios en las autoridades. Las huelgas, concentraciones y movilizaciones pueden producir consecuencias económicas y políticas cuando afectan actividades importantes o reúnen a numerosos participantes.

Un servicio de inteligencia extranjero puede intentar aprovechar ese escenario para favorecer objetivos propios. Su intervención puede consistir en proporcionar recursos, apoyar a determinados organizadores o estimular movilizaciones contra un gobierno que considera contrario a los intereses del Estado al que pertenece.

El apoyo clandestino puede contribuir a sostener actividades que requieren organización y recursos materiales. Las movilizaciones prolongadas necesitan capacidad de convocatoria, comunicación entre participantes y continuidad de las actividades. Una organización que recibe respaldo externo puede disponer de mayores recursos para mantener su presencia pública.

La intervención también puede buscar que una protesta local adquiera consecuencias políticas más amplias. Una movilización inicialmente relacionada con una decisión económica puede transformarse en una confrontación entre organizaciones sociales y autoridades gubernamentales. Cuando un actor extranjero interviene clandestinamente para favorecer esa confrontación, utiliza una actividad política interna como instrumento de presión exterior.

Las operaciones de influencia pueden perseguir diferentes resultados mediante las protestas: debilitar la autoridad de un gobierno, aumentar sus dificultades económicas, favorecer a determinadas organizaciones opositoras o crear condiciones políticas favorables a los intereses de otro Estado.

La organización de movilizaciones constituye, en este sentido, un espacio donde pueden coincidir actores sociales nacionales y organizaciones extranjeras con objetivos distintos. Los manifestantes pueden participar por reivindicaciones concretas, mientras quienes proporcionan apoyo clandestino pueden perseguir finalidades políticas adicionales.

 

8. Cuba y las estructuras de influencia en Hispanoamérica

Dos instituciones de comunicación vinculadas al sistema político cubano, relevantes para examinar la circulación internacional de sus posiciones.

Cuba constituye un caso especialmente relevante para examinar la relación entre servicios de inteligencia, comunicación política y actividades culturales en Hispanoamérica. Durante la Guerra Fría, el gobierno cubano desarrolló vínculos con la Unión Soviética y recibió apoyo económico, militar y político del bloque socialista.

La colaboración con los servicios de seguridad de Alemania Oriental, particularmente la Stasi, forma parte de ese contexto. La Stasi desarrolló actividades de vigilancia, contrainteligencia y penetración de organizaciones consideradas adversarias del régimen socialista. Su experiencia en el control de redes humanas y en las operaciones de inteligencia convirtió a Alemania Oriental en un aliado importante de los aparatos de seguridad cubanos.

En el ámbito de la comunicación, Cuba contó con instituciones como Prensa Latina y Granma. Prensa Latina, fundada en 1959, permitió desarrollar una estructura de información con proyección internacional. Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, desempeñó una función central en la comunicación de las posiciones del gobierno y del partido.

Las publicaciones de estas instituciones podían circular fuera de Cuba y ser reproducidas, comentadas o utilizadas por organizaciones políticas afines. Su importancia residía en que permitían difundir interpretaciones de los acontecimientos internacionales desde la perspectiva del gobierno cubano.

Las universidades, los periódicos, las redes sociales, los certámenes de poesía y los festivales de cine latinoamericanos también aparecen como espacios de interés para la influencia política cubana. El planteamiento atribuye a los servicios de inteligencia de Cuba una participación en actividades de propaganda y adoctrinamiento mediante esas instituciones y encuentros culturales. La existencia de una vinculación clandestina concreta, sin embargo, debe establecerse para cada institución o actividad, pues la afinidad ideológica por sí sola no identifica quién la financia o dirige.

 

De la insurgencia armada a las campañas políticas

Durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, Cuba mantuvo relaciones con organizaciones revolucionarias latinoamericanas y participó en actividades de apoyo a movimientos insurgentes. La Unión Soviética proporcionaba importantes recursos al gobierno cubano, mientras La Habana desarrollaba sus propias relaciones políticas y militares en la región.

Entre las organizaciones revolucionarias latinoamericanas de ese periodo se encontraban las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador y el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua. Sus trayectorias y vínculos internacionales fueron diferentes, pero formaron parte del escenario de confrontación política y militar de la Guerra Fría. Sendero Luminoso, en el Perú, también actuó durante ese periodo, aunque su orientación maoísta y su relación con otras corrientes comunistas exigen distinguirlo de las organizaciones alineadas con Cuba.

La desaparición de la Unión Soviética en 1991 redujo considerablemente los recursos económicos disponibles para Cuba. Este cambio modificó las condiciones en que el gobierno cubano podía sostener sus relaciones internacionales y sus actividades políticas en Hispanoamérica.

Una interpretación de esa transformación sostiene que, ante la disminución del apoyo soviético y el posterior fortalecimiento de las relaciones con Venezuela, las estructuras cubanas otorgaron mayor importancia a las campañas políticas, la propaganda, la desinformación y las actividades de influencia.

El aspecto central de esta interpretación es el desplazamiento desde formas de confrontación apoyadas en organizaciones armadas hacia procedimientos que pueden desarrollarse mediante instituciones civiles. La prensa, las asociaciones culturales, los espacios académicos y las organizaciones políticas adquieren importancia porque permiten sostener relaciones internacionales y difundir posiciones ideológicas sin recurrir necesariamente a una estructura guerrillera.

 

9. La influencia política a través de instituciones civiles

Las distintas modalidades examinadas muestran que una operación de influencia puede extenderse por instituciones que cumplen funciones sociales diferentes. Los medios de comunicación difunden información; las universidades forman profesionales; las editoriales publican obras; los festivales cinematográficos promueven producciones artísticas; y las organizaciones sociales participan en la vida política.

La posibilidad de intervención surge cuando actores vinculados a intereses políticos externos consiguen orientar actividades de esas instituciones mediante relaciones reservadas, financiamiento, instrucciones o colaboración clandestina.

El mecanismo puede producir efectos acumulativos. Una interpretación política difundida inicialmente por un medio de comunicación puede ser discutida después en una universidad, incorporarse a una publicación cultural y convertirse finalmente en argumento utilizado por una organización social. Cada institución aporta un espacio de circulación distinto y permite que el contenido llegue a públicos diferentes.

En estas circunstancias, la influencia no depende exclusivamente de la presencia visible de agentes de inteligencia. Puede continuar mediante personas e instituciones civiles que participan en la reproducción de determinadas ideas, incluso cuando desconocen el origen de algunos recursos o mensajes que reciben.

La cuestión decisiva es identificar quién promueve una actividad, quién proporciona sus recursos, quién determina sus objetivos y qué relaciones existen entre los participantes y las organizaciones que los respaldan. Estas circunstancias permiten examinar si una iniciativa responde a decisiones autónomas de sus integrantes o forma parte de una intervención política organizada desde el exterior.

 

Conclusión

Las operaciones de influencia permiten que los intereses de un Estado se proyecten sobre la sociedad de otro país mediante instituciones que no pertenecen formalmente a sus servicios de inteligencia. Los medios de comunicación pueden intervenir sobre la interpretación de los acontecimientos; las universidades, sobre la formación intelectual; la literatura y el cine, sobre las representaciones culturales; y las organizaciones sociales, sobre la participación política y la movilización ciudadana.

Su particularidad reside en que las actividades pueden conservar una apariencia periodística, académica, artística o social mientras determinadas decisiones responden a intereses políticos que no se hacen públicos.

Si usted observa que determinados periódicos, universidades, asociaciones culturales, festivales cinematográficos y organizaciones políticas comienzan a promover simultáneamente las mismas posiciones, pregúntese quiénes financian sus actividades, qué relaciones mantienen sus dirigentes y qué intereses se benefician de esa coincidencia. Porque una influencia política organizada no siempre aparece bajo el nombre de un gobierno extranjero: también puede circular mediante instituciones civiles cuyos verdaderos vínculos y patrocinadores permanecen fuera del conocimiento público.

 

EL TELÓN DE ACERO: CUANDO ESTADOS UNIDOS Y LA UNIÓN SOVIÉTICA DECIDÍAN EL DESTINO DE OTROS PAÍSES. Historia, poder y operaciones clandestinas

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