martes, 8 de septiembre de 2026

AZAEL Y EL ORIGEN DE LA COSMÉTICA: UN «LÁPIZ LABIAL» DE 4.000 AÑOS EMERGE EN JIROFT

AZAEL Y EL ORIGEN DE LA COSMÉTICA: UN «LÁPIZ LABIAL» DE 4.000 AÑOS EMERGE EN JIROFT

«Azael [...] fue el primero en enseñarles a fabricar espadas, escudos y toda clase de instrumentos bélicos; también los metales de la tierra y el oro —cómo trabajarlos y hacer con ellos adornos para las mujeres— y la plata. Les enseñó también a hacer brillantes los ojos, a embellecerse, las piedras preciosas y los tintes.»
Libro de Henoc, 8:1


 

Hace aproximadamente cuatro mil años, en el sureste de lo que hoy es Irán, alguien preparó un cosmético rojo cuya composición resulta sorprendentemente familiar. Trituró hematita hasta conseguir una intensa coloración roja, incorporó otros minerales para modificar la tonalidad, añadió cuarzo y mezcló el preparado con ceras vegetales y otras sustancias orgánicas. Finalmente, aquella preparación fue guardada en un pequeño y elaborado recipiente de piedra.

El objeto procede de Jiroft, en la provincia iraní de Kerman. Los resultados fueron publicados en 2024 en Scientific Reports, bajo un título bastante explícito: A Bronze Age lip-paint from southeastern IranUna pintura labial de la Edad del Bronce del sureste de Irán—. Los investigadores concluyeron que el preparado es compatible con una sustancia destinada a colorear los labios y que se trata, probablemente, de la pintura labial más antigua identificada analíticamente hasta ahora.

El hallazgo resulta particularmente sugestivo cuando se coloca junto a una tradición escrita del antiguo Oriente. El Libro de Henoc atribuye a Azael, uno de los ángeles caídos, la transmisión a los seres humanos de una serie de conocimientos entre los que aparecen conjuntamente la fabricación de armas, el trabajo de los metales, el oro y la plata, los adornos para las mujeres, las piedras preciosas, los tintes y las técnicas para embellecerse.

La arqueología de Jiroft nos permite ahora observar materialmente una parte de ese antiguo mundo tecnológico: minerales, metalurgia, piedras trabajadas, pigmentos, sustancias vegetales, cosméticos, ornamentación y lujo aparecen relacionados dentro de una sociedad de la Edad del Bronce.

JIROFT: EL MUNDO MATERIAL DE LOS METALES, LAS PIEDRAS Y LOS TINTES

La civilización de Jiroft se desarrolló en la cuenca del Halil Rud, una región extraordinariamente rica en recursos minerales. Allí existen grandes afloramientos de clorita, además de mármol, esquistos, dioritas, granodioritas, granitos, andesitas y otros materiales. Los autores del estudio señalan que la diversidad de minerales de la meseta iraní pudo favorecer precisamente la complejidad de las antiguas recetas cosméticas.

Esto es importante porque los cosméticos de la Edad del Bronce no surgieron como una actividad separada del resto del desarrollo tecnológico. El propio estudio los sitúa dentro de una rama de innovación relacionada con la metalurgia antigua y la química orgánica. El conocimiento que permitía transformar minerales también podía utilizarse para transformar la apariencia humana.

Jiroft salió espectacularmente a la luz en 2001, cuando una inundación del río Halil afectó cementerios del III milenio a. C. y dejó expuestas numerosas tumbas. Comenzó entonces un saqueo masivo en el que miles de objetos desaparecieron hacia el mercado de antigüedades. Las autoridades iraníes recuperaron posteriormente numerosos artefactos de piedra y cobre, algunos de los cuales terminaron en el Museo Arqueológico de Jiroft.

Entre ellos estaba el recipiente cosmético. La destrucción de los cementerios impide conocer su tumba exacta y, por tanto, tampoco sabemos quién lo utilizó. Sin embargo, su estilo permite vincularlo con la tradición material de Jiroft.

Los investigadores consideran además probable que esta civilización estuviera relacionada con la antigua Marḫaši, llamada Paraḫšum en acadio, una poderosa entidad oriental mencionada en textos cuneiformes mesopotámicos. Documentos de la III Dinastía de Ur, durante el siglo XXI a. C., muestran a Marḫaši relacionándose activamente con las potencias de Mesopotamia.

Tenemos así un escenario muy distinto al de una sociedad elemental que simplemente utilizaba tierras de colores: estamos ante un mundo de ciudades, especialistas, minerales, metalurgia, comercio, jerarquías y producción de objetos de prestigio.

Y es precisamente ese tipo de asociación el que llama la atención al regresar a Henoc. Azael no enseña aisladamente a «maquillarse». El texto reúne en una misma transmisión los metales de la tierra, el oro, la plata, los adornos, las piedras preciosas y los tintes.

LA TECNOLOGÍA DEL EMBELLECIMIENTO

El recipiente de Jiroft fue fabricado con esquisto de clorita verdosa y decorado mediante finas incisiones. Su forma parece imitar un segmento de caña de pantano, un recipiente corriente en diversas sociedades protourbanas de Asia Central y del antiguo Próximo Oriente. Pero aquí una forma originalmente barata fue reproducida en una piedra de mayor valor.

Incluso el envase parece haber formado parte del lenguaje del lujo. Los investigadores plantean que determinados cosméticos pudieron venderse en recipientes reconocibles por su forma, estableciendo una asociación entre producto, recipiente y estatus.

Dentro apareció un fino polvo púrpura oscuro. Los análisis revelaron que más del 80 % de la muestra estaba constituida por minerales destinados a producir un rojo intenso.

El componente principal era hematita. Su trituración hasta determinados tamaños de partícula permite obtener la característica coloración roja. A ella se añadieron braunita y manganita, minerales oscuros capaces de modificar la tonalidad.

También había cuarzo triturado. Pudo servir para modificar la consistencia de la pasta, pero los investigadores plantean además que podría haber producido un efecto de brillo o centelleo. Es decir, no se buscaba solamente pintar: posiblemente también se manipulaba la manera en que la luz incidía sobre el cosmético.

El análisis mediante HPLC-MS —cromatografía líquida de alta resolución acoplada a espectrometría de masas— identificó además ceras vegetales, derivados de fosfolípidos y otros componentes orgánicos. Aparecieron igualmente fibras vegetales que quizá proporcionaban sustancias aromáticas.

El resultado era una preparación compleja:

mineral rojo + modificadores oscuros + cuarzo + ceras vegetales + sustancias orgánicas + posible brillo + posibles aromas.

Los autores destacan que la combinación del pigmento rojo intenso con las sustancias cerosas es plenamente compatible con las formulaciones de los lápices labiales contemporáneos.

Esto convierte el hallazgo en algo mucho más importante que un pigmento prehistórico. Estamos ante una verdadera tecnología del embellecimiento: había que reconocer minerales, seleccionarlos, triturarlos hasta determinadas granulometrías, combinar colores, incorporar sustancias vegetales y producir una preparación con determinadas propiedades físicas.

Otra observación resulta especialmente interesante. Los cosméticos iranios utilizados sobre la piel y los ojos empleaban frecuentemente compuestos de plomo. El preparado de Jiroft, en cambio, contiene cantidades mínimas. Los autores plantean la posibilidad de que sus fabricantes conocieran empíricamente los riesgos de introducir plomo directamente en la boca. No está demostrado, pero la diferencia tecnológica existe.

Incluso apareció brochantita, un compuesto de cobre que podría proceder de la corrosión microscópica de un aplicador de cobre utilizado con el cosmético.

La forma del frasco también resulta compatible con esa práctica: podía sostenerse en una mano junto con un espejo de cobre o bronce, mientras la otra quedaba libre para utilizar un pincel o aplicador. Siglos después, el Papiro de Turín 55001, del siglo XII a. C., muestra precisamente a una mujer prostituta manipulando un instrumento junto a los labios mientras sostiene un espejo y un pequeño recipiente cosmético.

Volvemos entonces al texto de Henoc: «hacer brillantes los ojos», «embellecerse», «las piedras preciosas y los tintes». Lo que la arqueología permite comprobar es que el embellecimiento antiguo podía requerir realmente un conocimiento especializado de piedras, minerales, colores, sustancias orgánicas e instrumentos.

UN CONOCIMIENTO DE HACE CUATRO MIL AÑOS

El cosmético pudo fecharse directamente gracias a sus componentes orgánicos. La datación calibrada proporcionó un intervalo de 1936 a 1687 a. C., con un 95 % de probabilidad. Según los investigadores, es la primera datación radiocarbónica obtenida directamente de un cosmético de la Edad del Bronce del antiguo Próximo Oriente.

Y Jiroft no fue el comienzo de esta tradición. En Shahdad, otro importante asentamiento iranio, se conocen preparados cosméticos todavía anteriores. En términos generales, entre aproximadamente 3500 y 1800 a. C. aparecen cosméticos complejos en Egipto, Anatolia, Irán, Mesopotamia y Asia Central.

Por eso el estudio de Jiroft obliga a mirar la cosmética antigua de otra manera. No era un conocimiento trivial. Formaba parte del proceso mediante el cual las sociedades aprendieron a dominar las propiedades de la materia: qué mineral producía determinado color, cómo cambiarlo mediante trituración, cómo oscurecerlo, cómo darle consistencia, cómo combinar sustancias minerales y vegetales y cómo aplicarlas sobre el cuerpo.

La misma especialización aparece en la metalurgia: reconocimiento de minerales, trituración, transformación, mezcla y control de las propiedades de la materia. De ahí que los investigadores sitúen la cosmética dentro del amplio desarrollo tecnológico que acompañó a la metalurgia y a la química antigua.

Y esto nos devuelve directamente a Azael.

Henoc coloca precisamente esos conocimientos dentro de una misma enseñanza: armas, metales, oro, plata, adornos, piedras, tintes y embellecimiento. No presenta una lista completamente inconexa. Vista desde la arqueología de la Edad del Bronce, aparece un complejo tecnológico reconocible.

Además, esos conocimientos transformaban algo más que la materia. Los arqueólogos encuentran recipientes cosméticos depositados frecuentemente en tumbas de sociedades urbanas y jerarquizadas. El estudio de Jiroft sostiene que las tecnologías cosméticas especializadas desempeñaron una función en la construcción de la identidad de las élites: mediante pigmentos, adornos y modificaciones corporales se construía una determinada imagen pública.

El embellecimiento se convertía así en tecnología social.

Y esto vuelve a resultar significativo frente al relato henóquico, porque la enseñanza de Azael tampoco se presenta como una simple colección de trucos técnicos. La transmisión de esos conocimientos cambia las costumbres humanas. El dominio sobre los metales permite producir armas y adornos; el conocimiento de piedras y pigmentos permite modificar artificialmente la apariencia; nuevas tecnologías producen nuevas formas de poder, distinción y comportamiento.

Por eso Jiroft resulta tan importante para leer este pasaje. La arqueología documenta materialmente la enorme antigüedad y sofisticación de una tecnología cosmética basada precisamente en minerales, piedras, pigmentos y sustancias procesadas. El Libro de Henoc conserva, por su parte, una tradición que atribuye a Azael la enseñanza a la humanidad de los metales, los adornos, las piedras, los tintes y el embellecimiento.

Una fuente nos muestra cómo era ese conocimiento. La otra nos transmite una antigua explicación acerca de quién lo enseñó y qué significó su llegada a la humanidad.

El pequeño frasco de Jiroft no resuelve por sí solo la cuestión del origen último de ese conocimiento. Pero hace algo históricamente muy importante: devuelve materialidad al mundo tecnológico descrito por Henoc. Aquellos tintes, minerales y técnicas de embellecimiento no pertenecían a una abstracción literaria. Eran tecnologías reales, complejas y antiquísimas, desarrolladas en las civilizaciones del antiguo Oriente.

Y ahí reside la cuestión que deja abierta Jiroft: ¿conserva la tradición de Azael una memoria remota del momento en que determinados conocimientos sobre metales, minerales, ornamentación y transformación del cuerpo alteraron profundamente a las primeras sociedades complejas?

Fuente científica: Eskandari et al., “A Bronze Age lip-paint from southeastern Iran”, Scientific Reports (2024)

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