martes, 6 de octubre de 2026

Pacatnamú A: maquinaria pesada destruye estratigrafía y entierros prehispánicos junto al valle de Jequetepeque.

Pacatnamú A: maquinaria pesada destruye estratigrafía y entierros prehispánicos junto al valle de Jequetepeque.

El sitio arqueológico Pacatnamú A, ubicado en el distrito de Guadalupe, provincia de Pacasmayo, departamento de La Libertad, conserva evidencias prehispánicas sobre una terraza marina próxima al océano Pacífico y al valle de Jequetepeque. En abril de 2026 se constató que una parte del sitio había sido excavada, removida y nivelada con maquinaria pesada, dejando huellas sobre el terreno y grandes acumulaciones del material removido hacia el oeste. Las excavaciones clandestinas alcanzaron aproximadamente 2.010 metros cuadrados y provocaron la destrucción de estratigrafía arqueológica y la alteración de contextos prehispánicos. 

La situación es especialmente grave porque los movimientos de tierra no afectaron únicamente restos arquitectónicos o fragmentos de cerámica. En el área existen entierros prehispánicos, algunos de los cuales vienen siendo destruidos o descontextualizados por las excavaciones, remoción y nivelación del terreno. A ello se suman la erosión, los fuertes vientos y las lluvias eventuales, que aceleran la pérdida del material arqueológico que ha quedado expuesto después de la remoción de la tierra.


Una terraza arqueológica frente al mar.

Pacatnamú A fue construido sobre una terraza marina situada aproximadamente a 20 metros sobre el nivel del mar. El paisaje donde se asentó fue formado por sucesivas deposiciones aluviales, levantamientos tectónicos y antiguos procesos de transgresión y regresión marina. La superficie presenta terrenos relativamente planos atravesados por quebradas aluviales, formadas por las lluvias esporádicas asociadas a los episodios de El Niño.

Su posición tiene además una característica particular. Hacia el sur existe un barranco que colinda con el margen norte del valle de Jequetepeque y hacia el oeste otro barranco desciende en dirección a la playa. Esta morfología proporcionaba al lugar una defensa natural que dificultaba el acceso. Pacatnamú A se encuentra así en un espacio singular entre el valle, la terraza desértica y el litoral.

De Chavín y Cupisnique al llamado “Proto Chimú”.

La importancia de Pacatnamú A no comienza con los problemas actuales. El lugar forma parte de una larga historia de investigaciones sobre Pacatnamú. En 1926 y 1930, Alfred L. Kroeber estudió materiales arqueológicos de la zona que denominó “Proto Chimú” y elaboró mapas parciales. Posteriormente también se reportó la presencia en superficie de cerámica de estilos Chavín y Cupisnique, recogida en trabajos vinculados a Julio C. Tello y posteriormente citada por otras investigaciones.

Esto es importante porque muestra una profundidad temporal que no debe reducirse a una sola cultura. La presencia superficial de cerámica Chavín y Cupisnique constituye evidencia de ocupaciones o actividades antiguas reportadas en el lugar, aunque por sí sola no permite atribuir toda la arquitectura actualmente visible a Chavín o Cupisnique. En Pacatnamú A todavía se observan fragmentos de cerámica dispersos por el terreno, muchos de ellos expuestos como consecuencia de los huaqueos.


Dos mil metros cuadrados afectados.

La zona directamente afectada por las excavaciones clandestinas se encuentra hacia el suroeste de Pacatnamú A y comprende aproximadamente 2.010 m². Allí quedaron registradas las huellas de maquinaria pesada, la excavación y nivelación del terreno y la acumulación de tierra removida. La consecuencia más grave es la destrucción de la estratigrafía arqueológica: al remover mecánicamente las capas del suelo se pierde la posición original de los objetos, restos arquitectónicos, entierros y demás evidencias que permiten reconstruir arqueológicamente la historia del lugar. 

Los 2.010 m² no representan la extensión total de Pacatnamú A. El polígono establecido para su protección comprende 10.752,16 m², equivalentes a 1,0752 hectáreas, con un perímetro de 1.385,71 metros. Por tanto, la superficie afectada registrada equivale aproximadamente al 18,7 % de este polígono de protección, sin que ello signifique que ese porcentaje corresponda a la totalidad del gran complejo arqueológico de Pacatnamú. 


La expansión agrícola sobre el sitio arqueológico.

Las excavaciones y nivelaciones están vinculadas a otro problema claramente identificado en Pacatnamú A: la expansión agrícola. En el interior del área arqueológica aparecieron sembríos, y entre las medidas adoptadas se encuentra precisamente el cese y retiro de esos cultivos. La presión sobre el sitio no procede únicamente de la agricultura. El lugar se encuentra además en una zona de tránsito frecuente de personas y próxima a espacios de crecimiento urbano, aumentando las posibilidades de nuevas ocupaciones y remociones del terreno.

La combinación resulta especialmente destructiva: primero se excava y nivela con maquinaria pesada; al hacerlo se rompen las capas arqueológicas y se descontextualizan entierros; posteriormente, los materiales que quedaron expuestos sufren la acción de los fuertes vientos, la erosión y las lluvias. Lo que permanece enterrado durante siglos puede perder en poco tiempo buena parte de la información arqueológica que conservaba.


Pacatnamú A conserva, por tanto, algo mucho más antiguo que las estructuras que todavía pueden observarse sobre la superficie. Bajo la tierra permanecen capas arqueológicas, cerámica y entierros prehispánicos capaces de registrar distintas etapas de ocupación de esta parte del litoral de La Libertad. Precisamente esas capas son las que una excavadora puede destruir de manera irreversible: 2.010 metros cuadrados ya muestran los efectos de excavaciones clandestinas, maquinaria pesada, nivelación del terreno y expansión agrícola.

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