miércoles, 21 de octubre de 2026

EL MISTERIOSO VIAJE DE LA PIEDRA DEL ALTAR

EL MISTERIOSO VIAJE DE LA PIEDRA DEL ALTAR

Por Iván Oré Chávez para Realbiopolítica

Una roca de seis toneladas, trasladada desde el norte de Escocia hasta Stonehenge hace aproximadamente 4.500 años, revela la existencia de conexiones entre comunidades neolíticas separadas por cientos de kilómetros. Su composición mineralógica, que incluye cuarzo, apatita y barita, añade un interrogante sobre las características de la piedra que fue seleccionada para integrar este monumento prehistórico.

En el centro del monumento megalítico de Stonehenge, en la llanura de Salisbury, Inglaterra, permanece una enorme piedra de arenisca gris verdosa conocida como la Piedra del Altar. Mide aproximadamente 4,9 metros de largo, un metro de ancho y medio metro de espesor. Su peso se estima en seis toneladas. Durante décadas, los investigadores intentaron determinar de dónde procedía aquel bloque y cómo había llegado hasta uno de los monumentos prehistóricos más conocidos del mundo. La cuestión adquirió una nueva dimensión cuando se descubrió que la roca probablemente había recorrido una distancia mucho mayor de la que se suponía. Su presencia en Stonehenge no solo plantea interrogantes sobre las capacidades de transporte de las comunidades neolíticas, sino también sobre las razones que pudieron motivar la selección de una piedra procedente de una región tan distante.

El 14 de agosto de 2024, la revista científica Nature publicó la investigación titulada A Scottish provenance for the Altar Stone of Stonehenge («Una procedencia escocesa para la Piedra del Altar de Stonehenge»). El estudio presentó una conclusión extraordinaria: la Piedra del Altar probablemente procede de la cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia, situada al menos a 750 kilómetros de Stonehenge. El descubrimiento modificó una interpretación mantenida durante años, según la cual la roca procedía de Gales, como otras piedras del monumento. También planteó una cuestión histórica de gran importancia: ¿cómo consiguieron las comunidades neolíticas trasladar un bloque de seis toneladas a través de semejante distancia y, sobre todo, por qué consideraron necesario llevar precisamente aquella roca hasta Stonehenge?

Una piedra diferente de las demás

Stonehenge no fue construido de una sola vez. Sus primeras estructuras se remontan aproximadamente al año 3000 antes de Cristo y el monumento experimentó transformaciones durante los siglos siguientes. Los grandes bloques de arenisca silícea conocidos como sarsens proceden principalmente de West Woods, a unos 25 kilómetros del monumento. Por otra parte, diversas piedras azules tienen su origen en las colinas de Preseli, en el oeste de Gales, aproximadamente a 225 kilómetros en línea recta. Esta diversidad de procedencias demuestra que la construcción de Stonehenge implicó el desplazamiento de materiales desde distintos territorios, pero ninguna de esas distancias alcanza la magnitud del recorrido atribuido a la Piedra del Altar.

La Piedra del Altar, identificada arqueológicamente como piedra número 80, es diferente. Se trata de una arenisca micácea que actualmente yace tumbada y fracturada cerca del centro de Stonehenge, parcialmente cubierta por bloques caídos del Gran Trilito. Su colocación se ha relacionado con una etapa constructiva situada aproximadamente entre 2620 y 2480 antes de Cristo, cuando también se levantaron las grandes estructuras de trilitos. Sin embargo, no existe una datación directa que permita determinar cuándo llegó la piedra ni si fue instalada antes o después de los trilitos. Tampoco está demostrado si originalmente estuvo colocada en posición vertical. Por tanto, la Piedra del Altar no fue necesariamente la primera ni la última piedra de Stonehenge. Su posición dentro de la secuencia constructiva continúa siendo una cuestión abierta, al igual que la función que desempeñó dentro del conjunto monumental.

La investigación que llevó hasta Escocia

Durante mucho tiempo se consideró que la Piedra del Altar procedía de formaciones de arenisca de Gales. Sin embargo, los resultados publicados en Nature mostraron que sus características geológicas no correspondían satisfactoriamente con aquellas formaciones. La investigación identificó en la roca minerales cuyas edades y composición resultan compatibles con las areniscas antiguas de la cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia. La Piedra del Altar conserva minerales de entre 498 y 2.812 millones de años de antigüedad, entre ellos poblaciones de aproximadamente 1.000 millones de años y otras de alrededor de 450 a 470 millones de años. Esas señales geológicas también se encuentran en muestras escocesas de las regiones de Caithness y las islas Orcadas.

La coincidencia es especialmente significativa porque aparece en distintos minerales de la roca, como el circón, el rutilo y la apatita. Los resultados indican que los sedimentos originales de la Piedra del Altar procedían de antiguas formaciones geológicas relacionadas con el norte de Escocia. No se trató, por tanto, de una identificación basada únicamente en el color o en el aspecto exterior de la piedra, sino de la coincidencia de su composición mineralógica y de la historia geológica registrada en sus componentes. Aunque los resultados favorecen la cuenca Orcadiana, la investigación no identificó una cantera específica. La procedencia exacta dentro de esa extensa región todavía debe determinarse, lo que impide reconstruir el punto preciso donde comenzó su viaje.

Setecientos cincuenta kilómetros hace 4.500 años

El dato más impresionante de la investigación es la distancia. Si la Piedra del Altar procede efectivamente del noreste de Escocia, su traslado hasta la llanura de Salisbury implicó un recorrido de al menos 750 kilómetros, una distancia extraordinaria para un bloque de aproximadamente seis toneladas en el Neolítico. Las comunidades que habitaban Gran Bretaña durante ese período practicaban la agricultura y la ganadería. No disponían de vehículos motorizados ni de maquinaria moderna. Sin embargo, construyeron monumentos megalíticos, trabajaron grandes bloques de piedra y mantuvieron contactos con poblaciones de otras regiones. La Piedra del Altar plantea así un problema concreto de transporte y organización: no bastaba con obtener la roca. Era necesario desplazarla, protegerla de posibles fracturas y conducirla hasta el lugar donde sería incorporada al monumento.

La distancia también plantea una cuestión sobre la elección del material. En una región donde existían piedras mucho más próximas, ¿por qué trasladar una roca de seis toneladas desde el extremo norte de Gran Bretaña? El esfuerzo habría requerido recursos, conocimientos prácticos y algún tipo de cooperación entre personas o comunidades. No sabemos si la piedra fue seleccionada directamente en su lugar de origen para Stonehenge o si pasó por otros emplazamientos antes de llegar a su destino. Tampoco sabemos si su procedencia tenía un significado particular para quienes decidieron incorporarla al monumento. Lo que sí permite establecer la investigación es que la roca posee una historia geológica vinculada a una región considerablemente alejada de la llanura de Salisbury.

¿La transportaron los glaciares?

Una explicación alternativa sería que la roca hubiera llegado al sur de Inglaterra mediante el movimiento de los hielos durante las glaciaciones, sin intervención humana en el trayecto desde Escocia. La investigación examinó esta posibilidad y la consideró improbable. Las reconstrucciones de los antiguos movimientos glaciares muestran desplazamientos desde las montañas Grampian hacia la cuenca Orcadiana, principalmente en dirección norte. Tampoco se ha identificado en Stonehenge una acumulación de bloques erráticos escoceses que permita explicar satisfactoriamente la presencia de aquella roca mediante transporte glaciar. Por ello, el estudio favorece la interpretación de un traslado deliberado realizado por seres humanos, aunque no presenta restos arqueológicos que documenten directamente el desplazamiento de este bloque particular. La conclusión se apoya en la procedencia geológica y en la evaluación de las alternativas de transporte.

La hipótesis de un viaje por mar

Una ruta exclusivamente terrestre habría atravesado regiones montañosas, grandes cursos de agua y territorios que durante el Neolítico presentaban extensas superficies boscosas. Entre los obstáculos geográficos figuraban las montañas Grampian, las Southern Uplands y los Peninos. El desplazamiento de una roca de seis toneladas por semejante recorrido habría exigido una considerable coordinación humana. Por esa razón, el artículo plantea que el transporte marítimo pudo desempeñar un papel fundamental. Esta hipótesis no surge de la nada: la investigación recuerda que existían conexiones marítimas entre distintas regiones de la Europa neolítica y que las comunidades prehistóricas participaban en intercambios de materiales a través de grandes distancias.

Entre los indicios citados figura la introducción del topillo común en las islas Orcadas desde Europa continental alrededor del 5000 antes de Cristo, interpretada como evidencia de desplazamientos humanos capaces de transportar animales y materiales por mar. También se mencionan el intercambio de herramientas de piedra y el hallazgo en Dorset de una piedra de moler cuya procedencia geológica se sitúa en Normandía, Francia. Estos antecedentes muestran que existían contactos de larga distancia y hacen plausible el transporte marítimo de materiales pesados. Sin embargo, no prueban que la Piedra del Altar viajara efectivamente en una embarcación. Hasta ahora no se ha encontrado la nave utilizada, un itinerario comprobado ni un registro arqueológico directo de su travesía. El viaje marítimo sigue siendo una explicación posible, no un hecho demostrado.

La composición mineralógica de la Piedra del Altar

La Piedra del Altar presenta una composición mineralógica que merece atención. Investigaciones petrográficas han identificado que aproximadamente entre el 54 % y el 56 % de la roca está constituido por cuarzo, un mineral con propiedades piezoeléctricas que pertenece al sistema cristalino trigonal, dentro de la familia hexagonal. También contiene apatita, un fosfato de calcio cuya estructura cristalina es generalmente hexagonal, y barita, un sulfato de bario presente en proporciones aproximadas de entre 0,29 % y 0,80 % en las muestras estudiadas. La barita se utiliza actualmente en materiales destinados a atenuar determinadas radiaciones, especialmente en aplicaciones de protección radiológica.

Estos son componentes minerales identificados en la roca, independientemente de las funciones que pudieran haberles atribuido sus antiguos transportistas. Su presencia plantea una pregunta adicional sobre la elección de aquella piedra: ¿qué características físicas, materiales o simbólicas hicieron que fuera seleccionada y trasladada desde una región tan lejana? La investigación publicada en Nature esclarece su procedencia geológica, pero no determina las razones de su selección ni la función específica que pudo desempeñar dentro del monumento.

El misterio histórico que permanece

El descubrimiento obliga a reconsiderar la extensión de las relaciones humanas en la Gran Bretaña neolítica. Una roca procedente del extremo nororiental de la isla terminó formando parte de un monumento situado cientos de kilómetros al sur. Su traslado habría requerido conocimientos prácticos, recursos y cooperación. No obstante, todavía no sabemos si intervino una sola comunidad, una sucesión de grupos o alguna forma de organización que coordinara distintas regiones. Tampoco conocemos la duración del viaje, los medios concretos empleados, el lugar exacto de extracción ni la identidad de quienes participaron. La investigación publicada en Nature ha permitido responder una de las grandes preguntas sobre Stonehenge: la Piedra del Altar no parece proceder de Gales, sino del noreste de Escocia.

Pero ese descubrimiento abre otra cuestión todavía más difícil: ¿cómo y por qué una sociedad neolítica decidió llevar una roca de seis toneladas a lo largo de al menos 750 kilómetros para incorporarla a Stonehenge? La presencia de cuarzo, apatita y barita constituye un hecho mineralógico que añade interés a la composición de la piedra, mientras que su procedencia escocesa plantea un problema histórico de transporte, organización y selección de materiales. El verdadero misterio reside en la decisión humana de trasladar aquella roca hasta un monumento de enorme importancia para las comunidades prehistóricas. El origen geológico comienza a esclarecerse; las razones de su elección y las circunstancias de su extraordinario viaje continúan sin una reconstrucción definitiva.


Fuente científica principal: A Scottish provenance for the Altar Stone of Stonehenge («Una procedencia escocesa para la Piedra del Altar de Stonehenge»). Revista Nature, volumen 632, páginas 570–575. Publicado el 14 de agosto de 2024. DOI: 10.1038/s41586-024-07652-1.

Referencia mineralógica complementaria: Constraining the provenance of the Stonehenge ‘Altar Stone’: evidence from automated mineralogy and U-Pb (2020), para los datos de composición mineralógica de la roca.

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