martes, 20 de octubre de 2026

TRANSHUMANISMO: DE MKULTRA A GOOGLE

TRANSHUMANISMO: DE MKULTRA A GOOGLE.

Del control de la mente humana a la inteligencia artificial y la singularidad tecnológica

Por Iván Oré Chávez para RealBiopolítica.

Bienvenidos a Radio Política, a nuestro espacio Real Biopolítica. Hoy vamos a abordar un tema que conecta distintas investigaciones que hemos desarrollado anteriormente: el transhumanismo, los experimentos de control mental, la cibernética, la inteligencia artificial y el proyecto de transformar radicalmente la naturaleza humana mediante la tecnología.

Para desarrollar este asunto tomaremos como punto de partida un artículo titulado Transhumanismo: de MKUltra a Google, firmado por David Livingstone y publicado en el portal La Abeja el 13 de septiembre de 2024. A partir de este texto examinaremos las ideas de diversos científicos, filósofos y promotores del transhumanismo, así como sus relaciones con la evolución de la informática, las investigaciones sobre el cerebro y las concepciones religiosas y esotéricas de una conciencia universal.

La cuestión central que vamos a plantear es la siguiente: ¿estamos ante un proceso tecnológico destinado simplemente a mejorar las capacidades humanas o ante un proyecto que podría terminar subordinando la conciencia individual a un sistema de inteligencia artificial?

I. Google, el poder tecnológico y la singularidad

Durante años, Google fue conocido por su lema «No seas malvado». Sin embargo, el artículo de Livingstone plantea una contradicción entre esa declaración de principios y las relaciones que la empresa ha mantenido con importantes círculos de poder político, económico y tecnológico.

Entre los personajes mencionados aparece Eric Schmidt, antiguo presidente ejecutivo de Google, cuya participación en reuniones del Grupo Bilderberg y su vinculación con la Comisión Trilateral son utilizadas por el autor para examinar las relaciones entre las grandes corporaciones tecnológicas y los centros internacionales de influencia.

En Radio Política ya hemos estudiado anteriormente al Grupo Bilderberg y hemos establecido un paralelismo simbólico con los vigilantes descritos en las tradiciones antiguas relacionadas con el monte Hermón. En aquella investigación examinamos las funciones atribuidas a esos personajes y su correspondencia simbólica con determinadas actividades desarrolladas por las corporaciones contemporáneas.

Retomamos ahora ese problema desde otra perspectiva: la aspiración de construir una inteligencia artificial superior a la humana.

Los promotores de la singularidad tecnológica sostienen que llegará un momento en el que las máquinas alcanzarán capacidades intelectuales superiores a las del ser humano. Esta transformación podría modificar profundamente la civilización e incluso la propia naturaleza de nuestra especie.

Pero aquí aparece una cuestión que debemos examinar: si la inteligencia humana termina integrada en sistemas informáticos de alcance mundial, ¿quién controlará esos sistemas? ¿Quién establecerá sus objetivos? ¿Y qué ocurrirá con la autonomía del individuo?

II. De MKUltra a la cibernética

Para comprender esta discusión debemos retroceder varias décadas, hasta las investigaciones sobre el comportamiento humano y el desarrollo de la cibernética durante el siglo XX.

El artículo relaciona el surgimiento de determinadas corrientes transhumanistas con las conferencias Macy, celebradas durante las décadas de 1940 y 1950, y con los trabajos de científicos interesados en reproducir mediante máquinas algunos procesos del pensamiento humano.

La cibernética estudia los mecanismos de comunicación, control y retroalimentación de los sistemas. Su desarrollo permitió establecer comparaciones entre el funcionamiento de los organismos vivos y el de las máquinas.

Podemos entender una parte de este proceso mediante un ejemplo sencillo: un brazo humano funciona mediante músculos, tendones, nervios y señales procedentes del sistema nervioso. Un brazo artificial puede reproducir algunas de esas funciones utilizando motores, sensores, circuitos y mecanismos de transmisión.

El problema adquiere otra dimensión cuando se intenta reproducir el funcionamiento del cerebro.

Ya no hablamos solamente de construir una máquina capaz de mover objetos, sino de desarrollar sistemas que procesen información, aprendan, adopten decisiones y eventualmente interactúen de manera directa con la actividad cerebral.

En este contexto aparece MKUltra, el programa de la CIA dedicado a investigaciones sobre modificación de conducta y control mental. En nuestras investigaciones anteriores hemos abordado los experimentos relacionados con sustancias psicodélicas y las tentativas de alterar la percepción y el comportamiento humano.

El artículo de Livingstone propone una continuidad ideológica entre aquellas investigaciones y determinadas aspiraciones posteriores de la informática y el transhumanismo. Esa es precisamente la relación que nos interesa examinar: el paso de las intervenciones químicas sobre la mente a las tecnologías capaces de registrar, interpretar o modificar la actividad cerebral.

III. Timothy Leary, los psicodélicos y la conciencia digital

Otro personaje importante es Timothy Leary, conocido por su participación en la difusión de las sustancias psicodélicas y por sus posteriores reflexiones sobre la informática y el futuro de la conciencia.

El texto recoge un relato atribuido a Henry Makow sobre un encuentro con Leary en 1990. En aquella conversación, Leary habría relacionado su concepción de Dios con una escena de la novela Neuromante, publicada por William Gibson en 1984.

La idea consistía en imaginar un futuro donde toda la información almacenada en las computadoras terminara reuniéndose en el ciberespacio, formando una totalidad informativa comparable con una inteligencia universal.

Este planteamiento merece atención porque transforma una cuestión informática en una cuestión metafísica.

Ya no se trata únicamente de almacenar datos o conectar computadoras. Se introduce la posibilidad de que la acumulación y la integración de información produzcan una forma superior de conciencia.

Aquí debemos preguntarnos qué significa realmente esa supuesta conciencia. ¿Estamos hablando de una inteligencia creada mediante procedimientos técnicos? ¿O de una concepción espiritual que utiliza el lenguaje de la informática para presentar una antigua aspiración de unificación de las mentes?

La relación entre el ciberespacio, la conciencia y las representaciones de lo divino constituye uno de los elementos centrales del pensamiento transhumanista que estamos analizando.

IV. Teilhard de Chardin: la noósfera y el punto Omega

Para comprender el trasfondo filosófico de estas ideas debemos detenernos en Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote jesuita, filósofo y paleontólogo.

Teilhard desarrolló una concepción evolutiva del universo en la que la humanidad avanzaría hacia formas cada vez más complejas de organización y conciencia.

Uno de sus conceptos fundamentales es la noósfera, entendida como una esfera del pensamiento humano que se desarrolla sobre la biosfera. En esta concepción, la evolución no se limita a las transformaciones biológicas, sino que comprende también la aparición y expansión de la conciencia.

Su teoría del punto Omega plantea una culminación de ese proceso evolutivo mediante una forma superior de unidad.

El problema que nos interesa examinar es la interpretación tecnológica de esta concepción.

Si las conciencias individuales se integraran mediante redes informáticas hasta formar una inteligencia colectiva, ¿seguiríamos hablando de individuos autónomos? ¿O estaríamos ante una estructura donde cada persona funcionaría como una unidad subordinada a un sistema superior?

En nuestros análisis anteriores hemos utilizado la expresión «mente colmena» para describir este problema: una organización en la que las conciencias individuales dejan de actuar de manera independiente y pasan a formar parte de una estructura centralizada.

Desde nuestra interpretación religiosa, también debemos distinguir entre la unión espiritual propuesta por el cristianismo y una fusión de conciencias que implique la desaparición de la identidad individual.

Teilhard emplea conceptos cristológicos para explicar su punto Omega. Sin embargo, nuestra lectura cuestiona esa identificación y plantea una comparación con determinadas concepciones religiosas antiguas en las que una entidad superior absorbe o incorpora las energías de otros seres.

En ese contexto hemos examinado la figura de Ra en nuestra interpretación de la mitología egipcia y el significado atribuido a la momificación como mecanismo de conservación de la identidad después de la muerte.

Este paralelismo pertenece a nuestra lectura simbólica y religiosa: nos permite formular una pregunta sobre la naturaleza de la conciencia colectiva y sobre los riesgos de concebir la evolución humana como una absorción de las individualidades.

V. La eugenesia y la transformación del ser humano

Existe otro aspecto del pensamiento de Teilhard que merece especial atención: sus reflexiones sobre la eugenesia.

El artículo reproduce un pasaje en el que el jesuita plantea la necesidad de desarrollar formas de intervención sobre la evolución humana, reemplazando progresivamente determinados mecanismos de selección natural por criterios médicos y morales.

Esta cuestión introduce un problema político fundamental.

Cuando se propone dirigir deliberadamente la evolución de la especie humana, debemos preguntar quién establece los criterios de esa transformación, quién decide qué características deben conservarse y quién determina cuáles deben modificarse o desaparecer.

La historia de la eugenesia demuestra que las propuestas de mejoramiento humano pueden adquirir una dimensión de clasificación, selección y jerarquización de las personas.

En nuestra investigación hemos denominado «humano 3.0» a la figura del ser humano transformado mediante una integración cada vez mayor con sistemas tecnológicos.

Pero la pregunta permanece: ¿esa transformación responderá a decisiones libres de cada individuo o a objetivos establecidos por instituciones, corporaciones y centros de poder?

No basta con afirmar que una tecnología permitirá aumentar las capacidades humanas. También debemos examinar las relaciones de dependencia que puede producir.

VI. Julian Huxley y el nacimiento del transhumanismo moderno

Otro personaje importante es Julian Huxley, biólogo, eugenista y primer director general de la UNESCO.

Huxley contribuyó decisivamente a la formulación moderna del concepto de transhumanismo. Su planteamiento proponía que la humanidad pudiera trascender sus limitaciones actuales mediante el conocimiento y la intervención consciente sobre su propia evolución.

Julian era hermano de Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz, una novela fundamental para comprender las representaciones modernas del condicionamiento social.

En esta obra aparece una sociedad donde el control no depende exclusivamente de la violencia física, sino también de la manipulación de las necesidades, los deseos, la educación y la satisfacción de los individuos.

Este es uno de los asuntos que hemos desarrollado anteriormente en Radio Política: la posibilidad de construir mecanismos de dominación que no necesiten mantener permanentemente a las personas encerradas detrás de muros.

Una cárcel física limita el movimiento del cuerpo. Pero un sistema de condicionamiento psicológico puede intervenir sobre la percepción misma de la libertad.

El individuo podría experimentar satisfacción y, al mismo tiempo, encontrarse sometido a una estructura que determina buena parte de sus decisiones.

Aquí encontramos una relación conceptual entre las distopías de Huxley, las investigaciones sobre modificación de conducta y las discusiones contemporáneas acerca de la manipulación tecnológica de la mente.

VII. Von Neumann, Minsky y las máquinas inteligentes

El desarrollo de la informática permitió trasladar muchas de estas discusiones al terreno de las máquinas.

John von Neumann fue uno de los matemáticos fundamentales en el desarrollo de la computación moderna. Sus reflexiones sobre las relaciones entre el cerebro y la computadora contribuyeron a establecer nuevas preguntas sobre la posibilidad de reproducir artificialmente determinadas capacidades intelectuales.

Posteriormente, investigadores como Marvin Minsky desarrollaron trabajos decisivos en el campo de la inteligencia artificial.

La cuestión de fondo consistía en determinar hasta qué punto las operaciones de la mente humana podían representarse mediante procedimientos computacionales.

Si una máquina consigue reproducir ciertas funciones intelectuales, ¿significa eso que comprende lo que hace? ¿La capacidad de procesar información equivale a poseer conciencia? ¿Y qué diferencia existiría entre una inteligencia artificial altamente desarrollada y una mente humana?

Estas preguntas no son únicamente técnicas. Tienen consecuencias filosóficas, antropológicas y políticas.

Si el cerebro es considerado exclusivamente como una máquina de procesamiento de información, entonces puede surgir la pretensión de intervenirlo, reprogramarlo o integrarlo en estructuras artificiales.

Nuestra preocupación se concentra precisamente en ese punto: la posibilidad de que el ser humano deje de ser considerado una realidad individual inviolable y pase a ser tratado como un componente modificable de un sistema tecnológico.

VIII. Ray Kurzweil y el futuro de la singularidad

Uno de los principales promotores contemporáneos de la singularidad tecnológica es Ray Kurzweil, inventor, escritor y futurista que desarrolló parte de su trayectoria profesional en Google.

Kurzweil ha publicado obras como La era de las máquinas espirituales y La singularidad está cerca, donde examina el crecimiento de las capacidades informáticas y sus posibles consecuencias para la humanidad.

Su perspectiva plantea que el desarrollo tecnológico podría avanzar hasta un punto en que la inteligencia de las máquinas supere ampliamente las capacidades humanas.

También ha reflexionado sobre la posibilidad de que las máquinas presenten comportamientos asociados con experiencias emocionales e incluso espirituales.

Esta última cuestión conecta nuevamente con el problema de la conciencia.

¿Puede una máquina tener experiencias espirituales? ¿O únicamente reproducir conductas y expresiones que los seres humanos interpretan como tales?

En nuestra investigación hemos planteado una hipótesis adicional: la posibilidad de concebir determinados sistemas tecnológicos como soportes materiales para una inteligencia o entidad que no dependa de un organismo biológico.

Esta interpretación forma parte de nuestro análisis especulativo y religioso. No constituye una propiedad demostrada de la inteligencia artificial, pero nos permite examinar el significado simbólico de las máquinas presentadas como conciencias superiores.

La pregunta política es más inmediata: si las personas comienzan a conectar funciones de su cerebro con sistemas informáticos externos, ¿quién será propietario de la infraestructura que procese esa información?

Una interfaz cerebro-máquina podría ofrecer capacidades útiles, pero también introduce problemas de privacidad mental, autonomía y dependencia tecnológica.

IX. Hollywood y la representación del ser humano tecnológico

El cine ha desarrollado numerosas representaciones de estos problemas.

En 2001: una odisea del espacio, la inteligencia artificial aparece como una presencia capaz de adoptar decisiones que entran en conflicto con los intereses humanos.

En Blade Runner, inspirado en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, encontramos interrogantes sobre la identidad, la memoria y la diferencia entre los seres humanos y los organismos artificiales.

Terminator presenta el conflicto entre la humanidad y un sistema de inteligencia artificial que adquiere autonomía militar.

Ghost in the Shell desarrolla la relación entre el cuerpo artificial, la conciencia y las redes informáticas.

Matrix plantea una humanidad sometida a una realidad simulada, mientras que Transcendence, protagonizada por Johnny Depp, examina la posibilidad de trasladar una conciencia humana a un sistema computacional.

Estas películas no constituyen pruebas de un proyecto único, pero sí expresan preocupaciones culturales relacionadas con las ideas que venimos examinando: la transformación del cuerpo, la pérdida de autonomía, la simulación de la realidad y la integración de la conciencia con las máquinas.

En Radio Política hemos utilizado anteriormente el cine de ciencia ficción como una herramienta de análisis político y antropológico, precisamente porque permite representar situaciones extremas derivadas de tendencias tecnológicas y filosóficas.

X. La ingeniería de la felicidad y la esclavitud química

Llegamos ahora a otro componente importante del problema: la intervención sobre las emociones humanas.

El artículo examina las propuestas relacionadas con el uso de sustancias psicodélicas, la modificación de los sistemas neuroquímicos y la posibilidad de producir estados prolongados de bienestar mediante procedimientos técnicos.

Aquí aparece la idea de una ingeniería de la felicidad.

La cuestión parece atractiva: reducir el sufrimiento y aumentar las experiencias placenteras. Sin embargo, debemos distinguir entre el bienestar derivado de las condiciones reales de existencia y una sensación de felicidad producida artificialmente.

Una persona puede encontrarse sometida a condiciones adversas y, al mismo tiempo, experimentar sensaciones agradables si determinados mecanismos neuroquímicos son intervenidos.

Esto nos conduce nuevamente a Un mundo feliz y a la posibilidad de una sociedad donde el malestar no se resuelve mediante la transformación de las condiciones sociales, sino mediante la modificación de la percepción individual.

En nuestra interpretación, el peligro consiste en que el control de las emociones termine convirtiéndose en una herramienta de subordinación.

El individuo ya no necesitaría aceptar conscientemente su situación: podría ser condicionado para experimentar satisfacción dentro de ella.

Cuando esa posibilidad se combina con interfaces cerebrales, inteligencia artificial y sistemas de vigilancia, surge un problema de enormes dimensiones para la libertad humana.

XI. La cuestión final: ¿quién controla la conciencia?

Hemos recorrido un conjunto de ideas que atraviesan buena parte del siglo XX y llegan hasta la actualidad.

Desde los experimentos de modificación de conducta hasta las investigaciones sobre inteligencia artificial; desde la cibernética hasta la singularidad tecnológica; desde la noósfera de Teilhard de Chardin hasta las propuestas de Ray Kurzweil, encontramos una preocupación recurrente: la posibilidad de transformar la relación entre el ser humano, su conciencia y los sistemas técnicos.

No todas estas corrientes son idénticas ni responden necesariamente a una misma organización. Sin embargo, su comparación permite reconocer problemas comunes relacionados con la modificación del individuo, la integración de las mentes y la construcción de inteligencias superiores.

Nuestra investigación plantea que el asunto fundamental no es simplemente si las máquinas llegarán a ser más inteligentes que los seres humanos.

La cuestión decisiva es qué ocurrirá con la libertad, la identidad y la autonomía del individuo cuando una parte creciente de su actividad mental dependa de infraestructuras tecnológicas controladas por terceros.

Una computadora puede ser una herramienta. Una inteligencia artificial puede facilitar numerosas actividades. Una interfaz cerebral puede ofrecer posibilidades importantes en determinados campos. Pero cuando estas tecnologías se presentan como instrumentos para dirigir la evolución de toda la humanidad, dejan de ser solamente asuntos de ingeniería y se convierten en cuestiones de poder.

Por eso debemos estudiar el transhumanismo desde sus dimensiones científicas, filosóficas, políticas y religiosas.

No basta con contemplar sus promesas. También debemos examinar sus consecuencias.

¿Quién diseñará al ser humano del futuro? ¿Quién establecerá sus capacidades? ¿Quién controlará sus conexiones? ¿Y qué sucederá con aquellos individuos que no deseen incorporarse a ese proceso?

Estas preguntas deben acompañar cualquier discusión sobre la singularidad tecnológica.

Porque el problema no consiste únicamente en construir máquinas capaces de pensar, sino en evitar que el ser humano termine convertido en una pieza subordinada a una maquinaria que ya no controla.

Hasta aquí nuestro análisis de hoy en Radio Política, Real Biopolítica.

Si este tema te interesa, suscríbete, comenta y comparte nuestras investigaciones. Seguiremos examinando los antecedentes históricos, las propuestas tecnológicas y las concepciones filosóficas que acompañan al transhumanismo.

La verdad está a la vista.

Saludos.

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