EUROPA ANTES DE LA MASONERÍA LUCIFERANA: LOS MAESTROS MASONES CRISTIANOS
Mucho antes de que la escuadra y el compás se convirtieran en símbolos de la masonería moderna, eran instrumentos de trabajo de los maestros masones que construyeron las grandes catedrales de la Europa cristiana. Estos hombres no eran simples albañiles: diseñaban edificios, dirigían las obras y manejaban conocimientos prácticos de geometría, proporciones y construcción transmitidos dentro del oficio.
Un
hallazgo realizado en la catedral de Santa María y San Julián de Cuenca
permite observar directamente ese mundo. Durante unas obras efectuadas hacia
2009-2010 aparecieron en el cimborrio dibujos que habían permanecido ocultos
detrás de antiguas estructuras de madera. Entre ellos se encontraron pruebas
de geometría, un círculo trazado con compás y el dibujo de la cabecera de una
iglesia con girola y deambulatorio.
UN PLANO DE HACE OCHO SIGLOS
El dibujo
resultó especialmente extraño porque la catedral de Cuenca no tuvo girola hasta
el siglo XV. Al compararlo con otras plantas medievales se encontró una notable
correspondencia con la girola de la catedral de Burgos.
Existe
además una conexión histórica entre ambos templos. Mateo Reinal fue obispo
de Cuenca y posteriormente de Burgos. Mientras el maestro responsable de la
segunda fase de construcción de Cuenca, a comienzos del siglo XIII, permanece
sin identificar documentalmente, en Burgos aparece el maestro Enrique.
Los
investigadores plantean por ello que Enrique pudo haber trabajado anteriormente
en Cuenca y que el dibujo conservado en el cimborrio estuviera relacionado con
soluciones arquitectónicas posteriormente empleadas en Burgos. La atribución
continúa siendo una hipótesis, pero el dibujo proporciona algo igualmente
importante: una posible huella del procedimiento de diseño de un maestro
constructor medieval.
El hallazgo de las pruebas geométricas y del círculo realizado con compás refuerza esta interpretación. No se trataba simplemente de levantar piedras. La construcción de una catedral exigía concebir formas, calcular proporciones y trasladar la geometría a la obra.
EL CONOCIMIENTO DE LOS MAESTROS MASONES
La
práctica está documentada en otras construcciones medievales. Los maestros
masones realizaban numerosos diseños durante la propia obra. Como el pergamino
era costoso y la piedra estaba disponible, utilizaban losas y paredes para
desarrollar dibujos arquitectónicos. También existían superficies de yeso
destinadas a realizar trazados a tamaño natural de ventanas, arcos y nervaduras
de bóvedas.
El Museum
of the History of Science de Oxford explica que el maestro masón medieval
reunía varias funciones: era artesano, diseñador y director del proceso
constructivo. Sus diseños podían transformarse después en plantillas
utilizadas por los canteros para tallar las piezas que formarían el edificio.
Lo
fundamental es que aquellos constructores concebían este trabajo como geometría.
Era una geometría práctica y constructiva realizada principalmente mediante regla
y compás.
Una
investigación publicada en The Design Journal en 2019 mostró cómo las
plantas de las catedrales podían generarse mediante procedimientos
relativamente sencillos basados en cuadrados, diagonales, rectángulos y otras
proporciones. No necesitaban disponer de la matemática moderna para producir
estructuras extraordinariamente complejas: dominaban procedimientos geométricos
desarrollados y transmitidos dentro del oficio.
La
secuencia podía ser muy concreta:
geometría
→ dibujo → plantilla → talla de la piedra → ensamblaje → catedral.
ANTES DEL SÍMBOLO ESTABA LA HERRAMIENTA
Este
hecho permite entender el origen de algunos de los símbolos que siglos después
utilizaría la masonería especulativa. El compás no nació como símbolo
masónico: era una herramienta del maestro masón. Lo mismo ocurría con la
escuadra y la regla.
El compás
permitía construir círculos y arcos, trasladar distancias y establecer
proporciones. La escuadra servía para obtener y comprobar ángulos. Estas
herramientas pertenecían materialmente al oficio mucho antes de recibir
interpretaciones filosóficas o rituales.
También
el término masón tenía entonces un significado profesional. Designaba al
trabajador especializado de la piedra y, en el caso del maestro, a un hombre
capaz de participar en el diseño y dirección de grandes construcciones.
Aquellos
maestros trabajaban además dentro de una civilización cristiana. Las
catedrales eran encargadas por obispos y cabildos y estaban organizadas
alrededor del culto: altar, coro, capillas, reliquias, procesiones e
iconografía. En Cuenca, la propia construcción de la catedral comenzó después
de la conquista cristiana de la ciudad en 1177, sobre un espacio donde
las investigaciones arqueológicas han localizado restos de la antigua Mezquita
Mayor.
Los
antiguos documentos del oficio, conocidos como Old Charges (Antiguos
Deberes), permiten seguir todavía más atrás esa identidad de los masones
operativos y estudiar sus referencias a Dios, la moral, el oficio, los maestros
y los aprendices. Es allí donde puede reconstruirse documentalmente la cultura
de estas organizaciones antes de su transformación posterior.
Siglos
después comenzaron a incorporarse a las logias hombres que ya no trabajaban
necesariamente la piedra. Las herramientas del constructor fueron entonces
adquiriendo significados simbólicos y la antigua masonería operativa terminó
dando paso a la masonería especulativa.
Pero el orden histórico resulta fundamental: la geometría, el compás, la escuadra y el propio nombre de masón existían antes de la masonería moderna
.El
hallazgo de Cuenca conserva una pequeña ventana hacia ese mundo anterior: un
maestro podía utilizar una pared para desarrollar geometría y un compás para
pensar una catedral.
DE LA MASONERÍA OPERATIVA A LA MASONERÍA LUCIFERINA
Siglos después comenzó una transformación decisiva. A las antiguas
organizaciones de constructores fueron incorporándose hombres que ya no eran canteros ni maestros de obras,
dando paso progresivamente a la masonería
especulativa o simbólica.
Esta nueva masonería conservó y reinterpretó elementos
fundamentales del antiguo oficio: la
escuadra, el compás, la geometría, los grados de maestro y aprendiz y la propia
logia. Lo que originalmente había sido herramienta, conocimiento y
organización del trabajo pasó a convertirse en lenguaje simbólico y ritual.
Sobre esta transformación se desarrollaron posteriormente corrientes esotéricas, ocultistas y luciferinas
dentro de la masonería moderna, mientras el masón operativo
desaparecía progresivamente como núcleo de la organización. Permanecieron su
nombre, sus herramientas y parte de su lenguaje, pero ya dentro de una
institución sustancialmente distinta.
El grafiti de Cuenca nos devuelve al mundo anterior: geometría trazada sobre los muros, compases
utilizados para construir y maestros dedicados a levantar los templos de la
Europa cristiana.
Antes de que el compás fuera
un símbolo, fue una herramienta. Antes de la masonería simbólica estuvo la masonería
operativa. Y antes de las corrientes luciferinas estuvieron los maestros
masones cristianos que levantaron las catedrales de Europa.