jueves, 6 de abril de 2023

 Geopolítica: El príncipe golpista posmoderno y la cultura de la cancelación

POR:
MAURICIO ESCUELA
24 DICIEMBRE 2022

El príncipe de Reuss, Alemania, acaba de ser acusado de liderar un intento de golpe de Estado contra la República Federal. Durante meses, este miembro de la antigua aristocracia germana ha conspirado en su castillo, haciendo prácticas de tiro, reuniendo adeptos y difundiendo una idea entorno a que su país estaría sometido a Occidente (Estados Unidos) desde 1945, siendo apenas una corporación y no una entidad soberana en el concierto de las naciones. Heinrich XIII, que así se llamaba, era el heredero de una de las casas dinásticas que desde 1918 permanecen ilegalizadas de facto, pero que se reconocen extralegalmente. Desde el fin del socialismo en Alemania del Este, este hombre nostálgico del II Reich alemán (1871-1918) rastreó las propiedades de su familia y luchó en los tribunales por la restitución. En muchas ocasiones falló y terminó refugiándose en su castillo, donde recreó a partir de la decoración el estilo del segundo Imperio Alemán. Parientes suyos declararon a la prensa que el golpe emocional entre sus aspiraciones y la realidad lo había vuelto un ser taciturno y dado a las conspiraciones, lo cual explicaría psicológicamente el drama en que se halla.

No obstante, medios de la gran prensa como The New York Times, no dudan en catalogar esto como una intentona fascista o al menos de restitución de ideas que están desterradas no solo de lo políticamente correcto, sino de las leyes alemanas. Pero cabe preguntarse si esto es realmente así. Un análisis del contexto en que se produce el hecho nos arroja otras luces. Alemania está viviendo una ola de protestas sociales desde hace meses en contra de las gestiones de su gobierno, debido a la subida de los precios de la vida, del gas y del combustible en general. El cierre de los negocios con Rusia, que solo ha beneficiado a los Estados Unidos, desató la rabia de la gente común. Y es que se ha hecho evidente que la actual situación de Europa ha traído la calamidad para los más humildes a la vez que negocios inmensos para varias firmas norteamericanas y anglosajonas de forma general. Si Alemania mantenía sus lazos con Moscú, el precio de la vida no habría aumentado como lo ha hecho, ya que el gasoducto Nordstream 2 hubiera facilitado y abaratado todo. Pero el gran capital norteamericano jugó sus fichas y ha estado incrementando su renta a costa de la miseria y la extorsión, de la geopolítica y el engaño. Eso puede explicar ciertas posiciones extremas, incluso la aparición de teorías de la conspiración en la sociedad alemana y europea.

Heinrich XIII y sus seguidores sostienen que su país está en manos de anglosajones y que solo con un golpe y un cambio total se puede volver a un Estado soberano. Si bien este planteamiento es simplista y no explica toda la riqueza de la realidad, lo cierto es que desde 1945, Europa no es la misma. El Plan Marshall y los mecanismos de dominación militar, económica y política, han socavado los intentos del continente por resurgir como un polo mundial. Churchill había concebido primero que Alemania se repartiera dentro del Imperio Británico, así como las zonas de influencia que el III Reich dejaba como restos de su poder. Luego, el propio Primer Ministro de Inglaterra habló de la creación de unos Estados Unidos Europeos, con la tutela de Londres y Washington. Estas ideas dieron paso por un lado al surgimiento de la OTAN (especie de ejército europeo bajo el mando anglonorteamericano) y más tarde a la Unión Europea (UE), más que nada un valladar socialdemócrata que debía frenar el avance del comunismo del este, una especie de vitrina. Sobre la base de estos presupuestos, la Alemania del Oeste creció y resurgió, pero siempre con la presencia de bases militares estadounidenses, incluso hace unos años se dio el escándalo de que el famoso Five Eyes (Cinco Ojos) espiaba a Ángela Merkel, sobre todo por motivos de geopolítica, alianzas y economía. En otras palabras, el Occidente vencedor de la Segunda Guerra Mundial no iba a dejar que el resurgir alemán y europeo se les fuera de las manos. Unido a ello, todo intento de crear un ejército soberano del Viejo Continente ha sido saboteado por la OTAN, que con el Partido Demócrata en el poder ha tenido más apoyo. Si vemos estos puntos, la idea conspirativa de Heinrich XIII no es tan descabellada, aunque sí lo sea la solución que él propone o sea la vuelta a la Alemania del Káiser.

La gran prensa se ha concentrado en capitalizar el intento de golpe de Estado (que además, viéndolo objetivamente, nunca tuvo posibilidades) echando a la oposición al dominio de Occidente y de Estados Unidos en la misma bolsa. En otras palabras, todo el que denuncie que la actual política de implicación en una guerra en Ucrania daña a Europa, va a ser acusado de conspiranoico y de fascista. Para eso les ha servido el fallido golpe a las agencias corporativas, cuya coalición se viene haciendo cada vez más evidente desde la pandemia de la Covid 19. No es que el pueblo esté descontento y tenga derechos a la manifestación y a proponer políticas mucho más soberanas y que beneficien al común, sino que todo eso será descalificado, desechado y perseguido. Este es el verdadero mensaje que se nos propone por debajo de los discursos mediáticos. La indignación legítima no será permitida, sino que será puesta en ridículo, caricaturizada. Usted será otro Heinrich XIII si se atreve a la rebelión y lo pondremos en la cárcel. Es el sistema defendiéndose, con todo lo que tiene, la política, las armas, el mercado, la prensa y la cultura.

Lo que vive el mundo de hoy es una batalla cultural, una que culturiza cualquier aspecto de la vida y lo hace objeto del poder. El sujeto que domina el proceso, la posmodernidad capitalista centrada en el norte global, ejerce su presión moral a partir del dominio del espacio de debate. La vieja posición neoliberal a ultranza ha mutado hacia un supuesto progresismo que niega la lucha de clases y que conflictúa las zonas interseccionales de la sociedad. El objetivo de esto es el dominio del todo. Mientras que las particularidades y las singularidades están en pugna, el sujeto posmoderno se adueña de los medios fundamentales de producción y de los recursos. Para ello ha dispuesto que el gran capital de las empresas trasnacionales participe en la Agenda 2030 y quede blanqueada de su esencia inmoral y explotadora. Entonces no puede extrañar que se hable de un consenso progre en los medios del globalismo oficialista (como The New York Times) a la hora de condenar el intento de golpe. Es obvio que el príncipe Heinrich es de ultraderecha y que la solución que ofrece para Alemania es fascistoide, pero el conflicto nacional de un país secuestrado por el poder anglonorteamericano es muy tangible. Y es una realidad que responde a la estructura del sistema mundo, algo de lo cual el nuevo progresismo al estilo George Soros y compañía no quiere que se toque. Y ello se debe a que tal elemento desnuda la mentira de esa supuesta preocupación de los ricos por los pobres y esas agendas inclusivas, que se dicen enemigas del fascismo y críticas del golpista alemán. El capitalismo con rostro humano o de partes interesadas que se plantea desde las instancias globalistas deviene montaje y trampa. Sin embargo, como operación de inteligencia está logrando confundir, dividir, desaparecer al sujeto de cambio en el marasmo de las identidades y de las post verdades.

La agenda globalista es de dominio de los pueblos y se está evidenciando con la visita de Zelensky a Biden. Ambos están llevando al mundo a una guerra atómica y cualquier cuestionamiento a esta arista se cancela y silencia. Lo buenista y los correcto es llevar la bandera de Ucrania en la foto de perfil de Facebook. Así pasa con el bulo en torno a la situación de Alemania. No puedes criticar que Berlín esté pasando su peor época inflacionaria debido a la nefasta guerra en la cual nada beneficia a los alemanes. Si lo haces eres un fascista, un golpista, estás del lado de quienes quieren restaurar a Hitler. Y los medios colaboran en esta sombra, en esta simbiosis entre la mentira y la política interesada del Imperio, que no es otra cosa que el capital financiero occidental formado en torno a la city londinense y Wall Street. En ese progresismo de pacotilla que está lavándole la cara a Biden no hay memoria. Ya nadie recuerda que el presidente norteamericano cuando era congresista se congratuló de la invasión de la OTAN a Yugoslavia y del uso de bombas con uranio. Hay que ser desvergonzado para abogar hoy por una supuesta izquierda global, cuando se tiene ese historial. El Partido Demócrata está demostrando que es guerrerista, pero no solo en lo convencional, sino en el teatro de operaciones cultural. Sabe cómo se usa la hegemonía ideológica y la está aplicando a través de sus operadores mediáticos y políticos. Uno de esos lacayos es el propio Zelensky.

Entre tanto, Heinrich XIII nunca tuvo posibilidades de tomar el poder, pero nos van a entretener en los medios con este cuento, van a seguir los ríos de tinta, los periodistas sensacionalistas haciéndonos creer que se detuvo la conspiración del siglo y otras linduras. Se va a reforzar este relato para contraponerlo a todo lo que critique el actual orden de cosas, para cancelar el debate, para imponer una post verdad. El seudo progresismo occidental del Imperio se ha inventado un enemigo de papel, el seudo fascismo omnipresente. Todo el que se oponga al orden establecido será comparado con Hitler y sus ideas se negarán. Es una hitlerización, el viejo recurso de la falacia argumental ad hitlerum. Reducir todo en una dicotomía de buenos y malos, donde ellos ya son los buenos, una manera manipuladora y cruel de hacer política. Pero eso no les importa, ya usaron los hechos a su favor, ya los cambiaron y los resignificaron, incluso la propaganda fue capaz de instrumentalizar y de redirigir los significantes.

El Nordstream 2 era enemigo de los Estados Unidos. Biden dijo que su apertura no sería admitida. Y lo han cumplido. No obstante, la ceguera interesada de los medios no ve fascismo ahí, no ve dominación ni el uso de una agenda injerencista en Alemania y Europa. ¿Cómo se supone que Washington iba a impedir un proyecto que fue contratado por países en teoría independientes? ¿Con telepatía, con telequinesia? Con el uso de la fuerza, la geopolítica, la instrumentalización de Ucrania y la venta de armas a las facciones más facinerosas de Kiev. Si se analizan bien los hechos, todo puede dar pie para que la gente haga teorías de la conspiración. Pero más allá de eso, ha sido evidente el poder detrás del poder en la cuestión de la guerra y la inflación, en la del movimiento detrás de los políticos, en el uso de piezas y de jugadas que se enmarcan en el esquema de poder posterior a 1945.

Quienes ayer armaron al III Reich ahora reducen el debate y lo cancelan, hacen negocio con la muerte, limpian su imagen a partir de un falso progresismo y hacen que el mundo, a la fuerza por la manipulación, mire hacia otro lado.

Quizás Heinrich estaba equivocado en el enfoque, pero en todo caso su crítica al status quo se explica a partir de realidades y no de teorías locas. Que Occidente condene el intento de golpe es una señal más. Fue en todo caso un golpismo conveniente, que vino como anillo al dedo, que sirvió de comodín. Y esto no es una teoría de la conspiración, aunque no les agrade a algunos que se diga.

El príncipe posmoderno pasará años en la cárcel, pero ya cumplió su papel.

Mauricio Escuela. Periodista. Licenciado en Periodismo por la Universidad Marta Abreu de Las Villas en el año 2012. Graduado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso de La Habana en 2009. Profesor de Filosofía de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, especializado en Historia de la Filosofía. 


 LOS TEÓRICOS DE LA CASUALIDAD


Cerramos el año con el mundo dividido en dos grandes bloques. No, no me refiero a ricos y pobres, ni a izquierda y derecha, ni a hombres y mujeres, ni a los desahuciados para el Mundial y los que aún tienen esperanza. Hablo de otras categorías, más ligadas a la percepción y a lo actitudinal, incluso más psicológicas, si se quiere

Por: Hoenir Sarthou
De un lado, están (¿estamos?) los “conspiranoicos”. Ya se sabe. Gente que cree que casi todo lo que ocurre tiene una causa, y que suele asociar a esa causa con intereses económicos, grupos de poder más o menos oscuros y proyectos de dominación global.

Hay que reconocer que la fauna “conspiranoica” es variopinta.
Incluye, desde luego, a quienes creen (creemos) que efectivamente está en curso un proyecto de reorganización económica, política y cultural del mundo.

Un proyecto concebido para una humanidad más reducida en número y en consumo y, por ende, menos democrática. Un proyecto pensado por centros de poder que han hecho muy fuerte apuesta a las tecnologías.

Un proyecto ejecutado, consciente o inconscientemente, por organismos tecnocráticos, funcionarios bien pagos y “tanques de ideas” internacionales, con la invalorable ayuda -voluntaria o resignada- de los gobernantes de la mayor parte de los países.

La fauna “conspiranoica” incluye también a gente que sostiene convicciones más audaces sobre, por ejemplo, la forma de la Tierra, los objetivos esotéricos de la dominación global, los efectos y poderes de las diversas tecnologías, el papel del derecho marítimo y del derecho natural y otras muchas cosas, algunas más creíbles que otras, que sería largo enumerar.

Diría que, en los últimos tiempos, el punto en común de las visiones “conspiranoicas” es una porfiada desconfianza hacia la interpretación del mundo -y hacia la financiación- que provienen de lugares como el Foro Económico Mundial y sus adyacencias (ONU, OMS, FMI, BID, Banco Mundial, etc.) y de sus voceros más locuaces, como Klaus Schwab, Bill Gates o George Soros.

Como consecuencia, todo lo que se promueve desde allí, como la pandemia, la guerra de Ucrania, el cambio climático y el calentamiento global, las vacunas anti covid, las políticas “de género”, el ambientalismo de los bonos y tecnologías “verdes”, la información de la prensa internacional y de los administradores de las redes sociales, y las propuestas de gobernanza mundial, es mirado con desconfianza, cuando no con fuerte enojo, por la fauna “conspiranoica”

Hasta aquí, la mirada “conspiranoica”. Pero, ¿qué hay del otro lado?

¿Cómo ven y explican al mundo quienes niegan que exista un proyecto e intereses que estén impulsando los cambios globales que experimentamos?

Del otro lado está la “Teoría de la Gran Casualidad”

Para los teóricos de la gran casualidad, la cosa es sencilla: todo es “casualidad”.

Es casual la pandemia (sólo un entrevero de murciélagos, sopas y chinos), es casual que se la anunciara y ensayara antes, es casual que en todo el mundo se encerrara a la gente sana, es casual que, el mismo día y a la misma hora, todos los presidentes del mundo lanzaran la expresión “nueva normalidad”, es casual que todos los gobiernos firmaran al mismo tiempo los mismos contratos secretos para comprar millones de dosis de las mismas vacunas. Y, por supuesto, es casual que luego de vacunarse muera más gente que antes de hacerlo.

Hay muchas “casualidades” más.

Es casual que en todos los países se aprueben leyes tan parecidas que parecen calcadas. Y que todos se hayan endeudado hasta las orejas. Y que todos se desvivan por captar inversión extranjera. Y que en Uruguay aparecieran empresas pasteras justo después de que plantamos millones de árboles para los que no teníamos destino. Y es casual que el Banco Mundial financiara la plantación.

Es casual la guerra de Ucrania , y que la energía y la comida escaseen y suban de precio. Y que las medidas contra Rusia dejen a Europa sin combustible y al mundo con menos comida.

Como es casual que China y los Fondos de Inversión (hay muchas empresas chinas asociadas a los Fondos de inversión) firmen con todos los países tratados y contratos que les dan acceso a los recursos naturales más valiosos.

Es casual que adaptarse a la tecnología sea el gran “signo de los tiempos”, y que la tecnología sirva para controlarnos, saber dónde estamos, qué hacemos, qué decimos, qué pensamos, lo que nos gusta, lo que creemos, con quién hablamos y en qué gastamos. Y, peor aún, es casual que sirva para incidir en todas esas decisiones.

Como lo es, por supuesto, que se pretenda eliminar el dinero físico, haciendo que todos nuestros actos sean controlables a través de nuestras tarjetas, computadoras o celulares.

Obviamente, es casualidad que, si uno averigua quiénes controlan el capital accionario de las grandes corporaciones del mundo, encuentre siempre, como “testaferros”, a los mismos fondos de inversión: Vanguard Group, BlackRock, Black Stone, State Street, etc.

Es casual que esos Fondos controlen a los bancos, medios de comunicación, laboratorios, universidades, empresas productoras y distribuidoras de alimentos y bebidas, investigación tecnológica y genética, ONGs, producción de semillas y de carne artificial, compañías petroleras, venta de “tecnologías verdes”.

Es casual que controlen a Coca Cola, a Pepsi Cola, a Nestlé, a Pfizer, a Uber, a Amazon… y que tengan inversiones en EEUU, en Europa, en China y en América Latina.

Lo controlan casi todo, por casualidad, naturalmente.

No voy a abrumarlos más. La lista de “casualidades” es inagotable. Pero todas confluyen en la madre de todas las casualidades: todas aportan más poder, control y riqueza a los mismos centros de interés que los “teóricos de la casualidad” afirman que no existen,

De modo que tenemos, por un lado, a los “conspiranoicos”, y, por otro a los teóricos de la “Gran Casualidad”.

Los teóricos de la casualidad tienen un problema. Si fueran místicos, si creyeran que el mundo opera regido por deidades caprichosas, su tesis podría sostenerse, ya que todo ocurriría por azar y no tendría sentido buscar causas.

Pero los teóricos de la casualidad no pretenden ser místicos. La mayoría de los que, con tono circunspecto y aire profesoral, lo acusan a uno de “conspiranoico”, pretenden ser científicos, o al menos “creer en la ciencia”.

Parte del problema es que la actitud científica se basa en buena medida en el principio de causalidad (“causalidad”, de “causa”, y no “casualidad”)

Es decir, quien pretende ser científico asume en general que los fenómenos tienen causas cognoscibles o estudiables. Al punto que su trabajo consiste, a menudo, en tratar de determinar las causas de los fenómenos. De modo que no hay actitud menos científica que encogerse de hombros y achacar todo a la casualidad.

La otra parte del problema es que el concepto de casualidad (de “casus”, o azar) tiene límites.

No se precisa ser premio Nobel en física para pensar que, si uno va a la ruleta y sale veinte veces seguidas el cero, es casi seguro que la ruleta esté “arreglada” y que sería inteligente revisarla antes de seguir jugando.

Salvo que uno decida apostarle al cero y jugarse a que el croupier no cambiará de número “salidor”.

No sé bien cómo funcionan las leyes físicas a nivel atómico o en materia cuántica, tampoco en los espacios interestelares. Pero aquí, en la Tierra, entre quienes somos visibles sin microscopio ni telescopio, la casualidad y el azar son escasos o nulos.

Las cosas tienen causas y no ocurren porque sí.

Cuando el mismo número se reitera veinte veces en la ruleta, o cuando el poder y la riqueza fluyen y se amontonan siempre en el mismo destino, hay que sospechar que alguna causa hay.

La “Teoría de la Gran Casualidad” es útil para el croupier fullero, para sus cómplices, y para quienes eligen o prefieren hacerse los tontos.

Mi pedido de este año para Papá Noel es que alguno de los teóricos de la casualidad se anime a alumbrar una teoría razonable para explicar las cosas inexplicables que están pasando en el mundo.

Feliz 2023 para todos.

Hoenir Sarthou Calzavara. Abogado y Periodista. Cátedra de Filosófía y Teoría General del Derecho, Facultad de Derecho, Universidad de la República. Columnista del semanario Voces e integrante de la tertulia de En Perspectiva. 


 CAMBIO CLIMÁTICO


Frío polar en EEUU: ¿calentamiento global?
Nuestro viejo y querido planeta Tierra sigue girando ajeno por completo a las pretensiones de sus habitantes, pero para quienes viven del floreciente negocio del fraude climático el 2022 ha sido un mal año.
Fernando del Pino Calvo-Sotelo

28 de diciembre de 2022

Nuestro viejo y querido planeta Tierra sigue girando ajeno por completo a las pretensiones de sus habitantes, pero para quienes viven del floreciente negocio del fraude climático el 2022 ha sido un mal año.

Nadie lo diría, leyendo los mismos medios que repiten las mentiras sobre el covid o las sandeces sobre la guerra de Ucrania, pero los iconos del cambio climático han ido quedando al desnudo como lo que siempre fueron: mentira, propaganda, humo.

¿Sabe usted que los satélites muestran que la Tierra es cada vez más verde? A pesar del crecimiento de la población, cada vez hay más superficie cubierta por árboles[1], es decir, que no existe ya un problema de deforestación en el planeta gracias a la disminución de la superficie quemada por incendios forestales[2], a la reforestación y al aumento del maravilloso CO2, alimento por antonomasia de plantas y árboles, sinónimo de vida.

Para empeorar las cosas, diciembre ha terminado con un frío polar sin precedentes en EEUU, que los obedientes periodistas achacan a la tormenta “Elliot” como hace dos años fue “Filomena”. Ya saben, cuando hace mucho frío sólo es meteorología (una simple “ola de frío” con “vientos árticos”), pero cuando hace calor ya no hay “olas de calor” naturales y recurrentes, sino “calentamiento global”.

Por cierto, ningún “científico” supo predecir este frío siquiera con un par de semanas de antelación, pero saben a ciencia cierta lo que pasará en el planeta dentro de 100 años.

El Ártico y el oso polar
El primer ídolo climático caído es la reducción del hielo del Ártico, un mantra constante a pesar de su irrelevancia, pues sólo supone el 0,07% del hielo del planeta. Además, su potencial derretimiento no implicaría un aumento del nivel de los océanos, pues flota ya en la superficie del mar (principio de Arquímedes). El hecho es que, tras algunos años reduciéndose, la superficie media de hielo en el Ártico se está estabilizando e incluso ha crecido[3]:

Por primera vez desde el 2008 este año la ruta marítima del Norte que bordea la costa de Eurasia no ha estado libre de hielos, y en su mínimo estival la superficie de hielo del Ártico ha superado los 6 millones de km2 (12 veces la superficie de España), casi la mayor cifra desde 2007[4], año en que el periodista y político Al Gore hizo caja profetizando que en el 2013 el Ártico estaría sin hielo. Nadie ha sabido predecir este aumento, y nadie sabe por qué se ha producido.

Hablar del Ártico es hablar del oso polar, icono ecologista por excelencia convertido en víctima del “calentamiento global”. La imagen (¡de dibujos animados!) de un pobre osito ahogándose fue tan efectiva en una sociedad tan infantilizada como la nuestra que conocidas organizaciones ecologistas la utilizaron para sablear al personal en exitosas campañas.

Esto no dejaba de resultar extraño, pues el oso polar es el mamífero terrestre que tiene menos probabilidad de ahogarse: su récord de natación ininterrumpida en mar abierto es de 687 km durante casi 10 días de travesía en aguas gélidas.

Mensaje para adultos: el oso polar no es un osito de peluche sino un peligroso y despiadado depredador que despelleja a sus presas antes de comérselas (a veces, aún vivas) en una sangrienta orgía de rojo sobre blanco. También practica el canibalismo matando y comiendo crías de su propia especie[5]. Pues bien: para desmayo de sus presas, su población crece sin parar y se estima hoy en 32.000 ejemplares[6]. Uf, qué alegría.

Groenlandia y la Antártida, cada vez más fría
Groenlandia es un reservorio de hielo 125 veces más importante que el Ártico. La superficie de esta enorme isla, cuatro veces el tamaño de España, está cubierta por una capa de hielo de 3 km de espesor. Durante algunos años su hielo disminuyó ligeramente, pero también se está recuperando y este año ha estado por encima de la media desde 1980[7].

La Antártida es la mayor reserva de hielo del planeta (un 90% del total) con un volumen 1.250 veces superior al del Ártico. Como es el caso de Groenlandia, la mayor parte del hielo está cubriendo el continente con un espesor medio de más de 2km y una pequeña parte flota libremente en sus costas.

En conjunto, la Antártida está ganando hielo según un estudio de la NASA[8], pero incluso la pequeña parte que flota, mucho más inestable y objeto habitual de filmaciones en las que grandes trozos de hielo caen al mar, crece ligeramente desde hace 40 años[9].

En definitiva, parece que no deberíamos perder el sueño por el hielo del “continente helado” (llamado así por algún motivo), cuya temperatura media es de -57°C y cuyo Polo Sur se enfría ligeramente desde hace 60 años[10], habiendo sufrido su invierno más gélido en el 2021[11]:

Nadie supo predecir este enfriamiento, y nadie sabe por qué se ha producido.

La resurrección de los corales
Otro icono de la propaganda climática ha sido el blanqueamiento y destrucción de los corales causado, claro está, por el calentamiento. Dado que la primera referencia al blanqueamiento de los corales australianos data del año 1575, que los océanos apenas están mostrando calentamiento desde que se miden con las boyas Argo y que los corales son impresionantemente longevos y resistentes, la relación causa-efecto disparaba las alarmas habituales de las mentiras del fraude climático.

Esto ha quedado demostrado este año cuando, contrariamente a las cansinas profecías catastrofistas, la superficie de coral en la Gran Barrera australiana ha crecido hasta batir el récord de los últimos 36 años, especialmente en la zona norte[12].

Nadie supo predecir este aumento y nadie sabe por qué se ha producido.

Finalmente, cabe mencionar que la evidencia empírica tampoco muestra un aumento de fenómenos meteorológicos extremos: no hay ninguna tendencia apreciable en sequías, ni olas de calor, ni inundaciones, ni huracanes, como ven en el siguiente gráfico[13]:

La difícil medición de temperaturas globales
La temperatura atmosférica sólo se ha podido medir con cierta precisión desde que se desplegaron los primeros satélites en 1979, y la del mar sólo desde 2007, cuando concluyó el despliegue inicial de boyas Argo (un termómetro por cada 100.000 km2 de océano).

Así, desde 1979 (un año frío) los satélites han mostrado un aumento de temperatura de 0,13°C por década[14], variación que quizá caiga dentro del rango de error instrumental, aunque desde finales del s. XX la temperatura atmosférica apenas ha variado:

La medición de temperaturas de esa inmensidad de volumen que es la atmósfera del planeta tiene enormes limitaciones, a pesar de la seguridad con que se manifiestan algunos.

Para observaciones muy anteriores a 1979 sólo existe un limitado número de termómetros que cubren un porcentaje ridículo de la superficie del planeta (y sólo en el hemisferio norte), y que además están contaminados por el llamado “efecto de isla urbana de calor” (UHI), es decir, por mediciones hechas con termómetros que hace 100 años estaban en mitad del campo y que hoy están en medio de la ciudad (con asfalto, coches y calefacciones).

Para mediciones de temperatura en series paleoclimáticas (de miles o cientos de miles de años) la principal fuente son las estimaciones derivadas de los isótopos de oxígeno atrapados en el hielo antártico y, en menor medida, groenlandés, que dan una idea de la temperatura local (sólo en dos puntos de la Tierra) y que además se comportan de modo asíncrono.

Pues bien, coincidiendo con este ligerísimo aumento de temperaturas la concentración de CO2 en la atmósfera ha pasado del 0,025% al 0,04%. Los instigadores del fraude climático (los yonquis del poder globalistas y grandes intereses económicos) han desarrollado una simplista relación causa-efecto que, contrariamente al mantra del “consenso”, es cuestionada por muchos científicos de enorme prestigio.

Así, han culpado a una pobre criatura llamada hombre, que pasaba por ahí, del “cambio climático”, como si el clima no hubiera cambiado siempre de forma natural, y pronostican que de seguir aumentado la temperatura unos pocos grados más llegará el apocalipsis.

No sé si a ustedes les pasa, pero yo sobrevivo sin problemas a diferencias de temperatura de 10°C todos los días del año entre la mañana y la tarde y de 30°C entre el invierno y el verano. ¿Creen que el hombre y el planeta no pueden adaptarse a un suave aumento de temperatura de 1 o 2°C en los próximos dos siglos, si es que llega a producirse?

¿Qué solución proponen para evitar el Apocalipsis? Lo de siempre: más poder y más dinero para unos pocos y el empobrecimiento y la servidumbre para el resto.

El clima es cíclico y sabemos poco de él
El principio fundamental del clima es la ciclicidad, y al igual que la marea primero sube y luego baja, ni el día ni la noche, ni el frío ni el calor, ni la lluvia ni la sequía, ni el verano ni el invierno, ni siquiera los gobernantes psicópatas son eternos.

Lo mismo pasa con el clima: es cíclico y lleva cambiando desde el albor de los tiempos con glaciaciones en las que el nivel de los océanos era 120m inferior al actual y calentamientos posteriores, pero la propaganda climática ha aprovechado estos ciclos naturales para crear su relato apocalíptico extrapolando ad infinitum tendencias de corto plazo.

El clima terrestre es un sistema multifactorial, complejo y caótico sobre el cual el hombre apenas comprende una pequeña parte. De ahí que las predicciones meteorológicas fallen estrepitosamente más allá de unos pocos días o que esta increíble ola de frío y nieve en EEUU haya llegado casi por sorpresa.

Cualquier físico atmosférico honrado reconoce que lo que ignoramos del clima es mucho más de lo que conocemos. Afectado por la radiación solar, los movimientos de traslación y rotación, por las grandes masas oceánicas y sus corrientes, por las nubes, sujetas a retroalimentaciones de distinto signo, y por gases de efecto invernadero (de los que el más importante es el vapor de agua), simplemente no conocemos bien su funcionamiento.

La tendencia de las temperaturas, además, depende del punto de partida elegido. Como dice el geólogo Ian Plimer, “si usted quiere mostrar que hay calentamiento, tome el período 1979-1998; si quiere mostrar que no lo hay, escoja los últimos 24 años; si quiere demostrar que hay calentamiento por causas naturales, escoja los últimos 300 años; si quiere demostrar que hay enfriamiento, escoja los últimos 6.000; y si quiere demostrar que el clima es cíclico por causas naturales, tome el último millón de años, como hago yo[15]”.

El fraude climático
Querido lector: cuando le asusten con el cambio climático, recuerde la manipulación masiva que hemos sufrido con el covid. La táctica es similar: el miedo como herramienta de control, la ocultación de datos, el abuso de la mentira, la censura, la manipulación y corrupción de “la Ciencia”, el falso consenso, la persecución del disidente (¡negacionista!), la servil complicidad de los medios y el afán de poder.

Y no olviden que el fraude del cambio climático (“calentamiento global”) tiene un alto precio: la pérdida de la libertad y un empobrecimiento masivo, del que la inflación es un ejemplo. El objetivo final es concentrar el poder y el dinero en unos pocos.

“No existe ninguna emergencia climática” afirman más de 1.400 científicos en la World Climate Declaration[16]. Sin duda. Esa pretenciosa criatura llamada hombre no tiene el poder de determinar el clima de su planeta ni, por ahora, la capacidad para comprenderlo. Qué más quisiera.

[1] Global land change from 1982 to 2016 | Nature
[2] A human-driven decline in global burned area | Science
[3] Sea Ice Mysteries – Watts Up With That?
[4] Summer’s waning light | Arctic Sea Ice News and Analysis (nsidc.org)
[5] EXCLUSIVE: Male Polar Bear Chases and Eats Cub | National Geographic – YouTube
[6] Polar bears continued to thrive in 2021 – The Global Warming Policy Foundation (thegwpf.org)
[7] Massive Increase in Greenland Surface Ice Sheet Suggests Possible Overall Gain in 2022 – The Daily Sceptic
[8] NASA Study: Mass Gains of Antarctic Ice Sheet Greater than Losses | NASA
[9] New Perspectives on the Enigma of Expanding Antarctic Sea Ice – Eos
[10] Fifty-year Amundsen–Scott South Pole station surface climatology – ScienceDirect
[11] It has never been so cold at the South Pole | Polarjournal
[12] Annual Summary Report of Coral Reef Condition 2021/22 | AIMS
[13] Little evidence of changes in extreme weather trends – The Global Warming Policy Foundation (thegwpf.org)
[14] Roy Spencer, PhD (drroyspencer.com)
[15] Not for Greens, Ian Plimer, 2014.
[16] World Climate Declaration – Clintel

Rafael del Pino Calvo-Sotelo. Empresario español y presidente ejecutivo​ de Ferrovial. ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, por la Universidad Politécnica de Madrid en 1981.MBA del MIT Sloan School of Management (Massachusetts, EE.UU.) 


 Por: Luciano Revoredo / Enfrentamos a subversivos y organizaciones criminales

por Redacción La Razón 2 | Ene 22, 2023 | Opinión

La recuperación de San Marcos marca un hito en la situación de grave crisis que vive el país. Finalmente, el gobierno a través de esta incursión da muestras de no haber bajado la guardia y enfrenta con energía a los subversivos.

Debe quedar muy claro que el ingreso de la policía a la universidad de San Marcos está plenamente justificado y contrariamente a lo que dicen los tontos útiles de la subversión, no afecta a la autonomía universitaria, sino que al contrario la fortalece y protege.

El pronunciamiento de la propia universidad lo demuestra. Los invasores no habían cumplido con el acuerdo de abandonar el campus en el plazo razonablemente acordado, su presencia impedía el normal funcionamiento de la universidad y por otro lado habían agredido al personal y robado diversos equipos de seguridad. Es decir, cuando la policía ingresa a San Marcos no solo desaloja a invasores y secuestradores, sino que captura en flagrancia a delincuentes y lo hace al amparo del estado de emergencia.

Una de las mayores incoherencias que veíamos hasta la recuperación de San Marcos era que, cómo podíamos estar en una situación de violencia y destrucción tal, si se ha dictado estado de emergencia.

Cómo es que, si están suspendidos los derechos relativos a la libertad y la seguridad personales, la inviolabilidad del domicilio, y la libertad de reunión y de tránsito. Puedan desplazarse libremente cientos de desadaptados a poner en jaque a la ciudad capital y al gobierno mismo.

Escuchamos a políticos, ministros y periodistas decir que el bloqueo de carreteras es un delito. Un delito que tiene pena de cárcel. Cabe también preguntarse si hay algún preso por ese delito y si es un delito tipificado, cómo pueden flagrantemente tener más de 100 bloqueos activos.

En el caso de la invasión y secuestro de San Marcos se han acumulado también diversos delitos y reconforta que finalmente se haya roto la inercia y se haya actuado con la energía necesaria.

El mensaje bobalicón de buscar el diálogo con los que solo entienden el diálogo de las pedradas, las balas y los petardos está fuera de lugar. Ese camino es el que plantea la caviarada, siempre infame, que está jugando sus cartas para poner en la presidencia a uno de los suyos.

Las fuerzas democráticas deben cerrar filas y respaldar a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional en este momento en que está en juego la democracia y la misma permanencia del estado de derecho en el Perú.

Asistimos a una guerra contra grupos subversivos y terroristas, pero tras ellos están las más diversas organizaciones criminales. Desde el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, hasta sus aliados en todo el continente como son los carteles del narcotráfico.

No caigamos en los cantos de sirena de la caviarada, ni en el chantaje de los traficantes de los derechos humanos, ni en los falsos llamados de una prensa traidora que pretende vendernos una supuesta corrección política. 


 Por: JAVIER VALLE-RIESTRA / Al paredón los separatistas traidores

Perú: Problema y posibilidad
por Redacción La Razón 2 | Ene 24, 2023 | Opinión

El Perú está hoy amenazado por un separatismo traidor. Esa es la nefasta conducta del inocente pueblo de Puno, instigada inexplicablemente por un Estado inferior: Bolivia, con sus agentes subrepticios, capitaneados por el siniestro Evo Morales a quien deberían, inmediatamente, arrestársele si cruza o intenta cruzar nuestra frontera. Vivimos un capítulo inédito de los últimos doscientos años. En el virreinato la unidad fue marmórea por disciplina unionista. En los primeros años de la República esa unidad se mantuvo incólume. Se rompió temporalmente con la forja del “Norte”, “Sur” y Bolivia como Estados independientes.

Felizmente logramos que pereciera. Liquidado el divisionismo de los tres estados aludidos recobramos nuestra unidad desde 1838 que hoy es irreversible. Volvimos al Estado unitario. Pero hoy, un aventurero siniestro y torpe como Morales intenta remecer esa unidad. Si pretenden insistir, debemos desenvainar la espada y frenar la campaña separatista a sangre y fuego. Somos más país, más Estado. Aplastaremos a los traidores asociados a ese forastero intruso con toda la ira de nuestro nacionalismo patriota y unionista.

La guerra parece inexorable; si se mantiene nuestra indolencia, nuestra fragilidad. No. Nada de claudicaciones timoratas; Bolivia hace doscientos años integraba la unidad republicana. Su traición llegó al extremo de renunciar al nombre de Alto Perú. Hoy lo restauraremos con las bayonetas. Los pulverizaremos y quedaran bajo nuestras botas, tal como al inicio de la República.

II

Veamos como fue el caso de los Estados Norte, Sur y Bolivia. Según relata Basadre, eliminado Salaverry, quedó Santa Cruz “dueño” del Perú. Siguiendo los consejos del escritor José Joaquín de Mora, secretario de Santa Cruz, impulsaron a éste establecer la Confederación Perú-boliviana. Todo comenzó con la reunión de veintitrés representantes de cuatro departamentos del sur del Perú (Arequipa, Ayacucho, Cuzco y Puno) en Sicuani, entre el 16 y 22 de marzo de 1836. Acordaron independizarse y formar el Estado Sur-Peruano, con el compromiso de establecer una federación con el Estado que surgiera al Norte y con Bolivia, sobre las bases fijadas por un Congreso de plenipotenciarios que convocaría Santa Cruz, cuando mejor le pareciera. Santa Cruz fue nombrado Protector y Gran Mariscal Invicto, acuñándose monedas con su efigie.

El 10 de abril de 1836, Orbegoso dio un decreto reconociendo como Estado libre e independiente al Sur Peruano; incluso, en agosto de 1838 se instaló en el Cuzco la Corte Suprema de ese nuevo y efímero Estado Sur-Peruano.

III

Tomó más tiempo, a diferencia del Sur, la formación del Estado Nor-Peruano, porque desde el inicio hubo resistencia. La Asamblea reunida en Huaura, del 3 al 24 de agosto de 1836, acordó la creación del Estado Nor-Peruano, conformada por cinco departamentos: Amazonas (capital Chachapoyas), Huaylas (capital Huaraz), Junín (capital Tarma), Lima (capital Lima) y La Libertad (capital Trujillo); le confirió plenos poderes a Santa Cruz, nombrándolo Supremo Protector e Invicto Pacificador de toda la Confederación. El Norte como el Sur tuvieron pabellón, escudo de armas y monedas propias.

Ante ello, Basadre nos recuerda que “fue la única época en la turbulenta historia republicana en que los emblemas del Estado dejaron de pertenecer a la totalidad de la herencia nacional”. Bolivia, por su parte, cumplió los mismos trámites en la Asamblea reunida en Tapacari, en junio de 1836; ese Congreso obsequió a Santa Cruz las haciendas de Chincha y Tahuapalpa (con el nombre de Socabaya) perpetuamente para su familia, así como diversos premios y títulos. Provisto de todos los elementos legales, Santa Cruz, por decreto de 28 de octubre de 1838, declaró establecida la Confederación Perú-Boliviana y ordenó que se reuniera en la ciudad de Tacna para que un Congreso dictara las bases de la Confederación.

El Pacto de Tacna (1 de mayo de 1837) se aprobó sin debate, pero debió ser ratificado por cada uno de los tres Estados. Bolivia consideraba que había perdido su independencia al fusionarse con el Perú y rechazó el Pacto. Finalmente, por decreto dado en Lima, en diciembre de 1838, quedó disuelta la Confederación.

De un intento separatista solo quedarán traidores en marcha al paredón.

(*) Jurista, exconstituyente, exdiputado, exsenador y excongresista de la República. 
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 Guerra y clima

En un mundo consternado por una peligrosa guerra en el corazón de Europa, la preocupación ecológica que lentamente se estaba abriendo paso se ha diluido
Antonio Papell
24 de febrero del 2023. 06:50
George Soros, el rico financiero de origen húngaro que ha amasado una gran fortuna, que ha apoyado diversas causas progresistas y que ha logrado una gran influencia intelectual en occidente, acaba de publicar un análisis sobre la compleja realidad que nos acoge, en un mundo consternado por una peligrosa guerra en el corazón de Europa que absorbe y concentra todos los esfuerzos de la comunidad internacional. Mientras tanto, la preocupación ecológica que lentamente se estaba abriendo paso se ha diluido, postergada por la confrontación que acapara la atención preferente de todos los actores. En definitiva —dice Soros—, “mientras dos sistemas de gobierno se enfrascan en una lucha por el dominio global, nuestra civilización corre el peligro de colapsar por el avance inexorable del cambio climático”.
Explica Soros que este pasado mes de julio se produjo en Groenlandia un fenómeno meteorológico extremo: sobre la capa de hielo de varios kilómetros de profundidad, acumulada durante 1000 años, los científicos pudieron jugar al aire libre con bermudas y camisetas de manga corta. El derretimiento de la capa de hielo de Groenlandia aumentaría el nivel de los océanos en 7 metros.
A finales de 2022 se producía en el Polo Norte otro fenómeno inédito: el círculo polar ártico suele estar aislado del resto del mundo por vientos que rotan en dirección contraria a las agujas del reloj y que mantienen frío el interior, en tanto alrededor permanece el aire caliente. El cambio climático ha roto este esquema, el aire frío se filtra al Sur desde el Ártico y produce grandes olas de frío (en los Estados Unidos, durante la Navidad pasada), en tanto el calor entra en el ártico y derrite el hielo. Según Soros, la lucha contra este cambio ya no se logra restringiendo la contaminación (la mitigación y la adaptación): es preciso invertir recursos en el saneamiento y en la restauración. Urge, en fin, “reparar” el cambio climático, provocando por ejemplo el “efecto albedo”, a base de nubes blancas que regeneren el clima ártico (la idea es del científico David King, y está ganando adeptos). Y ello obliga a tomar grandes y caras decisiones, antes de que sea demasiado tarde.
Mmientras el clima del planeta lo vuelve inhabitable, la atención de la humanidad está centrada en una guerra absurda que nos desangra y nos inutiliza"
En suma, la reflexión de Soros es inquietante y desoladora: mientras el clima del planeta lo vuelve inhabitable, la atención de la humanidad está centrada en una guerra absurda que nos desangra y nos inutiliza. Deberíamos detenernos un momento a reflexionar. 


CAÍN Y LA RUTA HACIA LA INDIA: LA GENÉTICA DESCUBRE UNA MIGRACIÓN DESDE LA TIERRA DE SARAZM

CAÍN Y LA RUTA HACIA LA INDIA: LA GENÉTICA DESCUBRE UNA MIGRACIÓN DESDE LA TIERRA DE SARAZM Por Iván Oré Chávez para Realbiopolítica. «Y sal...