jueves, 6 de abril de 2023

 Ni "mujer", ni "mamá"... ¡esos nombres y tus derechos serán alterados!

Las incito a desbaratar esas infernales fuerzas de élites internacionales y sus nefastas pretensiones.
Por Evelyn de Sol
29 de Mayo de 2022 - 00:00 HS
Finalizando este mes de la Madre, deseo honrar a mujeres y mamás del mundo e impulsarlas a enfrentar valientemente a quienes quieren desaparecernos como mujeres destruyendo nuestra equilibrada estabilidad materno-femenina. Las incito a desbaratar esas infernales fuerzas de élites internacionales y sus nefastas pretensiones.

MADRE: El gobierno EUA ha decidido suprimir de todo vocablo la expresión "madre", derecho inviolable de toda mamá, cambiándolo a "Persona Gestante" ("Birthing People"). También la palabra MUJER relativa al sexo femenino que nos distingue del hombre, siguiendo esta línea "antimadre"/"antimujer", hizo al Gobierno chileno cambiarla a "Persona Menstruante" ("Menstruating People").

Esta infamia proveniente de activistas globalistas que emergen en EUA del Marxismo/Cultural está siendo fomentada por nuevo tentáculo allá, denominado Woke (despertado). Wokes son agitadores/"despertados" promoviendo "La nueva Justicia Social"... contra la "desigualdad social" estando orientada, entre otros, hacia la disparatada "Ideología de Género" y al "Universo Alterno". (O universo de locos rematados... o élites perversas). Un pequeño ejemplo es exigir poner Kotex en los baños de hombres...

Lo más paradójico de esto es que quien está a la cabeza de esta situación es nada menos que el presidente Joe Biden. Denuncias comprobando esto están en conocidos rotativos como Newsweek o The Baltimore Sun (mayo de 2022) pudiendo verse en Internet. Similarmente, y no en pocos videos de Biden, se exponen estos lineamentos contra la legitimidad de nuestra identidad femenina. Todo un plan adherido al Feminismo Internacional, al Globalismo Salvaje de la ONU y sus tentáculos englobados en la famosa aspiración del "Nuevo Orden Mundial" (NOM). Este calificativo "NOM" es el mismo presidente Biden quien lo anuncia reiteradamente en los últimos tiempos. Ver videos "Biden y NOM" en Internet. Una verdadera confabulación contra nuestra naturaleza humana, contra la familia, contra la civilización y hacia la extinción de nuestra especie mediante el aborto, matrimonio gay, Ideología de Género...

En reciente video filmado en la Sede del Congreso Español, una congresista contraria a la ideología filo-comunista de la ministra Ione Belarra, del Partido Podemos, expone a esta públicamente en fuerte discusión acerca del Globalismo y la Agenda 2030, esgrimiendo libro escrito por Klaus Schwab, fundador presidente del Foro Económico Mundial y autor del "Gran Reseteo" (que pretende transformar el modelo económico mundial tras la pandemia, e igualmente desfigurar la teoría de una conspiración global) y denuncia a esa peligrosa Agenda 2030 como la hoja de ruta de la ONU para un fingido "desarrollo". Schwab es además miembro activo del famoso Club Bilderberg, donde cuyos miembros –las élites mundiales multimillonarias sin patria que tanto influyen en la ONU, OMS, Fondo Monetario Internacional– se reúnen en diferentes ciudades europeas para planificar los destinos del mundo y la humanidad: los Clinton, Obamas, los Bush, el centenario Henry Kissinger, George Soros, Klaus Schwab, Pelosi, familia Joe Biden, élites Rockefeller y Ford, Ted Turner, Bill Gates, Príncipe Carlos, parte de realeza europea, más muchos otros poderosos.

La congresista española contra Belarra espetó: "Globalismo Salvaje y Agenda/2030 intentan destruir la soberanía de las naciones, cediéndola a la ONU, OMS, y al FMI, eliminando sus: 1)-estado de derecho, 2)-la separación de poderes, 3)-el respeto al Imperio de la Ley, 4)-la propiedad privada, 5)-la libertad de expresión. Todo lo que garantiza el buen funcionamiento de las sociedades, dando derechos de ciudadanía a la familia, la nación y la trascendencia".

En tu mes, madre, recuerda la frase de aquel profesor: "Educar al hombre es educar un individuo, educar a la mujer es educar al universo entero". Y sí, la humanidad total solo puede crecer en el vientre materno, el hombre allí solo aporta una célula. ¡Mujeres y madres unidas podemos derrocar al Neo-comunismo! No dejemos que destruyan nuestra civilización.


 Ucrania: neonazismo y rusofobia

José Steinsleger
Periódico La Jornada
miércoles 01 de junio de 2022
Uno. Densa historia política de Europa y sus inescrutables conflictos de identidad nacional. Dígale “español” a un vasco, y verá lo que pasa. Dígale “inglés” a un escocés, y verá lo que pasa. Y mientras esperamos que en Ucrania “nórdicos” y “eslavos” terminen su guerra con besos, veremos que Hitler fue algo más que un accidente en el alambicado cacumen europeo. Y después dicen que en América Latina somos “nacionalistas”. ¡Já!

Dos. Los partidos alemanes acaban de acordar la creación de un fondo especial de… ¡100 mil millones de dólares! Para gastos de Defensa, claro. Annalena Baerbock (verde que te quiero verde y ministra del Exterior del “socialdemócrata” Olaf Scholz), declaró: “Es un buen compromiso con el que nos aseguramos que la OTAN pueda confiar en nosotros” (agencias). Como si la OTAN, corazón, no se hubiera acostado día tras día desde 1945, haciendo de tu “culto y racional” país, un protectorado de Washington (con o sin “muro”).

Tres. Las derechas europeas vuelven a ensayar sus ejercicios aeróbicos preferidos: marchar a paso redoblado. Aunque no “de ganso”… por ahora. En tanto, los neonazis pescan en río revuelto, y las izquierdas, entumecidas, se aferran a los maderos flotantes del navío que transportaba el “contrato social” de Jean Jacques Roussseau.

Cuatro. En comparación con los “locos años 20”, el cuadro muestra peligrosas semejanzas, antes que diferencias. Con el añadido de la loquísima paradoja en curso: si entonces Rusia era socialista, acontece que hoy, cuando es capitalista, el casus belli permanece inalterable: la rusofobia.

Cinco. Rusofobia: legendaria obsesión de la “Mitteleuropa” que el abuelo de los Bush (Prescott Bush, 1895-1972), destacado activista del movimiento eugenésico, retomó el día que los bolcheviques acabaron con la dinastía Romanov (1613-1917). Y en el decenio de 1930, junto con otros de la casta divina (Ro­ckefeller, Ford, Krupp, Thyseen), contribuyó a financiar el rearme alemán (expresamente prohibido en el Tratado de Versalles), a través de la Union Banking Corporation, controlada por Averrel Harriman (1891-1986), hijo de Edward, el magnate de los ferrocarriles gringos.

Seis. ¿Que el sicoanálisis puede auscultar la rusofobia? Ignórolo. A los iniciados, sugiero consultar al inglés Arnold Toynbee, autor de un monumental Estudio de la historia, donde plantea que desde la época del zar Pedro I, El Grande, todos los imperios intentaron apoderarse de los ingentes recursos naturales de Rusia (“Edades heroicas: relaciones entre civilizaciones y espacio”, tomo VIII, 1954). Y a los no iniciados, recordar las palabras de Victoria Nuland: “A la mierda la Unión Europea” (UE).

Siete. Representante de su país en la OTAN (2005-08), espada de Hillary Clinton y asesora del secretario de Estado Antony Blinken, la sionista Nuland fue enviada especial en Ucrania, representando al Departamento de Estado. Y manifestó lo dicho mientras discutía la estrategia a seguir para la “transición” (leáse golpe de Estado), con el embajador de Washington en Kiev (agencias 7/2/14). Junto con la CIA, Nuland promovió la creación del temible batallón neonazi Azov. Y en casa, intercambiaba las novedades del exótico país eslavo con su esposo, el ultraconservador belicista Robert Kagan.

Ocho. Con o sin los Romanov, con o sin Lenin y Stalin, europeos y anglosajones supremacistas le endosan a Vladimir Putin: “y tú también”. Sin embargo (y fuera de si Suecia ingresará a la OTAN), el dicho “hacerse el sueco” cierra con los dirigentes de la UE: “Hay tres cosas que recordar: reclamar todo, no explicar nada y negarlo todo” (Prescott Bush).

Nueve. A la vuelta de la historia, parecería que el galimatías del filósofo filonazi Martin Heidegger guarda algo de razón: “La lógica profunda de la historia occidental es el nihilismo, que empieza con Platón y se consuma en la esencia de la técnica moderna, es decir, en la decadencia contemporánea” (Franco Volpi, Sobre Heidegeer: cinco voces judías, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2008, p. 13).

Diez. La obra de Toynbee (sí, ya sé que no era marxista), cayó en desgracia entre los historiadores del mainstream. Le reprochaban que su reconocimiento a los mitos, alegorías y religiones de los pueblos, subestimaba los “datos reales”. Asuntos que para asombro de los izquierdistas del mundo entero, fueron seriamente debatidos en la primera reunión de los países “no alineados” (Bandung, 1955).

Once. La guerra de Ucrania y el nuevo rearme alemán, enviaron al cajón de sastre las grandes ideas de liberales, conservadores, socialistas, democristianos, socialdemócratas, eurocomunistas, ecologistas, neomarxistas, etnomarxistas, posmarxistas, et al. Algunos continúan dando batalla. Pero obligados, como en el decenio de 1920, a forjar alianzas y coaliciones con las extremas derechas.

Doce. Aguas con el futuro. Junto con el virus del mono, el alza exponencial en el precio de los alimentos viene en camino. No se preocupe: habrá nuevas aplicaciones.


 La Agenda globalista

Por: Umberto Mazzei | Viernes, 10/06/2022 12:14 PM | Versión para imprimir
Escuchando a George Soros en Davos uno diría que tiene prisa y que la máscara se cae.
Los globalistas ahora están pasando a su "fase de muerte" de exterminio humano, abandonando todas sus estrategias anteriores de tratar de ocultar sus verdaderas intenciones.
Ahora hablan abiertamente de cortar la energía a la humanidad, matar a la gente de hambre con interrupciones en el suministro de alimentos, restablecer las monedas globales para hundir a la humanidad en la pobreza y lograr la despoblación mediante el uso de vacunas y medicamentos mortales. Parece que la desean alcanzar la meta ahora más temprano que en 2030.
Sus planes ahora se están acelerando agresivamente hasta el año 2025, con la esperanza de exterminar a miles de millones de seres humanos para ese momento. Las provocaciones a Rusia enviando armamento mas letal a Ucrania puede que tengan ese objetivo.Entrar en una guerra nuclear.
Pero que sucede si Rusia gana. En ese instante los globalistas pierden el control de todas las instituciones, como la WHO, que ahora manipulan para sembrar terror. Pierden el control financiero al substituirse el USDolar con otra referencia internacional de valor como puede ser la implementación delBancor que Keynes o mas probablemente el rublo y el yuan para los pagos internacionales; pero es seguro quel dólar y el euro dejarán de ser referencias internacionales de valor. Las fortunas en dólares virtuales desaparecerán y Moscú embargará sus bienes tangibles.
La ONU se mudará de New York parallegar. por fin a ser un verdadero organismo multilateral. Habrá un Consejo de Seguridad mejor equilibrado que ayude en serio a mantener la Paz Mundial y las potencias despotenciadas no tendran poder de veto.


 Soros y el régimen de Kiev… La apuesta por el diablo

Europa, Política 20 octubre, 2022 Finian Cunningham

Soros y el régimen de Kiev... La apuesta por el diablo
El régimen de Kiev, respaldado por la OTAN, está promulgando nuevas leyes draconianas que desterrarán toda disidencia. Cualquier opinión que no esté alineada con el régimen se considerará traición y se prohibirá, e incluso será objeto de persecución y represión violenta.

Las nuevas leyes consagran una campaña despiadada contra los medios de comunicación independientes en Ucrania, que ha hecho estragos durante los últimos cuatro años bajo la presidencia de Vladimir Zelensky. Los partidos políticos de la oposición y las asociaciones de prensa han sido clausurados, y los periodistas disidentes han sido objeto de violencia o se han visto obligados a exiliarse. La tendencia tóxica contra la libertad de expresión se remonta al golpe de Estado del Maidán, patrocinado por la CIA, que derrocó al gobierno surgido de las elecciones en febrero de 2014.

Ese golpe llevó al poder a un régimen de extrema derecha en Kiev que se enorgullece de quienes colaboraron en el pasado con la Alemania nazi. Más de un millón de judíos fueron exterminados por los fascistas ucranianos en nombre del Tercer Reich.

Las contradicciones en el seno del régimen de Kiev dan que pensar. El presidente, Zelensky, es supuestamente de origen judío. Sin embargo, su régimen está apuntalado por paramilitares de corte nazi, como los batallones Azov y Aidar, que forman la columna vertebral de las fuerzas armadas ucranianas. El patrón financiero de Zelensky era el oligarca ucraniano Igor Kolomoisky, que también es judío, y sin embargo Kolomoisky financia a paramilitares neonazis.

Los gobiernos occidentales que dicen ser custodios de la «democracia» y la «libertad» han estado bombeando miles de millones de dólares en armamento al régimen fascista de Kiev encabezado por un presidente judío. Los gobiernos y medios de comunicación occidentales tratan de cuadrar esa contradicción afirmando que el régimen de Zelensky es una «democracia» y encubriendo su conducta pro nazi. El armamento de Ucrania enviado desde 2014 por Estados Unidos y otros miembros de la OTAN está impulsando de forma temeraria una guerra mundial con Rusia. Las llamadas democracias occidentales están alineadas con el fascismo en una guerra incipiente contra Rusia que podría terminar en una catástrofe nuclear. Para quienes prestan atención histórica a las verdaderas causas y a la geopolítica de la Segunda Guerra Mundial –la interacción de las potencias occidentales y la Alemania nazi– y la posterior Guerra Fría, el actual enfrentamiento puede no resultar sorprendente.

Las relaciones de una figura pública occidental con Ucrania son particularmente sorprendentes por su incongruencia. George Soros, el multimillonario filántropo estadounidense, fue uno de los primeros partidarios del cambio político en Ucrania tras su independencia de la Unión Soviética en 1991.

A través de su Open Society Foundation, Soros canalizó millones de dólares para promover la «revolución» del Maidán en Kiev. Soros trabajó mano a mano con el gobierno de Estados Unidos y sus agencias – la CIA, la National Endowment for Democracy y la USAID–, para crear «grupos de la sociedad civil» y una letanía de organizaciones de medios de comunicación que impulsaron puntos de vista antirrusos.

La Open Society Foundation de Soros sigue proclamando hasta hoy que «está con Ucrania» y acusa a Rusia de estar llevando a cabo un «asalto a la democracia». La OSF tiene el objetivo de recaudar fondos hasta 45 millones de dólares que, según dice, se utilizarán para «proteger a la sociedad civil ucraniana».

La realidad que se esconde tras la retórica de Soros es que el régimen de Kiev está dominado por fuerzas nazis que pretenden aplastar cualquier disidencia y libertad de expresión, como demuestran las nuevas leyes represivas sobre los medios de comunicación.

Incluso las organizaciones no gubernamentales occidentales financiadas por Soros, como Reporteros sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas, con sede en Estados Unidos, han condenado el escandaloso ataque a la libertad de expresión por parte del régimen de Zelensky.

No se trata sólo de una desafortunada cuestión de malas compañías. Soros y el Departamento de Estado de Estados Unidos, junto con el entonces vicepresidente Joe Biden, fueron fundamentales para llevar al régimen de Kiev al poder en 2014. Fueron fundamentales para construirlo como una agresiva punta de lanza antirrusa que repudió los acuerdos de paz de Minsk de 2014-2015 y fomentó la actual guerra con Rusia.

Soros, que durante muchos años ha expresado públicamente una profunda antipatía personal hacia el presidente ruso Vladimir Putin, parece haber utilizado hábilmente a Ucrania como un campo de juego geopolítico para promover sus intereses personales y empresariales. El multimillonario capitalista tiene sus ojos puestos en la privatización de las industrias ucranianas de energía y agricultura. Por supuesto, los intereses imperialistas de Washington y la OTAN encajan perfectamente con su aparente filantropía.

Desde hace tiempo se acusa a Soros de promover «revoluciones de colores» en nombre de Washington para desestabilizar a los adversarios geopolíticos, Rusia y China en particular.

El caso de Ucrania es especialmente significativo. La temprana participación de Soros en la promoción del violento golpe de Estado de Kiev condujo directamente a la creación de un régimen extremo y reaccionario que sirvió obedientemente a los intereses imperialistas de Washington contra Rusia, al tiempo que causaba la miseria de la mayoría de los ucranianos. La cábala gobernante de Kiev está plagada de corrupción, de anarquía pro-fascista y de estrangulamiento de una sociedad cívica en vías de extinción bajo un presidente judío autocrático amado por Hollywood y las agencias de inteligencia estatales occidentales.

Las grandiosas afirmaciones de Soros de apoyar el «periodismo independiente» y la «sociedad cívica» han demostrado ser falsas ante la actual represión de la libertad de expresión en Ucrania.

Esto nos lleva a la última y quizás más inquietante contradicción: George Soros (92), nacido en 1930 en el seno de una familia judía, creció en Hungría durante la ocupación nazi, siendo un adolescente que intentaba evitar ser enviado a una cámara de gas. Ha admitido haber ocultado su identidad judía como cristiano. Se insinúa que colaboró siendo adolescente con el régimen nazi en Budapest informando sobre las propiedades judías para su confiscación. Él niega haber participado en ninguna fechoría y dice que sólo era un joven desventurado que acompañaba a un agente inmobiliario pro-nazi.

Hay que reconocer que algunos miembros de la derecha antisemita estadounidense han tratado de hacer pasar a Soros por un «globalista nazi» de forma ridícula.

Años después de la guerra, Soros emigró a Occidente y más tarde obtuvo su enorme riqueza como capitalista buitre apostando contra los perdedores. Es conocido por ser el «hombre que quebró la libra esterlina» y por haber obtenido un beneficio de mil millones de dólares en un solo día durante un colapso del mercado en 1992.

Digamos que George Soros tiene un sentido preternaturalmente agudo del oportunismo depredador. Un multimillonario de origen judío que financia un régimen pro-nazi en Ucrania para que haga su voluntad no está más allá del cálculo cínico. En eso consiste el capitalismo.

Fuente: Social Strategic Foundation.


Agenda 2030: El papel de EE.UU. (Parte II de “Pedro Sánchez en la cima del socialismo fabiano”)

Marcelino Lastra
9 diciembre, 2022

Hace 99 años nacía Heinz en la ciudad alemana de Fürth, Baviera, muy cerca de Nüremberg, lugar éste conocido por albergar al famoso tribunal contra los crímenes nazis de la II GM. El próximo mes de Mayo, Heinz cumplirá 100 años; sigue en activo; posiblemente, no exista en el mundo de los vivos alguien con más experiencia en la construcción del poder en la dialéctica de Estados e Imperios; tampoco en la destrucción del poder del contrario; recordemos que poder es la probabilidad de que alguien haga lo que otro desea. No existe el poder propio sin la obediencia ajena; mayor será el poder cuanto mayor sea su alcance. En la geopolítica, el poder se mide por la influencia -a veces, simplemente obediencia- de unos Estados o Imperios sobre otros. Siguiendo al politólogo Marcelo Gullo, considero que los ejes principales del poder son tres: el militar, el económico y el cultural, siendo este último el de mayor capacidad de subordinación.

En 1974, Heinz tenía 51 años; había cambiado su nombre alemán por el de Henry; Henry Kissinger había entregado cuerpo y alma trabajando por su país adoptivo, EE.UU.; en concreto, en la consolidación y perpetuación de su hegemonía en un mundo marcado por la pugna con la URSS.

En esa fecha, EE.UU., con el 6% de la población mundial, consumía alrededor del 30% de las materias primas en circulación.

¿Cuáles eran las zonas de clara influencia directa de EE.UU., o indirecta a través de aliados subordinados?: La anglosfera, Europa continental y sus islas, Israel, Japón, Corea del Sur, los países del Golfo, África e Iberoamérica

¿Qué debería hacer para mantener la hegemonía imperial en dicha zona? Dos cosas:

1.-Asegurarse el control de las materias primas.

2.-Evitar el desarrollo industrial, tanto de los países más desarrollados como de los menos.

Heinz, ya devenido en Henry, encargó un informe titulado:

Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200 -NSSM 200-: Implicaciones del crecimiento de la población mundial para la Seguridad de EE.UU.

En realidad, el temor de Kissinger no era tanto por el aumento de la población en sí, como la repercusión que tendría en el consumo de materias primas por parte de los países poseedores de las mismas.

Kissinger se daba cuenta de que el aumento de población conllevaría a una reducción de los recursos naturales disponibles para EE.UU., en favor de los países que los albergaban; al desarrollo industrial para atender la demanda de los nuevos ciudadanos y, como consecuencia del desarrollo, la aparición o fortalecimiento de una competencia indeseada.

El freno al desarrollo ajeno se convirtió en política de Estado. Ya había existido; el Imperio Británico fue un triste maestro en su práctica y los EE.UU. la impusieron desde el final de la II GM, pero la intensidad por el control de las materias primas adquirió una virulencia desconocida; una guerra híbrida de 360º que lo ha abarcado todo: el campo militar, el económico-financiero y la subordinación cultural.

A partir del Informe Kissinger de 1974, el mantenimiento y perpetuación del poder de EE.UU. se vinculará, sin miramientos, a tres tipos de controles: demográfico, recursos naturales y crecimiento industrial; utilizando, como nunca antes, una herramienta mortífera: el arma de la subordinación cultural.

El impulso, sin precedentes, de la ideología abortista, de la ideología de género, de los derechos identitarios psicologistas, de la multiplicidad de tipos de familias (en España se pretende aprobar 16 distintos), de la cosificación de la persona y humanización de los animales, etc., no son más que instrumentos para promover relaciones no reproductivas a fin de reducir la población mundial, hasta el punto de que en países con claro suicidio demográfico, como España, predominan la propaganda e incentivos proabortistas en detrimento de los que promuevan la natalidad, o el caso reciente de Paraguay: la UE ofreció una ayuda al desarrollo de 32 M de euros, siempre y cuando se introdujera la ideología abortista en su legislación. Para entender el disparate, veamos esta comparación sencilla:

Paraguay tiene una extensión parecida a la España peninsular (406.752 Km2 vs 494.011 Km2) La densidad de población del país sudamericano es de 17,8 hab/Km2, frente a 94 de España. Puede observarse que Paraguay está prácticamente desierto ¿Qué sentido tiene incentivar la reducción de su natalidad? Muy sencillo, despoblarlo aún más para apoderarse de sus recursos; porque esto no va de derechos; va de controlar las materias primas y, con ello, asegurar la continuidad de la hegemonía de EE.UU. en su zona de influencia planetaria.

Por su parte, la imposición del fundamentalismo ecológico, cuyo ariete es el omnisciente cambio climático, es un planteamiento totalitario sobre el que está prohibido no sólo disentir, sino debatir; donde cualquier científico contrario a sus postulados absolutistas es borrado del mapa y expulsado al ostracismo. Nos afirman día tras día que “la nieve es negra”, tal y como planteaba Bertrand Russell y son los científicos apoltronados en la ubre del sistema quienes se encargan de neutralizar a los colegas que reclaman a gritos un debate abierto y sincero; es decir: científico. Los señalan como negacionistas, presentándolos a la sociedad como los “excéntricos” de los que también hablara el propio Russell. Este fundamentalismo es el método elegido para frenar el desarrollo industrial, por tanto, la entrada de nuevos competidores o la mejora de quienes ya lo son. Suele hablarse de que China es el primer país en emisiones de CO2 y que la India no para de aumentar las suyas. Poco o nada se dice sobre EE.UU.: Es el segundo emisor en cifras absolutas y el primero per cápita. Lo digo porque si se aceptara como cierto un parámetro tan dudoso como el CO2, EE.UU. no estaría en condiciones de exigir nada a nadie.

La ambición geopolítica de las élites estadounidenses casan perfectamente con la cosmovisión supremacista anglosajona, aristocrática, globalista, de una sociedad organizada estamentalmente, a la que se le asegure el sustento básico a cambio de no molestar o, mejor dicho, obedecer, soñada por los socialistas fabianos.

Hace casi cuatro décadas que en España se impulsó la Agenda 2030 aunque, entonces, nadie la conoció por ese nombre. Lo desarrollaré en la siguiente entrega. 


 Alejandro Macarrón: «Una sociedad sin ganas de tener niños es una sociedad suicida»

El coordinador del Observatorio Demográfico del CEU advierte en El Efecto Avestruz de los riesgos de la «desvalorización» de la natalidad
18/12/2022 Actualizada 04:20

«El gran reto demográfico de nuestro país no es la España vaciada, sino la natalidad», asegura el coordinador del Observatorio Demográfico del CEU, Alejandro Macarrón. El también director de la Fundación Renacimiento Demográfico advierte en El Efecto Avestruz, el programa de entrevistas de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP), sobre la desertificación afectiva de la sociedad española, el riesgo de una gerontocracia electoral y la necesidad de pasar a la acción.

–Hace unas semanas sabíamos que el número de perros en España duplica al de niños de entre 0 y 9 años. ¿Tenemos un problema?
–Yo de animales no entiendo mucho, pero lo que me preocupa no es que haya muchos perros, sino pocos niños. Es muy preocupante, porque los niños son el futuro, la alegría y la vida presente. Una sociedad sin niños no puede perdurar, y ha habido una desvalorización espantosa y suicida de las ganas de tener niños en nuestra sociedad. Y digo suicida porque nos lleva a la desaparición de la sociedad.

–¿Qué datos destaca para entender la encrucijada demográfica en España?
–Mira, en 2021 nacieron la mitad de niños que en 1976, cuando comenzó la Transición. Y, si nos fijamos solo en las madres españolas –esto es, sin tener en cuenta la inmigración–, el descenso es del 64 %: una caída brutal en poco tiempo. Hoy las españolas tienen aproximadamente 1,2 hijos por mujer –haría falta una tasa de 2,1 para alcanzar el llamado reemplazo poblacional–, lo que significa que cada nueva generación es un 45 % menos numerosa que la anterior. Y así la población va disminuyendo.
–Y también envejeciendo.
–Claro, porque la gente no se muere de golpe: va habiendo mucha gente mayor en proporción a los jóvenes, y esa sí es una distorsión muy mala para una sociedad. ¿Por qué? Por ejemplo, el consumo se resiente. También la democracia, que se convierte en una gerontocracia electoral en la que se ven sobredimensionados temas que importan a esta población, como las pensiones.
En España se ha multiplicado por seis el porcentaje de personas que viven solas

–¿El envejecimiento de la población va ligado al aumento de la soledad?
–El envejecimiento, la falta de niños y las rupturas familiares llevan a un panorama de desertificación afectiva, donde cada vez más gente vive sola, sí. En los últimos 50 años, en España se ha multiplicado por seis el porcentaje de personas que viven solas: de 660.000 en 1970 a cinco millones hoy en día.
–Muchas veces al hablar de esta situación, se piensa que la inmigración rejuvenecerá la pirámide de población y aumentará las tasas de natalidad.
–Si no aumenta el número de hijos por mujer, las previsiones nos indican que la población española nativa decrecerá en unos 14 o 15 millones en los próximos 50 años. Por tanto, analizando las últimas proyecciones del INE, más de la mitad de la población de España dentro de medio siglo no tendrá origen autóctono. A mí me parece que empezamos mal si pensamos que, ya que nosotros renunciamos a tener hijos, que vengan otros y los tengan por nosotros. No parece un principio muy sólido para ningún tipo de problema.
–¿No es, por tanto, la solución?
–Como máximo, una solución parcial, o incompleta. Para empezar, el futuro de la población inmigrante, o foránea, es una incógnita, a pesar de las previsiones, porque no sabemos si seguirán viniendo en masa. Además, la gran mayoría de inmigrantes que vienen están poco cualificados, y no podemos ignorar el riesgo del choque de culturas. Ser xenófobo es inmoral, pero es un estupidez pensar que no hay peligro si los inmigrantes no se integran bien. Los choques de culturas existen desde que el mundo es mundo.
Alejandro Macarrón
Alejandro MacarrónJosé María Visiers

–¿Cómo valora las políticas adoptadas frente al desafío demográfico?
–Hasta hace pocos años no se hacía nada, y ahora se empieza a hacer algo, sobre todo en las comunidades autónomas, pero muchísimo menos de lo que se debería. Además, hay medidas que se están tomando que, por desgracia, están muy equivocadas. Por ejemplo, el organismo estatal llamado Reto Demográfico no toca natalidad, que es el gran reto demográfico en España. Y luego en los planes de natalidad se dan ayudas que ningunean al padre, o se dan incentivos a familias monoparentales sin tener en cuenta el nivel de renta… Eso no es pro-natalidad ni es pro-familia. Uno se pregunta si son esfuerzos reales para combatir la baja natalidad o son medidas electoralistas. Electoralistas y equivocadas.
–Hay quien elucubra sobre élites globalistas interesadas en reducir la población, ¿qué base tienen estas teorías?
–Bueno, hay declaraciones de gente en organismos muy importantes o de gente con mucho dinero que dice esas cosas, sí, pero también hay muchísima gente de todo tipo que no. Por otra parte, la fecundidad lleva cayendo desde muchas décadas antes de que existiesen estos movimientos. Esto de echar la culpa… Decía Edmund Burke que para que el mal triunfe basta con que los buenos no hagan nada, y creo que nos quejamos demasiado. Los ricos de izquierdas, como George Soros, que financian movimientos anti familia, son mucho más coherentes que los ricos de derechas que se quejan en privado. Los otros ganan la batalla de las ideas por incomparecencia. 


 El control de la población y el ocaso de Occidente

Por Gabriel Le Senne

En el año 1974, del 19 al 30 de agosto, la ONU celebró la Tercera Conferencia Mundial de Población en Bucarest, Rumanía. La Conferencia adoptó el “Plan de Acción Mundial sobre Población”, que estableció que “los objetivos de población son parte integral de las políticas de desarrollo”.

Analicemos esta afirmación. En primer lugar, implica que los países, es decir, sus gobernantes, deben tener “objetivos de población”. O sea, que deben decidir cuántas personas pueden vivir en su territorio, y establecer estrategias y medidas para limitarse a ese número de personas. En segundo lugar, integran estos “objetivos de población” dentro de las “políticas de desarrollo”. Es decir, que desde entonces las “políticas de desarrollo” de la ONU pueden consistir en políticas de control de la población. Evidentemente, tales políticas sólo pueden consistir o bien en eliminar personas, o bien en evitar que nazcan personas. De modo que las “políticas de desarrollo” pueden consistir en medidas para eliminar o evitar que existan personas. Toma del frasco.

Sobre ese marco aprobado por la ONU, Estados Unidos elaboró el “Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200” (“NSSM 200”), que se completó el 10 de diciembre de 1974 bajo la dirección de Henry Kissinger y fue adoptado como política oficial de EE.UU. por el presidente Gerald Ford en noviembre de 1975.

Este Memorando concedió máxima importancia a las medidas de control poblacional, por considerar que el crecimiento demográfico era una amenaza para EE.UU. Así, recomendó influir en los líderes de otros países para impulsar métodos anticonceptivos, el aborto inducido (“ningún país ha reducido su crecimiento poblacional sin recurrir al aborto”, dice textualmente) y un largo etcétera.

Entre los precedentes de este Memorando figura el informe de la Comisión Rockefeller de 1972 y un memorándum preliminar entre dos de sus miembros (el memorándum de Jaffe de 1969), en el que se analizan otras propuestas expeditivas para el control poblacional, entre las que cabe destacar, porque hoy desgraciadamente resultan conocidas, medidas tales como retrasar o evitar los matrimonios, alterar la imagen de la familia ideal, fomento de la homosexualidad, educación obligatoria de los niños en estas materias… Entre otras muchas.

Se ha continuado avanzando en estas políticas, por ejemplo en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo celebrada por la ONU del 5 a 13 de septiembre de 1994, en El Cairo, Egipto o en la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing en 1995.

Tomar en consideración esta estrategia adoptada hace décadas desde instancias internacionales ayuda a entender qué hay detrás de tantas leyes y cambios culturales que ahora mismo se impulsan desde el poder, porque todo —feminismo, aborto, promiscuidad, LGTBI, eutanasia, eco-catastrofismo—, todo coadyuva al mismo objetivo: que rechacemos ‘libremente’ matrimonio e hijos. Y vaya si lo están consiguiendo.

Por eso en España cada generación está siendo ya la mitad que la anterior, y sin embargo ningún partido —salvo una honrosa excepción— habla del problema, y cuanto hacen las autoridades tiende a agravarlo en lugar de intentar remediarlo, como haría cualquier gobernante medianamente normal.

Todo lo que se conoció como Occidente, en general, está abocado a la desaparición en un proceso gradual que comenzó hace tiempo y que se completará en pocas décadas. Nos sustituirán inmigrantes, o no, porque a saber si nuestra economía podrá mantener algún atractivo o acabará colapsando irremisiblemente.

En unos cincuenta años hemos pasado de una sociedad demográficamente sana a una insostenible. En los próximos cincuenta, desapareceremos como cultura ‘nacional’: seremos minoría en nuestros propios países. O incluso desaparecerán esos países. Europa, la que conocimos, la que por su civilización y su demografía pujante marcó una era, habrá pasado definitivamente a la historia.

A los historiadores que se pregunten por las causas de la caída, habría que explicarles: primero derribaron los principios ideológicos y culturales que la sostenían; luego cayó sola. Un suicidio liderado por nuestras propias élites. 


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