EL MISTERIO DEL CRÁNEO
TREPANADO DE XARAGALLS Y SU EXTRAÑA SIMILITUD CON LOS ANDES CENTRALES
Por Iván Oré Chávez para
Realbiopolítica.
Un cráneo
humano procedente de la Cova dels Xaragalls, en Vimbodí i Poblet,
Tarragona, plantea un singular problema arqueológico. Presenta una trepanación
frontal realizada mediante una técnica que el paleopatólogo Domènec Campillo
consideró excepcional entre los cráneos prehistóricos estudiados en la
península ibérica. Sin embargo, cuando la comparación se extiende fuera de
Europa aparece una sorprendente semejanza tecnológica: en los Andes
centrales del Perú se documentaron trepanaciones en las que el hueso era
primero cortado y posteriormente desprendido mediante un instrumento utilizado
como palanca.
La
cuestión no consiste simplemente en que dos sociedades muy alejadas practicaran
trepanaciones, pues esta intervención apareció independientemente en diferentes
regiones del mundo. El verdadero misterio está en cómo fue extraído el
fragmento de hueso. En Xaragalls encontramos una combinación muy particular
de incisión, apalancamiento y fractura; en el Perú prehispánico aparece una
solución mecánica comparable, aunque ejecutada en determinados ejemplares con
una regularidad y destreza considerablemente mayores.
Un extraño cráneo en una cueva funeraria
La Cova
dels Xaragalls posee una historia arqueológica extraordinariamente extensa. Sus
depósitos contienen niveles pleistocenos y otros correspondientes a la
prehistoria reciente. Durante el Calcolítico y la Edad del Bronce la cavidad
fue utilizada con fines funerarios, aunque numerosas excavaciones clandestinas
y expolios destruyeron parte importante del contexto arqueológico. El cráneo
trepanado pertenece a las antiguas colecciones procedentes de la cueva y ya
había sido mencionado por Carreras en 2002.
Según
Campillo, perteneció a un individuo masculino y la abertura se encuentra
en la región frontal. No presenta regeneración ósea, circunstancia por
la cual el estudio arqueológico de Xaragalls recogió la conclusión de que la
intervención había sido efectuada después o poco antes de la muerte.
Campillo sería todavía más categórico en 2011 al describirla como una «trepanación
póstuma frontal» y señalar alrededor de la abertura la existencia de líneas
de descarnación.
Existe, sin embargo, una interpretación posterior diferente. En 2024, Antonio Rodríguez-Hidalgo señaló que el individuo aparentemente padecía varias enfermedades y planteó que la trepanación pudo haber constituido un intento de curación, considerando que la falta de regeneración demostraría que no sobrevivió a la intervención. Surge así el primer misterio del cráneo: ¿se operó a un enfermo que murió durante o inmediatamente después del procedimiento, o se abrió deliberadamente el cráneo de una persona que ya había muerto como parte de una práctica ritual?
Una técnica considerada única
El
segundo misterio es tecnológico. Campillo reconstruyó detalladamente el
procedimiento empleado para abrir el cráneo. El operador comenzó realizando una
incisión con una considerable inclinación del instrumento cortante.
Llegó entonces a un punto en el que aparentemente ya no podía continuar
cortando. Retiró el instrumento y procedió a hacer palanca, provocando
deliberadamente una fractura de la calota que permitió finalmente desprender y
extraer la lasca ósea.
El propio
cráneo conserva las huellas de las dos fases. Campillo identificó en el borde
posteroexterno derecho la incisión producida por el instrumento,
mientras que el borde anterolateral izquierdo, rectilíneo pero irregular,
correspondía a la fractura secundaria provocada por el apalancamiento.
No se trata, por tanto, simplemente de una abertura irregular: su morfología
permite reconstruir la secuencia mecánica utilizada para producirla.
Campillo
llegó entonces a una conclusión especialmente significativa: «No hemos
encontrado ningún otro cráneo en que se hubiese practicado una tecnología
similar». La firma tecnológica de Xaragalls puede resumirse así: incisión
→ apalancamiento → fractura → extracción de la lasca. Y es precisamente
esta secuencia, mucho más que la forma final del agujero, la que conduce
inesperadamente hacia los Andes centrales.
El sorprendente paralelo de Huarochirí
En 1897,
Manuel Antonio Muñiz y W. J. McGee publicaron Primitive Trephining in Peru,
uno de los grandes estudios clásicos sobre las trepanaciones prehispánicas
peruanas. Entre los ejemplares estudiados aparece el denominado Cráneo 1,
procedente de Huarochirí, en los Andes centrales. Su extraordinario estado
de conservación permitió a los investigadores reconstruir con considerable
precisión cómo había sido realizada la intervención.
El
operador practicó dos pares de incisiones aproximadamente paralelas que se
cruzaban casi en ángulo recto, delimitando una pequeña pieza craneal
aproximadamente rectangular. Las incisiones atravesaron las dos tablas del
cráneo en buena parte de su recorrido, pero no consiguieron separarlo
completamente. En uno de los ángulos quedó un borde óseo sin cortar totalmente.
Las fotografías históricas permiten observar claramente cómo las largas
incisiones incluso sobrepasan los límites de la abertura.
Y aquí
aparece la sorprendente semejanza. Muñiz y McGee dedujeron que aquel «botón»
de hueso había sido retirado mediante un “elevator” —elevador, un instrumento
utilizado para levantar la pieza haciendo palanca—, introducido desde uno
de los ángulos. El operador peruano, por tanto, tampoco dependió exclusivamente
del corte: delimitó profundamente la pieza y después utilizó una acción
mecánica para terminar de desprenderla.
La
secuencia de Huarochirí puede reconstruirse así: incisiones → corte
incompleto → introducción del elevador → apalancamiento → extracción del fragmento.
En Xaragalls tenemos: incisión → apalancamiento → fractura → extracción de
la lasca. La coincidencia ya no consiste simplemente en dos perforaciones
craneales de aspecto parecido. Existe una semejanza en el principio mecánico
utilizado para separar el hueso.
La misma lógica técnica, diferente destreza
Los dos
cráneos no son morfológicamente idénticos. El ejemplar peruano presenta una
ejecución mucho más geométrica y controlada: varias incisiones rectilíneas
delimitan deliberadamente un pequeño fragmento rectangular. Xaragalls presenta
una abertura considerablemente más irregular y Campillo pudo identificar una
fractura secundaria provocada por la palanca. La diferencia podría reflejar distintos
niveles de destreza, planificación y especialización técnica.
Pero
detrás de esa diferencia permanece una misma lógica operatoria. El hueso no
fue eliminado exclusivamente mediante raspado, perforaciones sucesivas o corte
completo. Primero fue incidido profundamente y después se recurrió al
levantamiento mecánico para terminar de desprender el fragmento. En
Xaragalls la maniobra produjo una fractura claramente identificable; en
Huarochirí el operador había preparado mucho mejor la pieza mediante cortes
geométricos antes de utilizar el elevador.
La
semejanza no permite afirmar que existiera una conexión histórica entre la
Iberia prehistórica y los Andes. No tenemos ninguna evidencia de transmisión
tecnológica entre ambos territorios. Lo que sí podemos señalar es un
paralelo tecnológico concreto: dos sociedades enormemente distantes utilizaron
el principio de incidir el cráneo y completar posteriormente la separación
del fragmento mediante una acción de palanca.
Además, Huarochirí no parece constituir simplemente una curiosidad aislada. Muñiz y McGee compararon su Cráneo 1 con el célebre cráneo de Squier, procedente de Yucay, en el valle del Cuzco, y afirmaron que la operación observada en este último era “precisely similar” —«precisamente similar»— a la del ejemplar de Huarochirí. La técnica peruana aparece así dentro de una tradición de trepanaciones incisas mucho más desarrollada.
El misterio permanece abierto
Existe
finalmente otra coincidencia significativa: ninguno de los dos individuos
presenta regeneración ósea alrededor de la abertura. En Xaragalls este
hecho llevó a Campillo a situar la intervención después o inmediatamente antes
de la muerte. En Huarochirí, Muñiz y McGee tampoco encontraron crecimiento óseo
posterior y consideraron probable que el individuo no hubiese sobrevivido a la
operación; incluso observaron que una de las incisiones había penetrado las
meninges y alcanzado tejido cerebral.
El
paralelo reúne así varios elementos concretos: trepanación incisa, corte
profundo, separación incompleta del fragmento mediante el corte, utilización
posterior de palanca o elevador para desprenderlo y ausencia de regeneración
ósea. Las diferencias se encuentran principalmente en la geometría y
calidad de ejecución: el ejemplar peruano revela un procedimiento más
sistemático y depurado; Xaragalls parece una aplicación mucho más rudimentaria
del mismo principio mecánico.
El
misterio del cráneo de Xaragalls adquiere entonces otra dimensión. Campillo
encontró en la península ibérica una tecnología para la que no identificó otro
paralelo en su serie. Pero una técnica sorprendentemente semejante aparece
documentada al otro lado del Atlántico, en los Andes centrales, donde los
antiguos trepanadores llegaron a desarrollar una extraordinaria especialización
en la apertura del cráneo humano.
La pregunta
es cómo pudo viajar una técnica desde un extremo del mundo hasta el otro. Puede
ser todavía más interesante: ¿Xaragalls representa una solución aislada
descubierta empíricamente por un operador prehistórico, mientras que los
pueblos andinos desarrollaron independientemente el mismo principio hasta
convertirlo en una técnica mucho más sofisticada? Dos cráneos separados por
un océano conservan, en cualquier caso, las huellas de una misma idea mecánica:
cortar el hueso, introducir un instrumento y hacer palanca para extraerlo.
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