EL GRAN MAESTRE JUDEO-MASÓN PIERRE SIMON: EL ABORTO COMO GUERRA CONTRA EL CRISTIANISMO Y LA CONDICIÓN HUMANA. LOS MASONES DE MOLOC.
En 1979,
el médico francés Pierre Simon, ginecólogo-obstetra y antiguo Gran
Maestre de la Grande Loge de France, publicó De la vie avant toute chose,
unas memorias que permiten reconstruir desde una fuente de primera mano la
filosofía que acompañó su militancia por la contracepción y la liberalización
del aborto. Simon no presenta estas cuestiones como simples reformas sanitarias.
Las sitúa dentro de una transformación mucho mayor: modificar la moral, la
sexualidad, la familia y, finalmente, el concepto mismo de vida.
Simon
había sido formado entre dos mundos. Su madre tenía una profunda fe judía y su
padre era un ateo convencido. Él mismo resume esa herencia como «judaïsme et
rationalisme, tradition et libre pensée», es decir, «judaísmo y
racionalismo, tradición y libre pensamiento». Aunque se apartó tempranamente de
la religión, reconoció expresamente el papel civilizatorio del judaísmo y el
cristianismo: ambos habrían implantado en Occidente una «morale codifiée,
fondée sur la tradition», una «moral codificada, fundada en la tradición».
Su
incorporación a la masonería aparece precisamente en ese contexto. Simon
escribe: «Mon entrée en maçonnerie sera, un jour, une façon d’en assumer
l’héritage»: «Mi entrada en la masonería será, un día, una manera de asumir
esa herencia». En otro pasaje explica que, siendo ginecólogo, poseía una
disciplina científica y que «la franc-maçonnerie ajouta chez moi la
conscience»: «la francmasonería añadió en mí la conciencia». Ciencia,
filosofía, política y masonería quedaron así integradas en la interpretación
que él mismo hace de su trayectoria.
LA GINECOLOGÍA COMO «ARMA» PARA CAMBIAR LA VIDA
Simon
comprendió muy pronto que las nuevas tecnologías reproductivas podían tener
consecuencias que desbordaban la medicina. El desarrollo de la endocrinología y
de las hormonas sexuales, escribe, tendría una «portée morale, sociale et
politique évidente», un «alcance moral, social y político evidente». Por
eso consideró que «Le meilleur des leviers [...] c’était [...] la
gynécologie»: «la mejor de las palancas [...] era la ginecología».
No
utilizaba casualmente la palabra «palanca». Simon concebía la ginecología como
un instrumento de transformación. La especialidad se encontraba, según sus
propias palabras, entre la práctica clínica y una investigación biológica capaz
de «interférer avec l’ordre naturel», «interferir con el orden natural».
Su aspiración era incluso «se substituer à la nature là où elle était
défaillante», «sustituir a la naturaleza allí donde esta era deficiente».
La
formulación más reveladora aparece inmediatamente después:
«La
gynécologie acquérait la dimension d’une arme pour le grand combat de la
connaissance. Elle allait étendre l’empire de l’homme, changer la vie, et
refuser de considérer comme définitive l’actuelle condition humaine.»
«La
ginecología adquiría la dimensión de un arma para el gran combate del
conocimiento. Iba a extender el dominio del hombre, cambiar la vida y rechazar
que la actual condición humana fuese considerada definitiva».
La
cuestión reproductiva adquiere así una dimensión antropológica. Simon no quería
solamente curar enfermedades o reducir riesgos obstétricos. Consideraba que el
conocimiento científico permitía intervenir sobre dimensiones de la existencia
que durante milenios habían sido consideradas naturales, religiosas o
moralmente indisponibles. La condición humana existente dejaba de constituir
un límite definitivo.
Esta
concepción alcanzaba también al cuerpo. «Le corps n’est pas un objet : c’est
un objet social», escribe: «El cuerpo no es un objeto: es un objeto
social». Medicina y sociedad debían dejar de funcionar como compartimentos
separados. «Cuerpo y sociedad están acoplados», afirma, hasta concluir que ya
no se trataría solamente a un enfermo, sino al ser humano dentro de su contexto
social e incluso a «una humanidad». Las consecuencias de aquella nueva medicina
serían, según él, sociológicas, políticas y filosóficas.
EL CRISTIANISMO Y EL «CAMPO DE BATALLA»
El
enfrentamiento con la concepción cristiana aparece con particular claridad
cuando Simon relata sus primeras luchas dentro de la obstetricia francesa.
Rechaza la interpretación religiosa del dolor del parto asociada al mandato
bíblico «Tu enfanteras dans la douleur», «parirás con dolor», y
considera que naturaleza, sumisión y ley habían terminado formando un mismo
discurso.
Cambiar
las condiciones del parto era para él algo más que introducir una nueva técnica
médica:
«Changer
les pratiques de la médecine et, pour commencer, les conditions de
l’accouchement, c’était déjà, un peu, changer le monde.»
«Cambiar
las prácticas de la medicina y, para comenzar, las condiciones del parto, era
ya, un poco, cambiar el mundo».
Simon
vuelve entonces a utilizar un vocabulario de guerra. La ginecología y la
obstetricia eran «champs de bataille où se joue le sort des guerres»,
«campos de batalla donde se decide la suerte de las guerras». Y el núcleo del
enfrentamiento aparece cuando describe a los médicos conservadores contra los
que combatía. Según Simon, estos partían de un principio fundamental:
«Toute
vie, disaient-ils, procédait de Dieu.»
«Toda
vida, decían ellos, procedía de Dios».
La
consecuencia que extrae resulta todavía más explícita:
«On ne
pouvait donc changer la vie sans menacer leur empire, ni se dresser contre eux
sans faire la guerre au Ciel.»
«No se
podía, por tanto, cambiar la vida sin amenazar su imperio, ni levantarse contra
ellos sin hacer la guerra al Cielo».
Simon
sabe perfectamente cuál es la dimensión filosófica del conflicto. Modificar
técnicamente la reproducción significa enfrentarse con una concepción en la
cual la vida procede de Dios y el hombre no dispone ilimitadamente de ella. Por
eso escribe: «C’étaient de tels hommes qu’il fallut combattre», «A
hombres como esos hubo que combatir».
¿De qué
manera? Su respuesta tampoco es ambigua: había que asociar lo médico, lo
social y lo filosófico. Y de esa combinación, escribe, se desprendía:
«une
révision du concept de vie.»
«una
revisión del concepto de vida».
Ese es
uno de los ejes fundamentales de De la vie avant toute chose. El
conflicto no termina en una determinada legislación sobre anticonceptivos o
aborto. Lo que está en discusión es quién define la vida, bajo qué
principios y hasta dónde puede intervenir el hombre sobre ella.
DE LA CONTRACEPCIÓN A LA «BATALLA POR EL ABORTO»
Simon
relata además que la transformación debía realizarse gradualmente. En la
Francia de los años cincuenta, la legislación de 1920 asociaba la propaganda
contraceptiva con la represión del aborto. Simon comprendió que defender ambas
cuestiones simultáneamente podía hacer fracasar la campaña contraceptiva. Su
explicación retrospectiva es especialmente importante:
«pas
question d’abandonner l’avortement à son triste sort, mais il faut procéder par
étapes.»
«No se
trataba de abandonar el aborto a su triste suerte, pero había que proceder
por etapas».
La
contracepción debía separarse tácticamente del aborto. Simon describe la formación
de médicos, las reuniones informativas y las dificultades derivadas de una
legislación que todavía rechazaba esas prácticas. Una vez modificadas las
condiciones culturales y políticas, el aborto reaparecería como el siguiente
frente.
Él mismo
utiliza entonces la expresión «la bataille pour l’avortement», «la
batalla por el aborto», y afirma que ellos mismos determinaron de manera
precisa el comienzo de la campaña por la liberalización de la legislación y
fundaron la Association nationale pour l’étude de l’avortement. La
terminología militar empleada anteriormente para la ginecología termina
aplicándose directamente al aborto.
La
Iglesia aparece nuevamente en ese proceso. Simon considera que el aborto
proporcionaría «la prochaine confrontation avec l’Église», «la próxima
confrontación con la Iglesia». No estamos, por tanto, atribuyéndole
retrospectivamente una confrontación religiosa: es el propio Simon quien la
identifica y quien denomina «batalla» al proceso político posterior.
La Ley
Veil, que legalizó el aborto bajo determinadas condiciones en Francia en 1975,
constituye para Simon la culminación política de aquel período. Al recordar la
enorme controversia producida alrededor de la ley, escribe:
«La
polémique autour de la loi Veil, qu’on ne s’y trompe pas, c’est le choc de deux
mondes.»
«La
polémica alrededor de la ley Veil, no nos equivoquemos, es el choque de dos
mundos».
DE «DON DE DIOS» A «MATERIAL QUE SE GESTIONA»
La
verdadera dimensión de ese «choque de dos mundos» aparece cuando Simon proyecta
hacia el futuro las consecuencias de contracepción, aborto, reproducción
artificial y genética. La sociedad contraceptiva, anuncia, será completamente
diferente de la existente. La transformación no afectará solamente a
determinadas prácticas sexuales: cambiará la relación del hombre con la vida.
Y
entonces escribe una de las frases centrales de todo el libro:
«À
changer notre attitude et notre comportement devant la vie — n’y voyant plus un
don de Dieu mais un matériau qui se gère —, c’est l’avenir tout entier que nous
faisons basculer.»
«Al
cambiar nuestra actitud y nuestro comportamiento ante la vida —dejando de verla
como un don de Dios para verla como un material que se gestiona—, hacemos
bascular todo el futuro».
La
oposición difícilmente podría ser más nítida. En las primeras páginas de su
trayectoria Simon había identificado el viejo principio: «toda vida procede
de Dios». Ahora formula el horizonte de la transformación: la vida deja
de ser un «don de Dios» y se convierte en un «material que se gestiona».
Simon es
consciente de la magnitud histórica de lo que está describiendo. «Des
millénaires s’achèvent en notre temps», afirma: «Milenios terminan en
nuestro tiempo». Y denomina al proceso «une révolution du comportement»,
«una revolución del comportamiento».
La
separación tecnológica entre sexualidad y reproducción ocupa un lugar
fundamental. Con la píldora, explica, puede existir vida sexual sin
procreación; mediante la inseminación artificial, puede producirse procreación
sin acto sexual. Las dos realidades que habían permanecido biológicamente
unidas quedan técnicamente separadas.
También
describe una transferencia histórica del poder sobre la procreación:
«de Dieu
au prêtre, du prêtre au prince, du législateur au couple, du couple à la femme
seule.»
«de Dios
al sacerdote, del sacerdote al príncipe, del legislador a la pareja, de la
pareja a la mujer sola».
El aborto
forma parte, por tanto, de una transformación mucho mayor. Para Simon,
contracepción, aborto, reproducción asistida y genética son capítulos de un
mismo cambio histórico: el desplazamiento de la reproducción desde un orden
natural y religioso hacia un ámbito sometido crecientemente a la decisión
humana y a la tecnología.
Por eso
sus memorias permiten entender con precisión qué significaba para este Gran
Maestre masón la «batalla por el aborto». No era solamente conseguir que una
práctica dejara de estar penalizada. Simon la insertó en un combate intelectual
contra una determinada concepción religiosa de la vida, dentro de una
transformación deliberada de la moral y de los fundamentos de la sociedad.
Sus propias palabras son más que reveladoras:
masonería como componente de su conciencia; ginecología como «palanca» y
«arma»; obstetricia como «campo de batalla»; enfrentamiento con quienes
sostenían que «toda vida procede de Dios»; necesidad de «revisar el concepto de
vida»; avance «por etapas»; «batalla por el aborto»; Ley Veil como «choque de
dos mundos» y, finalmente, sustitución de la vida como «don de Dios» por la
vida como «material que se gestiona».
Ese era, según
el propio Pierre Simon, un cambio que afectaba no solamente a una ley. Afectaba
a la concepción misma de la condición humana.
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