viernes, 21 de agosto de 2026

Massomafia: el agujero negro de la masonería italiana

Massomafia: el agujero negro de la masonería italiana

Una carta publicada el 8 de agosto de 2026 por Libero Muratore abre una ventana particularmente incómoda sobre la masonería italiana. El documento, atribuido a la cúpula de la denominada Massoneria Legalitaria, reclama ayuda de la sociedad civil para combatir lo que denomina directamente «massomafia»: la relación entre determinados ambientes masónicos y las organizaciones mafiosas del sur de Italia.


El texto aparece tras las revelaciones relacionadas con la investigación Matrix de la Dirección Distrital Antimafia (DDA) de Reggio Calabria, que, según la publicación, habría sacado a la luz conversaciones entre un «maestro» del Gran Oriente de Italia y Fortunato Marino, así como referencias a una eventual afiliación de personas relacionadas con ambientes de la ’Ndrangheta.

Pero la carta va bastante más lejos. No denuncia simplemente casos individuales. Plantea un problema estructural dentro del sistema masónico italiano.

1. La «massomafia»

La primera revelación significativa está en el propio vocabulario empleado: «massomafia».

No estamos ante una expresión utilizada únicamente por investigadores, periodistas o adversarios de la masonería. La carta la emplea para describir un fenómeno que considera arraigado especialmente en Calabria y Sicilia.

Su autor habla incluso de la necesidad de:

«cortar los vínculos históricos y culturales que tenemos en el Sur con las camarillas criminales».

La afirmación es extraordinariamente grave. La cuestión planteada deja de ser la existencia ocasional de un mafioso que pertenece simultáneamente a una logia. Lo denunciado es una contigüidad entre determinados ambientes masónicos y estructuras criminales, suficientemente persistente como para reclamar una reforma interna y la intervención de la sociedad civil.

2. Un ordenamiento paralelo dentro del Estado

El segundo elemento merece tanta atención como el primero.

La carta describe al Gran Oriente de Italia (GOI) como una organización dotada de su propio ordenamiento disciplinario, fiscales internos —los denominados «Oradores»—, tribunales y un Tribunal Central de la Orden situado en Roma.

El propio autor llega a comparar funcionalmente estas instituciones con las del Estado: presenta al Gran Orador como una especie de fiscal nacional y al Tribunal Central como una suerte de «Tribunal de Casación» masónico.

Según la descripción ofrecida, estos órganos determinan qué comportamientos constituyen «culpa masónica», procesan a los afiliados y pueden finalmente provocar su expulsión.

El punto político resulta evidente: dentro de la sociedad civil funciona una organización cerrada que posee reglas, procedimientos disciplinarios, autoridades y tribunales propios, acompañados además —siempre según la carta— por deberes de solidaridad, ayuda y secreto entre sus integrantes.

El mismo autor reconoce que semejante descripción puede producir la impresión de encontrarnos ante una «sociedad separada» dentro del contexto civil de un Estado democrático.

3. El agujero negro: la asociación mafiosa

Aquí aparece la acusación más explosiva.

Según la carta, la asociación mafiosa no estaría específicamente contemplada como «culpa masónica» dentro del ordenamiento de la organización.

El razonamiento expuesto es sencillo: para expulsar disciplinariamente a un afiliado debe existir un procedimiento masónico; para iniciar ese procedimiento debe existir una infracción masónica susceptible de persecución interna. Si determinadas conductas mafiosas no están específicamente incorporadas como tales, se produciría un vacío dentro del propio sistema disciplinario.

El autor formula entonces la pregunta inevitable: ¿por qué delitos de semejante gravedad no habrían sido expresamente incorporados durante décadas?

Y ofrece su propia respuesta:

«porque claramente hay una contigüidad, en determinados ambientes y en determinados contextos territoriales, que no lo permite».

No estamos, por tanto, ante una acusación formulada desde fuera. El documento sostiene que existiría un problema institucional interno que habría sobrevivido durante décadas, incluso después del escándalo de la logia P2.

La propuesta de la llamada Massoneria Legalitaria es precisamente introducir expresamente la asociación mafiosa y el concurso externo como infracciones masónicas autónomas capaces de producir la expulsión.

4. Matrix: del discurso a los nombres

El cuarto punto conduce hacia el terreno judicial.

La publicación relaciona esta carta con documentos procedentes de la investigación Matrix de la DDA de Reggio Calabria. Según Libero Muratore, esos documentos contendrían diálogos entre un «maestro» del Gran Oriente de Italia y Fortunato Marino, además de referencias a una posible incorporación a la masonería de personas vinculadas al entorno de un clan de la ’Ndrangheta.

Aquí está la pista que debe seguirse.

Porque una cosa son las afirmaciones de una carta y otra los documentos producidos dentro de una investigación antimafia. Si las actuaciones de Matrix confirman contactos, intermediaciones o intentos de penetración de estructuras masónicas por personas vinculadas a organizaciones criminales, la cuestión deja de pertenecer únicamente al terreno de las denuncias internas.

Por eso resulta necesario reconstruir quiénes aparecen en Matrix, a qué logias pertenecían, qué conversaciones fueron interceptadas, qué pretendían obtener las organizaciones criminales y qué respuesta dieron las autoridades masónicas.

La pregunta que queda abierta

Durante décadas Italia ha investigado las conexiones entre mafia, política, negocios y masonería. La carta publicada ahora introduce una cuestión adicional: si una organización posee mecanismos disciplinarios propios tan desarrollados, ¿por qué la asociación mafiosa y el concurso externo necesitarían recién ahora ser incorporados expresamente como «culpas masónicas»?

La propia carta proporciona una respuesta inquietante: existirían sectores donde la proximidad entre ambos mundos habría impedido hacerlo.

Eso es precisamente lo que debe investigarse.

No basta con preguntarse cuántos mafiosos pudieron ingresar en las logias. La pregunta más profunda es qué utilidad podía ofrecer una red masónica a una organización criminal: contactos, información, intermediación, acceso institucional, negocios, protección o influencia.

La palabra utilizada por los propios denunciantes resume el problema: «massomafia».

Ahora corresponde abrir esa caja y seguir los nombres.

https://liberomuratore.com/2026/08/08/lettera-al-direttore-dal-vertice-di-massoneria-legalitaria-lappello-alla-societa-civile-calabrese-aiutateci-a-sconfiggere-la-massomafia/ 

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