viernes, 11 de septiembre de 2026

EL MISTERIO DEL CRÁNEO TREPANADO DE XARAGALLS Y SU EXTRAÑA SIMILITUD CON LOS ANDES CENTRALES

EL MISTERIO DEL CRÁNEO TREPANADO DE XARAGALLS Y SU EXTRAÑA SIMILITUD CON LOS ANDES CENTRALES

Por Iván Oré Chávez para Realbiopolítica. 



Un cráneo humano procedente de la Cova dels Xaragalls, en Vimbodí i Poblet, Tarragona, plantea un singular problema arqueológico. Presenta una trepanación frontal realizada mediante una técnica que el paleopatólogo Domènec Campillo consideró excepcional entre los cráneos prehistóricos estudiados en la península ibérica. Sin embargo, cuando la comparación se extiende fuera de Europa aparece una sorprendente semejanza tecnológica: en los Andes centrales del Perú se documentaron trepanaciones en las que el hueso era primero cortado y posteriormente desprendido mediante un instrumento utilizado como palanca.

La cuestión no consiste simplemente en que dos sociedades muy alejadas practicaran trepanaciones, pues esta intervención apareció independientemente en diferentes regiones del mundo. El verdadero misterio está en cómo fue extraído el fragmento de hueso. En Xaragalls encontramos una combinación muy particular de incisión, apalancamiento y fractura; en el Perú prehispánico aparece una solución mecánica comparable, aunque ejecutada en determinados ejemplares con una regularidad y destreza considerablemente mayores.

Un extraño cráneo en una cueva funeraria


La Cova dels Xaragalls posee una historia arqueológica extraordinariamente extensa. Sus depósitos contienen niveles pleistocenos y otros correspondientes a la prehistoria reciente. Durante el Calcolítico y la Edad del Bronce la cavidad fue utilizada con fines funerarios, aunque numerosas excavaciones clandestinas y expolios destruyeron parte importante del contexto arqueológico. El cráneo trepanado pertenece a las antiguas colecciones procedentes de la cueva y ya había sido mencionado por Carreras en 2002.

Según Campillo, perteneció a un individuo masculino y la abertura se encuentra en la región frontal. No presenta regeneración ósea, circunstancia por la cual el estudio arqueológico de Xaragalls recogió la conclusión de que la intervención había sido efectuada después o poco antes de la muerte. Campillo sería todavía más categórico en 2011 al describirla como una «trepanación póstuma frontal» y señalar alrededor de la abertura la existencia de líneas de descarnación.

Existe, sin embargo, una interpretación posterior diferente. En 2024, Antonio Rodríguez-Hidalgo señaló que el individuo aparentemente padecía varias enfermedades y planteó que la trepanación pudo haber constituido un intento de curación, considerando que la falta de regeneración demostraría que no sobrevivió a la intervención. Surge así el primer misterio del cráneo: ¿se operó a un enfermo que murió durante o inmediatamente después del procedimiento, o se abrió deliberadamente el cráneo de una persona que ya había muerto como parte de una práctica ritual?


Una técnica considerada única

El segundo misterio es tecnológico. Campillo reconstruyó detalladamente el procedimiento empleado para abrir el cráneo. El operador comenzó realizando una incisión con una considerable inclinación del instrumento cortante. Llegó entonces a un punto en el que aparentemente ya no podía continuar cortando. Retiró el instrumento y procedió a hacer palanca, provocando deliberadamente una fractura de la calota que permitió finalmente desprender y extraer la lasca ósea.

El propio cráneo conserva las huellas de las dos fases. Campillo identificó en el borde posteroexterno derecho la incisión producida por el instrumento, mientras que el borde anterolateral izquierdo, rectilíneo pero irregular, correspondía a la fractura secundaria provocada por el apalancamiento. No se trata, por tanto, simplemente de una abertura irregular: su morfología permite reconstruir la secuencia mecánica utilizada para producirla.

Campillo llegó entonces a una conclusión especialmente significativa: «No hemos encontrado ningún otro cráneo en que se hubiese practicado una tecnología similar». La firma tecnológica de Xaragalls puede resumirse así: incisión → apalancamiento → fractura → extracción de la lasca. Y es precisamente esta secuencia, mucho más que la forma final del agujero, la que conduce inesperadamente hacia los Andes centrales.

El sorprendente paralelo de Huarochirí


En 1897, Manuel Antonio Muñiz y W. J. McGee publicaron Primitive Trephining in Peru, uno de los grandes estudios clásicos sobre las trepanaciones prehispánicas peruanas. Entre los ejemplares estudiados aparece el denominado Cráneo 1, procedente de Huarochirí, en los Andes centrales. Su extraordinario estado de conservación permitió a los investigadores reconstruir con considerable precisión cómo había sido realizada la intervención.

El operador practicó dos pares de incisiones aproximadamente paralelas que se cruzaban casi en ángulo recto, delimitando una pequeña pieza craneal aproximadamente rectangular. Las incisiones atravesaron las dos tablas del cráneo en buena parte de su recorrido, pero no consiguieron separarlo completamente. En uno de los ángulos quedó un borde óseo sin cortar totalmente. Las fotografías históricas permiten observar claramente cómo las largas incisiones incluso sobrepasan los límites de la abertura.

Y aquí aparece la sorprendente semejanza. Muñiz y McGee dedujeron que aquel «botón» de hueso había sido retirado mediante un “elevator” —elevador, un instrumento utilizado para levantar la pieza haciendo palanca—, introducido desde uno de los ángulos. El operador peruano, por tanto, tampoco dependió exclusivamente del corte: delimitó profundamente la pieza y después utilizó una acción mecánica para terminar de desprenderla.

La secuencia de Huarochirí puede reconstruirse así: incisiones → corte incompleto → introducción del elevador → apalancamiento → extracción del fragmento. En Xaragalls tenemos: incisión → apalancamiento → fractura → extracción de la lasca. La coincidencia ya no consiste simplemente en dos perforaciones craneales de aspecto parecido. Existe una semejanza en el principio mecánico utilizado para separar el hueso.

La misma lógica técnica, diferente destreza

Los dos cráneos no son morfológicamente idénticos. El ejemplar peruano presenta una ejecución mucho más geométrica y controlada: varias incisiones rectilíneas delimitan deliberadamente un pequeño fragmento rectangular. Xaragalls presenta una abertura considerablemente más irregular y Campillo pudo identificar una fractura secundaria provocada por la palanca. La diferencia podría reflejar distintos niveles de destreza, planificación y especialización técnica.

Pero detrás de esa diferencia permanece una misma lógica operatoria. El hueso no fue eliminado exclusivamente mediante raspado, perforaciones sucesivas o corte completo. Primero fue incidido profundamente y después se recurrió al levantamiento mecánico para terminar de desprender el fragmento. En Xaragalls la maniobra produjo una fractura claramente identificable; en Huarochirí el operador había preparado mucho mejor la pieza mediante cortes geométricos antes de utilizar el elevador.

La semejanza no permite afirmar que existiera una conexión histórica entre la Iberia prehistórica y los Andes. No tenemos ninguna evidencia de transmisión tecnológica entre ambos territorios. Lo que sí podemos señalar es un paralelo tecnológico concreto: dos sociedades enormemente distantes utilizaron el principio de incidir el cráneo y completar posteriormente la separación del fragmento mediante una acción de palanca.

Además, Huarochirí no parece constituir simplemente una curiosidad aislada. Muñiz y McGee compararon su Cráneo 1 con el célebre cráneo de Squier, procedente de Yucay, en el valle del Cuzco, y afirmaron que la operación observada en este último era “precisely similar” —«precisamente similar»— a la del ejemplar de Huarochirí. La técnica peruana aparece así dentro de una tradición de trepanaciones incisas mucho más desarrollada.


El misterio permanece abierto

Existe finalmente otra coincidencia significativa: ninguno de los dos individuos presenta regeneración ósea alrededor de la abertura. En Xaragalls este hecho llevó a Campillo a situar la intervención después o inmediatamente antes de la muerte. En Huarochirí, Muñiz y McGee tampoco encontraron crecimiento óseo posterior y consideraron probable que el individuo no hubiese sobrevivido a la operación; incluso observaron que una de las incisiones había penetrado las meninges y alcanzado tejido cerebral.

El paralelo reúne así varios elementos concretos: trepanación incisa, corte profundo, separación incompleta del fragmento mediante el corte, utilización posterior de palanca o elevador para desprenderlo y ausencia de regeneración ósea. Las diferencias se encuentran principalmente en la geometría y calidad de ejecución: el ejemplar peruano revela un procedimiento más sistemático y depurado; Xaragalls parece una aplicación mucho más rudimentaria del mismo principio mecánico.

El misterio del cráneo de Xaragalls adquiere entonces otra dimensión. Campillo encontró en la península ibérica una tecnología para la que no identificó otro paralelo en su serie. Pero una técnica sorprendentemente semejante aparece documentada al otro lado del Atlántico, en los Andes centrales, donde los antiguos trepanadores llegaron a desarrollar una extraordinaria especialización en la apertura del cráneo humano.

La pregunta es cómo pudo viajar una técnica desde un extremo del mundo hasta el otro. Puede ser todavía más interesante: ¿Xaragalls representa una solución aislada descubierta empíricamente por un operador prehistórico, mientras que los pueblos andinos desarrollaron independientemente el mismo principio hasta convertirlo en una técnica mucho más sofisticada? Dos cráneos separados por un océano conservan, en cualquier caso, las huellas de una misma idea mecánica: cortar el hueso, introducir un instrumento y hacer palanca para extraerlo.

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