miércoles, 2 de septiembre de 2026

EUROPA ANTES DE LA MASONERÍA LUCIFERANA: LOS MAESTROS MASONES CRISTIANOS

EUROPA ANTES DE LA MASONERÍA LUCIFERANA: LOS MAESTROS MASONES CRISTIANOS

Mucho antes de que la escuadra y el compás se convirtieran en símbolos de la masonería moderna, eran instrumentos de trabajo de los maestros masones que construyeron las grandes catedrales de la Europa cristiana. Estos hombres no eran simples albañiles: diseñaban edificios, dirigían las obras y manejaban conocimientos prácticos de geometría, proporciones y construcción transmitidos dentro del oficio.



Un hallazgo realizado en la catedral de Santa María y San Julián de Cuenca permite observar directamente ese mundo. Durante unas obras efectuadas hacia 2009-2010 aparecieron en el cimborrio dibujos que habían permanecido ocultos detrás de antiguas estructuras de madera. Entre ellos se encontraron pruebas de geometría, un círculo trazado con compás y el dibujo de la cabecera de una iglesia con girola y deambulatorio.

UN PLANO DE HACE OCHO SIGLOS

El dibujo resultó especialmente extraño porque la catedral de Cuenca no tuvo girola hasta el siglo XV. Al compararlo con otras plantas medievales se encontró una notable correspondencia con la girola de la catedral de Burgos.

Existe además una conexión histórica entre ambos templos. Mateo Reinal fue obispo de Cuenca y posteriormente de Burgos. Mientras el maestro responsable de la segunda fase de construcción de Cuenca, a comienzos del siglo XIII, permanece sin identificar documentalmente, en Burgos aparece el maestro Enrique.

Los investigadores plantean por ello que Enrique pudo haber trabajado anteriormente en Cuenca y que el dibujo conservado en el cimborrio estuviera relacionado con soluciones arquitectónicas posteriormente empleadas en Burgos. La atribución continúa siendo una hipótesis, pero el dibujo proporciona algo igualmente importante: una posible huella del procedimiento de diseño de un maestro constructor medieval.

El hallazgo de las pruebas geométricas y del círculo realizado con compás refuerza esta interpretación. No se trataba simplemente de levantar piedras. La construcción de una catedral exigía concebir formas, calcular proporciones y trasladar la geometría a la obra.

EL CONOCIMIENTO DE LOS MAESTROS MASONES

La práctica está documentada en otras construcciones medievales. Los maestros masones realizaban numerosos diseños durante la propia obra. Como el pergamino era costoso y la piedra estaba disponible, utilizaban losas y paredes para desarrollar dibujos arquitectónicos. También existían superficies de yeso destinadas a realizar trazados a tamaño natural de ventanas, arcos y nervaduras de bóvedas.

El Museum of the History of Science de Oxford explica que el maestro masón medieval reunía varias funciones: era artesano, diseñador y director del proceso constructivo. Sus diseños podían transformarse después en plantillas utilizadas por los canteros para tallar las piezas que formarían el edificio.

Lo fundamental es que aquellos constructores concebían este trabajo como geometría. Era una geometría práctica y constructiva realizada principalmente mediante regla y compás.

Una investigación publicada en The Design Journal en 2019 mostró cómo las plantas de las catedrales podían generarse mediante procedimientos relativamente sencillos basados en cuadrados, diagonales, rectángulos y otras proporciones. No necesitaban disponer de la matemática moderna para producir estructuras extraordinariamente complejas: dominaban procedimientos geométricos desarrollados y transmitidos dentro del oficio.

La secuencia podía ser muy concreta:

geometría → dibujo → plantilla → talla de la piedra → ensamblaje → catedral.

ANTES DEL SÍMBOLO ESTABA LA HERRAMIENTA

Este hecho permite entender el origen de algunos de los símbolos que siglos después utilizaría la masonería especulativa. El compás no nació como símbolo masónico: era una herramienta del maestro masón. Lo mismo ocurría con la escuadra y la regla.

El compás permitía construir círculos y arcos, trasladar distancias y establecer proporciones. La escuadra servía para obtener y comprobar ángulos. Estas herramientas pertenecían materialmente al oficio mucho antes de recibir interpretaciones filosóficas o rituales.

También el término masón tenía entonces un significado profesional. Designaba al trabajador especializado de la piedra y, en el caso del maestro, a un hombre capaz de participar en el diseño y dirección de grandes construcciones.

Aquellos maestros trabajaban además dentro de una civilización cristiana. Las catedrales eran encargadas por obispos y cabildos y estaban organizadas alrededor del culto: altar, coro, capillas, reliquias, procesiones e iconografía. En Cuenca, la propia construcción de la catedral comenzó después de la conquista cristiana de la ciudad en 1177, sobre un espacio donde las investigaciones arqueológicas han localizado restos de la antigua Mezquita Mayor.

Los antiguos documentos del oficio, conocidos como Old Charges (Antiguos Deberes), permiten seguir todavía más atrás esa identidad de los masones operativos y estudiar sus referencias a Dios, la moral, el oficio, los maestros y los aprendices. Es allí donde puede reconstruirse documentalmente la cultura de estas organizaciones antes de su transformación posterior.

Siglos después comenzaron a incorporarse a las logias hombres que ya no trabajaban necesariamente la piedra. Las herramientas del constructor fueron entonces adquiriendo significados simbólicos y la antigua masonería operativa terminó dando paso a la masonería especulativa.

Pero el orden histórico resulta fundamental: la geometría, el compás, la escuadra y el propio nombre de masón existían antes de la masonería moderna

.

El hallazgo de Cuenca conserva una pequeña ventana hacia ese mundo anterior: un maestro podía utilizar una pared para desarrollar geometría y un compás para pensar una catedral.

DE LA MASONERÍA OPERATIVA A LA MASONERÍA LUCIFERINA

Siglos después comenzó una transformación decisiva. A las antiguas organizaciones de constructores fueron incorporándose hombres que ya no eran canteros ni maestros de obras, dando paso progresivamente a la masonería especulativa o simbólica.

Esta nueva masonería conservó y reinterpretó elementos fundamentales del antiguo oficio: la escuadra, el compás, la geometría, los grados de maestro y aprendiz y la propia logia. Lo que originalmente había sido herramienta, conocimiento y organización del trabajo pasó a convertirse en lenguaje simbólico y ritual.

Sobre esta transformación se desarrollaron posteriormente corrientes esotéricas, ocultistas y luciferinas dentro de la masonería moderna, mientras el masón operativo desaparecía progresivamente como núcleo de la organización. Permanecieron su nombre, sus herramientas y parte de su lenguaje, pero ya dentro de una institución sustancialmente distinta.

El grafiti de Cuenca nos devuelve al mundo anterior: geometría trazada sobre los muros, compases utilizados para construir y maestros dedicados a levantar los templos de la Europa cristiana.

Antes de que el compás fuera un símbolo, fue una herramienta. Antes de la masonería simbólica estuvo la masonería operativa. Y antes de las corrientes luciferinas estuvieron los maestros masones cristianos que levantaron las catedrales de Europa.

martes, 1 de septiembre de 2026

ROCKEFELLER: EL SISTEMA QUE BLINDÓ SU FORTUNA DURANTE SIETE GENERACIONES

ROCKEFELLER: EL SISTEMA QUE BLINDÓ SU FORTUNA DURANTE SIETE GENERACIONES

La fortuna de los Rockefeller nació del petróleo, pero su permanencia durante más de un siglo no puede explicarse únicamente por Standard Oil. Una parte fundamental de la supervivencia económica de la dinastía se encuentra en una arquitectura jurídica construida para separar el patrimonio familiar de la vida de cada uno de sus integrantes. Las personas mueren; las estructuras patrimoniales pueden sobrevivirlas. John D. Rockefeller levantó desde 1870 el imperio de Standard Oil y llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de Estados Unidos. Pero fue su único hijo varón, John D. Rockefeller Jr., quien desempeñó un papel decisivo en la reorganización de aquella riqueza para las generaciones posteriores. El Rockefeller Archive Center (Centro de Archivos Rockefeller) estima que en 1928 llegó a poseer aproximadamente 995 millones de dólares, una fortuna excepcional para la época.




LOS FIDEICOMISOS DE 1934

El 18 de diciembre de 1934, en plena Gran Depresión, Rockefeller Jr. constituyó fideicomisos irrevocables en beneficio de sus hijos. La existencia y fecha de estos instrumentos aparecen documentadas posteriormente en registros fiscales del Estado de Nueva York: Rockefeller Jr. figuraba como otorgante y The Chase National Bank of the City of New York (Banco Nacional Chase de la Ciudad de Nueva York) como fiduciario. La operación modificaba una cuestión fundamental: una parte de la riqueza dejaba de depender de la propiedad personal directa de sus descendientes y quedaba sometida a las reglas de estructuras fiduciarias. El patrimonio podía ser administrado por un fiduciario mientras los integrantes de la familia recibían los beneficios establecidos en los respectivos instrumentos.

La diferencia resulta crucial para comprender la continuidad de las grandes fortunas. En una sucesión convencional, el propietario muere, sus bienes pasan a sus herederos y, cuando estos fallecen, vuelven a producirse nuevas transmisiones. El trust (fideicomiso) permite separar al creador de la riqueza, al administrador del patrimonio y a quienes disfrutan económicamente de él. Los Rockefeller no se detuvieron en la primera generación. En 1952 apareció otro importante conjunto de fideicomisos destinado a los nietos de Rockefeller Jr. De esta manera se fue construyendo una organización patrimonial que trascendía la transmisión directa de padre a hijo.

EL NÚCLEO DE LA FORTUNA ESTABA EN LOS TRUSTS

Décadas después apareció una prueba extraordinaria de la magnitud que habían alcanzado estas estructuras. Cuando Nelson Rockefeller fue propuesto como vicepresidente de Estados Unidos en 1974, el Congreso examinó extensamente las finanzas de la familia. En aquel momento existían aproximadamente 84 Rockefeller vivos, cuyo patrimonio conjunto fue estimado en unos 1.034 millones de dólares. De ese total, alrededor de 613 millones de dólares estaban concentrados en los dos grandes grupos de fideicomisos familiares, los creados para los hijos y los establecidos posteriormente para los nietos.

Es decir, aproximadamente el 59 % de la riqueza familiar contabilizada entonces se encontraba dentro de aquellas estructuras fiduciarias. No era, por tanto, un mecanismo secundario utilizado para algunas propiedades. Los fideicomisos se habían convertido en una de las principales columnas de la organización económica de la familia.

LA ARQUITECTURA JURÍDICA PARA CONSERVAR EL PATRIMONIO

Los fideicomisos irrevocables presentan una característica fundamental: los bienes transferidos dejan de funcionar simplemente como patrimonio personal disponible del otorgante. El fiduciario pasa a administrarlos conforme a las condiciones establecidas y los beneficiarios reciben los derechos económicos previstos. Esto permite separar propiedad, administración y beneficio. El descendiente puede beneficiarse económicamente de un patrimonio sin que necesariamente todo el capital que produce esos beneficios pase a convertirse en propiedad personal ordinaria que deba volver a transmitirse íntegramente cuando muera.

El resultado puede ser una considerable protección frente a la fragmentación patrimonial, además de importantes consecuencias tributarias y sucesorias. Las leyes tributarias estadounidenses cambiaron repetidamente durante el siglo XX y las consecuencias fiscales dependen de la estructura y fecha de cada fideicomiso. Lo realmente importante es que el patrimonio dejó de estar organizado exclusivamente alrededor de personas y comenzó a estarlo alrededor de estructuras jurídicas capaces de continuar entre generaciones.


EL CONGRESO INTENTÓ CERRAR LA VÍA INTERGENERACIONAL

El problema llegó al Congreso. En 1976, Estados Unidos introdujo un impuesto específicamente dirigido contra determinadas transmisiones patrimoniales que permitían saltar generaciones: el Generation-Skipping Transfer Tax (impuesto sobre transferencias que saltan generaciones). La lógica era sencilla. Si una fortuna podía colocarse en una estructura que beneficiara sucesivamente a hijos, nietos y generaciones posteriores, el patrimonio podía evitar algunos de los momentos tributarios que se producirían mediante sucesiones ordinarias.

El sistema creado en 1976 fue posteriormente reformulado. Y aquí aparece una ventaja histórica extraordinaria para determinados patrimonios antiguos: las normas terminaron reconociendo un régimen especial para ciertos trusts (fideicomisos) que ya eran irrevocables antes de las nuevas reglas. El IRS (Internal Revenue Service, Servicio de Impuestos Internos de Estados Unidos) establece actualmente que, bajo determinadas condiciones, el impuesto sobre transferencias que saltan generaciones no se aplica a transferencias realizadas bajo fideicomisos que fueran irrevocables el 25 de septiembre de 1985, aunque existen importantes excepciones, entre ellas las relacionadas con aportaciones patrimoniales posteriores.

Este tratamiento de estructuras anteriores suele describirse mediante el término grandfathering (protección legal que permite que determinadas estructuras antiguas continúen bajo reglas anteriores). Los fideicomisos Rockefeller de 1934 habían sido creados más de medio siglo antes de esa fecha. La ventaja histórica aparece aquí con especial claridad: una estructura jurídica construida décadas antes puede continuar produciendo efectos cuando posteriormente el legislador establece nuevas restricciones.


LA FORTUNA NO PERMANECIÓ INTACTA: SE TRANSFORMÓ

Sin embargo, existe otro mito que debe descartarse. Los Rockefeller no poseen hoy intacta la fortuna que John D. Rockefeller acumuló hace más de un siglo. El patrimonio se dividió entre numerosos descendientes, los fideicomisos se fragmentaron, las inversiones se diversificaron y cantidades enormes fueron destinadas a instituciones filantrópicas. Conforme avanzaron las generaciones, los fideicomisos fueron subdividiéndose entre los descendientes.

La transformación comenzó muy pronto. Standard Oil fue disuelta por decisión de la Corte Suprema estadounidense en 1911, pero la riqueza familiar sobrevivió a la desaparición del monopolio que la había originado. El capital procedente del petróleo terminó convertido en inversiones mucho más diversificadas. El proceso fue, en términos generales: empresa petrolera → capital → fideicomisos → cartera diversificada → estructuras profesionales de administración. Una familia que conserva exclusivamente la empresa que enriqueció al fundador puede perder su posición cuando esa industria entra en decadencia. Una familia que convierte aquella riqueza empresarial en un patrimonio diversificado puede sobrevivir incluso a la desaparición del negocio original. Standard Oil fue disuelta en 1911 y la dinastía Rockefeller continúa siendo una de las grandes familias patrimoniales estadounidenses 115 años después.

LA FILANTROPÍA TAMBIÉN FORMÓ PARTE DEL SISTEMA

Los fideicomisos familiares tampoco deben confundirse con las fundaciones Rockefeller. Son estructuras distintas. Una cosa son los trusts (fideicomisos) familiares, utilizados para administrar patrimonio destinado a determinados beneficiarios. Otra son las fundaciones filantrópicas, cuyo patrimonio está destinado institucionalmente a fines sociales, educativos, científicos o culturales. Y otra es el family office (oficina profesional dedicada a administrar el patrimonio y las inversiones de una familia).

En 1940, los cinco hijos varones de Rockefeller Jr. fundaron el Rockefeller Brothers Fund (Fondo de los Hermanos Rockefeller). Inicialmente no disponía de una enorme dotación propia: los hermanos realizaban aportaciones periódicas. En 1951, su padre transfirió a la institución 58 millones de dólares, proporcionándole un importante capital permanente generador de rendimientos. Cuando John D. Rockefeller Jr. murió en 1960, aproximadamente 65 millones de dólares, cerca de la mitad de su patrimonio, fueron destinados al Rockefeller Brothers Fund.

Las cantidades filantrópicas fueron enormes. El Rockefeller Archive Center (Centro de Archivos Rockefeller) calcula que John D. Rockefeller Jr. entregó durante su vida más de 537 millones de dólares a proyectos educativos, religiosos, médicos, culturales y cívicos. Décadas después ocurrió algo semejante con David Rockefeller. Cuando murió en 2017, había dispuesto que buena parte de su colección de arte, antigüedades y mobiliario fuera vendida para beneficiar a instituciones filantrópicas. Solamente su legado al Rockefeller Brothers Fund ascendió a 250 millones de dólares, elevando el patrimonio de esa institución desde unos 960 millones hasta más de 1.200 millones. Por tanto, la continuidad de la dinastía no significa que cada dólar acumulado por el fundador haya permanecido dentro de la familia. Enormes cantidades fueron donadas, repartidas, reinvertidas o transformadas institucionalmente.

LA ESTRUCTURA YA ERA VISIBLE EN 1974

El examen de las finanzas familiares realizado durante la designación de Nelson Rockefeller como vicepresidente permite observar hasta qué punto la riqueza ya había dejado de depender exclusivamente de la propiedad individual. En 1974 había aproximadamente 84 Rockefeller vivos y se calculó un patrimonio familiar de alrededor de 1.034 millones de dólares. De ese total, unos 613 millones estaban en los dos grandes conjuntos de fideicomisos familiares.

La proporción es reveladora: aproximadamente seis de cada diez dólares del patrimonio familiar contabilizado entonces estaban vinculados a esas estructuras. Los fideicomisos constituían ya entonces el núcleo de una organización patrimonial intergeneracional.

DEL PETRÓLEO A UNA CARTERA DIVERSIFICADA

La riqueza original de los Rockefeller procedía de Standard Oil, pero las generaciones posteriores fueron diversificando ampliamente sus inversiones. La familia dejó de depender de una única empresa, de un único sector económico e incluso de la capacidad empresarial de un determinado descendiente. Esta transformación resulta decisiva para comprender la supervivencia de una dinastía económica. Si cada generación hubiera tenido que reconstruir empresarialmente la fortuna del fundador, el patrimonio habría quedado sometido permanentemente al riesgo de malas decisiones, crisis sectoriales o incapacidad de los herederos.

La profesionalización de la administración permite otra lógica: los descendientes no necesitan poseer las capacidades empresariales de John D. Rockefeller para continuar beneficiándose del patrimonio Rockefeller. El capital puede ser administrado por bancos, fiduciarios, gestores de inversiones, abogados y otros especialistas. El patrimonio adquiere así una capacidad de continuidad parcialmente independiente de las capacidades individuales de cada heredero.

DE UNA PERSONA A UNA INSTITUCIÓN FAMILIAR

Aquí aparece el aspecto más importante del sistema. John D. Rockefeller podía morir. Sus hijos podían morir. Sus nietos podían morir. Las estructuras podían continuar. La innovación no consistió solamente en acumular muchísimo dinero. Otras familias han acumulado enormes fortunas y posteriormente las han dividido o perdido. Los Rockefeller construyeron progresivamente instituciones familiares capaces de administrar capital independientemente de la vida de cada individuo: fideicomisos, fundaciones, oficinas familiares, asesores profesionales y estructuras de inversión y administración patrimonial.

Incluso el Rockefeller Brothers Fund explica que durante sus primeros años era administrado desde la propia oficina familiar Rockefeller situada en el Rockefeller Center. La riqueza dejó así de ser exclusivamente el patrimonio de una persona para convertirse progresivamente en el patrimonio organizado de una dinastía.

DE STANDARD OIL A LA SÉPTIMA GENERACIÓN

La dimensión histórica aparece al comparar 1934 con 2026. Forbes estima actualmente la riqueza colectiva de la familia Rockefeller en aproximadamente 12.500 millones de dólares y sitúa a la dinastía ya en su séptima generación. Han transcurrido más de 90 años desde los fideicomisos de 1934, más de un siglo desde la disolución de Standard Oil y varias generaciones desde la muerte de quienes construyeron originalmente la fortuna. Sin embargo, el apellido continúa asociado a una de las grandes concentraciones patrimoniales familiares estadounidenses.

Ahí se encuentra el verdadero sistema Rockefeller. No consiste únicamente en pagar menos impuestos. Consiste en haber convertido una fortuna personal en una arquitectura institucional formada por fideicomisos, inversiones diversificadas, administradores profesionales, family offices (oficinas profesionales de administración del patrimonio familiar) y fundaciones, capaz de continuar funcionando después de la muerte de cada generación. La acumulación económica dejó así de depender exclusivamente de individuos concretos y pasó a descansar sobre instituciones. Ese es uno de los mecanismos fundamentales mediante los cuales una élite económica puede transformarse en una dinastía: el patrimonio deja de seguir simplemente el ciclo biológico de sus propietarios y adquiere una estructura jurídica diseñada para sobrevivirlos.

HALLAN EN AIGAI LA TUMBA DE UN HIPASPISTA MACEDONIO Y SU ESPOSA

HALLAN EN AIGAI LA TUMBA DE UN HIPASPISTA MACEDONIO Y SU ESPOSA

Las excavaciones realizadas en 2023 en Aigai, la antigua capital de Macedonia situada en la actual Vergina, sacaron a la luz la tumba de un rico guerrero macedonio que probablemente perteneció a los ὑπασπισταί (hypaspistaí, “hipaspistas” o “portadores del escudo”), una fuerza militar de élite del ejército macedonio. El hombre fue enterrado con su escudo y sus armas; posteriormente, la misma cámara funeraria recibió a su esposa, acompañada por joyas y una corona de mirto de oro.

El descubrimiento se produjo durante la construcción de una red de alcantarillado. La tumba apareció en una zona de túmulos situada en el extremo noroeste de la necrópolis de Aigai. Las obras se detuvieron inmediatamente y los arqueólogos excavaron la estructura y procedieron a conservar su fachada. En el lugar apareció además una pira funeraria, evidencia material de los rituales realizados durante el enterramiento.

La cámara tiene unas dimensiones interiores de 3,70 por 2,70 metros. La fachada era sencilla, con una entrada cerrada mediante piedras y revestimientos de mortero coloreado. El interior revela un tratamiento mucho más suntuoso: alrededor de la cámara fue pintada una cinta dorada con grandes lazos.

UN GUERRERO DE LA ÉLITE MACEDONIA

El dato fundamental procede del equipo militar del difunto. El hombre poseía un escudo reforzado con componentes de hierro y varias armas parcialmente conservadas. Su calidad llevó a los arqueólogos a determinar que habían sido producidas en un taller de alto nivel. A partir de estos elementos se ha planteado que probablemente perteneció a los hipaspistas.

Los hipaspistas no deben confundirse con los hetairoi (“compañeros”), la célebre caballería aristocrática macedonia. Constituían infantería de élite y alcanzaron especial importancia dentro de los ejércitos de Filipo II y Alejandro Magno. Durante las campañas de Alejandro aparecen realizando operaciones que requerían mayor movilidad que la falange y actuando en sectores fundamentales de la formación macedonia.

La identificación resulta especialmente significativa porque el ajuar muestra a un individuo situado en un nivel militar y económico elevado: escudo reforzado, armamento de buena manufactura y una tumba decorada. No está establecido que este hombre concreto participara en las campañas de Alejandro, pero pertenece al mundo de la élite militar macedonia de la que procedían aquellas tropas.

Tiempo después fue enterrada en la misma cámara su esposa. Los arqueólogos identificaron dos fases en los morteros coloreados de la fachada, correspondientes a las diferentes utilizaciones de la tumba. Entre los objetos del enterramiento femenino aparecieron joyas y una notable corona de mirto realizada en oro.

El enterramiento conjunto permite observar que el rango no se expresaba únicamente mediante la identidad militar masculina. La riqueza se proyectaba sobre la familia, y las coronas vegetales de oro aparecen repetidamente en las tumbas de las élites de Aigai. A solo 100 metros de esta tumba existe otra sepultura excavada en 1969 y en las proximidades se conservan otros dos túmulos, por lo que los arqueólogos consideran que el sector pudo concentrar una serie de tumbas pertenecientes a individuos ricos.

AIGAI: LA CAPITAL Y NECRÓPOLIS DE LOS MACEDONIOS

Aigai llevaba siglos funcionando como espacio funerario. Su gran necrópolis comenzó a utilizarse desde comienzos del primer milenio a. C. y contiene enterramientos arcaicos, clásicos y helenísticos. Los ajuares han proporcionado cerámicas de diferentes procedencias, objetos metálicos, armas, joyas, juguetes y figurillas religiosas, evidencias de la riqueza de determinados sectores y de los intercambios mantenidos con otras regiones del mundo griego.

La ciudad había sido además la primera capital del reino de Macedonia. Aunque la capital política fue trasladada posteriormente a Pela, Aigai conservó su función dinástica y funeraria. Allí fueron enterrados miembros de la casa real y de las élites vinculadas a la monarquía. La ciudad poseía un gran palacio de aproximadamente 9.250 metros cuadrados, además de teatro, ágora, santuarios, acrópolis, talleres y fortificaciones.

En el teatro de Aigai ocurrió uno de los acontecimientos decisivos de la historia macedonia. En 336 a. C., durante las celebraciones del matrimonio de su hija Cleopatra con Alejandro I de Epiro, Filipo II fue asesinado por uno de sus guardaespaldas

. Alejandro heredó inmediatamente el trono y, apenas dos años después, en 334 a. C., cruzó hacia Asia al frente del ejército macedonio.

DE LA SUPREMACÍA PERSA A LA CONQUISTA DE PERSIA

Las excavaciones de 2023 proporcionaron también una tumba mucho más antigua, fechada aproximadamente hacia 530 a. C., con un esqueleto y grandes alfileres de hierro con cabezas de plomo. En aquella época gobernaba Amintas I, miembro de la misma dinastía argéada de la que, dos siglos después, descendería Alejandro Magno.

Hacia 530 a. C., Macedonia todavía no estaba sometida a Persia. La expansión aqueménida alcanzaría posteriormente los Balcanes: Darío I cruzó el Bósforo en 513 a. C., las fuerzas persas avanzaron después por Tracia y Peonia y Macedonia terminó entrando en la esfera imperial aqueménida. Durante las Guerras Médicas, el reino macedonio tuvo que desenvolverse bajo la supremacía persa, aunque existe discusión historiográfica sobre el momento y las características exactas de aquella subordinación.

Siglo y medio después se produjo una inversión extraordinaria de las relaciones de poder. Alejandro III de Macedonia atravesó el Helesponto en 334 a. C. y derrotó sucesivamente a las fuerzas aqueménidas en el Gránico, Issos y Gaugamela. La dinastía que había gobernado Macedonia cuando Persia extendió su poder sobre el reino terminó encabezando el ejército que destruyó el Imperio aqueménida.

El probable hipaspista descubierto en Aigai pertenece al mundo militar surgido de esa transformación. No sabemos si este individuo combatió personalmente en Asia, pero los hipaspistas fueron una de las fuerzas de élite empleadas por Alejandro durante aquellas campañas. Esa es la conexión histórica relevante: la tumba representa materialmente a la clase militar de la Macedonia que pasó de encontrarse bajo la supremacía persa a conquistar Persia.

UNA SOCIEDAD DE GUERREROS Y ÉLITES

Las excavaciones revelaron además otros enterramientos militares. Cerca del conjunto funerario real de los Teménidas apareció un guerrero con el casco colocado a sus pies y una espada sobre el pecho sostenida por la mano derecha. Otro individuo conservaba una espada de buena calidad, anillos y el alfiler que sujetaba su clámide, la capa corta característica del mundo griego y estrechamente relacionada con jinetes y militares.







Casco, espada, escudo, vestimenta, joyas y coronas permiten reconstruir una sociedad en la que la posición alcanzada en vida continuaba representándose después de la muerte. El guerrero era enterrado como guerrero y la familia exhibía su riqueza mediante el ajuar y la propia arquitectura funeraria. La nueva tumba del hipaspista y su esposa constituye precisamente una expresión de esa élite simultáneamente militar, económica y familiar.

Las mismas excavaciones descubrieron también una nueva sección de las murallas de Aigai, en el camino hacia el palacio. Tiene algo más de dos metros de anchura, aproximadamente seis pies macedonios, mientras que una muralla anterior del siglo V a. C., correspondiente al periodo de Pérdicas II, tenía aproximadamente un metro o tres pies macedonios. El hallazgo permite precisar los límites de la ciudad y documentar distintas fases de sus fortificaciones.

Aigai reúne así en un mismo espacio arqueológico la evolución de Macedonia durante varios siglos: la necrópolis arcaica, la dinastía de los Argéadas, las tumbas reales, los guerreros, el palacio y las fortificaciones. La nueva tumba añade a ese conjunto a un probable hipaspista enterrado con escudo y armas de calidad y a su esposa con joyas y una corona de mirto de oro.

En aproximadamente dos siglos, el reino que gobernaba Amintas I cuando Persia comenzaba su expansión por el Egeo se convirtió en la potencia militar de Filipo II y Alejandro. Macedonia pasó de encontrarse bajo la supremacía del Imperio persa a producir el ejército que acabaría conquistándolo. La necrópolis de Aigai conserva en sus tumbas las distintas etapas de esa transformación.

sábado, 29 de agosto de 2026

LA RAYA DE 130.000 AÑOS: ¿EL ARTE FIGURATIVO NACIÓ EN LA ARENA?

LA RAYA DE 130.000 AÑOS: ¿EL ARTE FIGURATIVO NACIÓ EN LA ARENA?

En 2018, en la costa sur de Sudáfrica, fue encontrada una singular pieza de roca cuyo contorno, proporciones y marcas superficiales reproducen numerosos rasgos anatómicos de una raya. El contexto geológico en el que apareció corresponde aproximadamente a hace 130.000 años, durante la Edad de Piedra Media africana, cuando Homo sapiens ya habitaba el sur de África.


UNA ANTIGUA COSTA PETRIFICADA

El hallazgo se produjo al este de Still Bay, aproximadamente 30 kilómetros al este de la cueva de Blombos, uno de los principales yacimientos para estudiar los orígenes del comportamiento simbólico humano. Los acantilados de esta zona están constituidos por antiguas dunas que terminaron cementándose hasta convertirse en roca. Alcanzan hasta 50 metros de altura y se prolongan durante unos 6 kilómetros.
Estas antiguas superficies arenosas conservan rastros de la fauna que recorrió la región durante el Pleistoceno. A unos 200 metros al este del lugar del hallazgo existe un yacimiento de huellas de jirafa y a unos 300 metros al oeste, otro de tortuga gigante. En la misma costa también se han documentado huellas humanas y de numerosos animales. La antigua arena podía registrar una forma, quedar enterrada y posteriormente conservarla al cementarse.

UNA FIGURA CON FORMA DE RAYA

La pieza mide aproximadamente 35 centímetros de largo, 30 centímetros de ancho y entre 5 y 6 centímetros de espesor. Su contorno presenta una marcada simetría entre ambos lados y reproduce la característica forma aplanada de una raya.
La correspondencia no se limita a la silueta. Los extremos laterales ocupan aproximadamente la posición de las grandes aletas pectorales. Dos pequeñas protuberancias posteriores coinciden con la posición de las aletas pélvicas. En el centro del extremo posterior aparece una prolongación de unos 2 centímetros, semejante al comienzo de una cola.
Sobre la superficie existe además un conjunto organizado de surcos. Dos líneas centrales forman una cruz situada prácticamente en el centro de la pieza y aproximadamente en la región correspondiente a los ojos de una raya. Otros surcos aparecen a ambos lados con separaciones y orientaciones semejantes. El estudio identifica siete componentes de simetría en el contorno y las marcas de la pieza.

LA COMPARACIÓN CON UNA RAYA REAL

Se construyó un modelo tridimensional de la pieza mediante fotogrametría y sobre él se superpuso la imagen de una raya azul, especie común en las aguas costeras del sur de África. La correspondencia entre ambos contornos es notable.
La raya azul se encuentra actualmente desde la costa oriental de Sudáfrica hasta Angola y es particularmente común en las aguas costeras del Cabo. Durante la primavera y el verano austral frecuenta playas arenosas, bahías poco profundas, desembocaduras, lagunas costeras y estuarios.
La anchura de la pieza, unos 30 centímetros, coincide con las dimensiones de una raya pequeña. Por el tamaño y la biología de la especie, el ejemplar utilizado como referencia pudo corresponder a un macho pequeño.

UNA PLANTILLA NATURAL SOBRE LA ARENA

El cuerpo plano de una raya permite colocarla directamente sobre una superficie arenosa y seguir su perímetro. La estrecha correspondencia entre las proporciones del animal y las de la pieza llevó a plantear que una raya fresca pudo servir directamente como plantilla.
El procedimiento habría sido elemental: colocar el animal sobre arena húmeda, marcar su contorno y retirar el cuerpo. También podía retirarse arena alrededor de la silueta o acumularse arena sobre la superficie para producir una forma elevada. El resultado sería una representación con las dimensiones y proporciones del animal original.
Este procedimiento tiene especial importancia antropológica porque permite pasar del animal real a su representación sin necesidad de reproducir inicialmente sus proporciones de memoria. La forma del animal permanece sobre la superficie después de retirar su cuerpo.

EL HOMBRE Y LAS RAYAS EN LA COSTA AFRICANA

Las poblaciones de Homo sapiens de la Edad de Piedra Media explotaban los ambientes costeros del sur africano. Playas, estuarios y aguas poco profundas proporcionaban recursos marinos, precisamente los ambientes donde las rayas se aproximan a la costa.
Estos animales presentan además una característica especialmente relevante para quienes entraban en aguas someras: poseen una espina dentada en la cola capaz de producir heridas muy dolorosas y graves. Una raya podía constituir simultáneamente un recurso alimenticio y un peligro para las poblaciones costeras.
La explotación de recursos acuáticos tiene una considerable profundidad temporal en África. En otros yacimientos africanos existen instrumentos de hueso relacionados con la pesca desde hace al menos 90.000 años, mientras que en el sur del Cabo se conoce tecnología ósea desde aproximadamente 80.000 años.

CÓMO UNA FIGURA DE ARENA SE CONVIRTIÓ EN ROCA

La conservación se explica por las particulares condiciones geológicas de esta costa. Una forma realizada sobre arena húmeda podía quedar rápidamente cubierta por nuevas capas de arena transportadas por el viento. Posteriormente, los minerales presentes entre los granos actuaban como cemento y transformaban progresivamente la antigua duna en roca.
La erosión costera volvió a exponer esas superficies miles de años después. Los acantilados continúan erosionándose y desprendiendo bloques, algunos de los cuales conservan las antiguas superficies de las dunas. Es el mismo proceso que permitió conservar las numerosas huellas fósiles de humanos y animales conocidas en esta costa.

POR QUÉ SE HABLA DE 130.000 AÑOS

La cronología procede del estudio de las antiguas dunas de los alrededores. Los granos de arena pueden fecharse determinando cuánto tiempo ha transcurrido desde la última vez que estuvieron expuestos a la luz solar antes de quedar enterrados.
Las dataciones realizadas en distintos puntos de esta costa proporcionan edades comprendidas aproximadamente entre 160.000 y 100.000 años. Varias se sitúan alrededor de 140.000 a 125.000 años, situando el conjunto en el último gran periodo interglacial, cuando el nivel del mar era elevado y existían extensos sistemas de dunas costeras. De este marco procede la estimación de unos 130.000 años.

STILL BAY Y BLOMBOS

La proximidad con Blombos convierte el hallazgo en especialmente significativo. A unos 30 kilómetros se encuentran grabados geométricos sobre ocre de aproximadamente 77.000 años y un dibujo de líneas cruzadas de unos 73.000 años.
La pieza de Still Bay pertenecería a un contexto aproximadamente 50.000 años anterior a esas manifestaciones de Blombos. Respecto de las grandes representaciones animales de las cuevas europeas, que aparecen desde aproximadamente 40.000 años atrás, la diferencia alcanza unos 90.000 años.

LA ARENA COMO PRIMER SOPORTE

La arqueología conserva preferentemente aquello realizado sobre materiales resistentes: piedra, hueso, ocre y paredes de cuevas. La arena, en cambio, normalmente desaparece. Las antiguas dunas petrificadas del sur de África ofrecen una ventana excepcional hacia actividades realizadas sobre un soporte que rara vez puede sobrevivir.
La secuencia propuesta adquiere así una dimensión histórica: calcar directamente un animal sobre arena, reproducir posteriormente figuras copiándolas o recordándolas y finalmente trasladar esas representaciones a soportes permanentes.
La pieza de Still Bay abre así una posibilidad decisiva para la historia del comportamiento simbólico humano: el arte figurativo pudo desarrollarse sobre arena decenas de miles de años antes de las grandes pinturas y esculturas paleolíticas que han llegado hasta nosotros.

EL MISTERIO DE LOS HOMBRES DRAGÓN

EL MISTERIO DE LOS HOMBRES DRAGÓN: EL CRÁNEO QUE PUSO ROSTRO A LOS DENISOVANOS


Durante años, uno de los grandes enigmas de la evolución humana tuvo una característica insólita: conocíamos genéticamente a una población humana arcaica, pero prácticamente desconocíamos su rostro. Eran los denisovanos. Su existencia fue revelada a partir de restos diminutos encontrados en la cueva de Denísova, en Siberia. Fragmentos de huesos y dientes permitieron recuperar ADN y demostraron que no se trataba ni de Homo sapiens ni de neandertales, sino de otra población humana arcaica estrechamente emparentada con estos últimos. La genética había descubierto a los denisovanos antes de que la paleoantropología pudiera reconstruir adecuadamente su anatomía. Los denisovanos coexistieron con Homo sapiens, constituyeron un grupo hermano de los neandertales y ambas poblaciones compartieron antepasados hace aproximadamente 400.000 años. Tampoco desaparecieron sin dejar descendencia genética. Los estudios de poblaciones actuales indican que al menos dos linajes denisovanos diferentes aportaron material genético a humanos modernos, y uno de ellos está más próximo a los individuos encontrados en la propia cueva de Denísova que el otro. Los denisovanos, por tanto, no parecen haber constituido una pequeña población homogénea confinada a una cueva siberiana. La geografía conocida comenzó además a expandirse. Aparecieron evidencias moleculares denisovanas en la cueva de Baishiya, en la meseta tibetana. La mandíbula de Xiahe, con una antigüedad mínima de unos 160.000 años, pudo relacionarse con los denisovanos mediante proteínas antiguas. Posteriormente se identificó ADN denisovano en sedimentos de la misma cueva. Una mandíbula procedente del canal de Penghu, en Taiwán, también fue asociada molecularmente con ellos. En Laos existe además un fósil propuesto como posible denisovano por sus características morfológicas, aunque esa identificación permanece sin confirmación molecular suficiente. El mapa estaba cambiando: los denisovanos parecían haber ocupado enormes extensiones de Asia. Pero seguía faltando una pieza fundamental: un cráneo suficientemente completo que pudiera asociarse directamente con ellos mediante evidencia molecular.


EL HOMBRE DRAGÓN

Esa pieza apareció a miles de kilómetros de la cueva de Denísova. En Harbin, provincia de Heilongjiang, en el noreste de China, fue recuperado un extraordinario cráneo humano casi completo. La región se encuentra próxima al Long Jiang, el «Río Dragón», de donde procede el nombre popular de Hombre Dragón. La datación directa mediante series de uranio estableció para el cráneo una antigüedad mínima de 146.000 años, mientras las correlaciones estratigráficas regionales proporcionaron un intervalo más amplio de aproximadamente 138.000 a 309.000 años. El cráneo era extraordinario no solamente por su conservación. Su combinación de características resultó suficientemente peculiar para que fuera propuesto como representante de una nueva especie humana: Homo longi. Pero existía una coincidencia especialmente importante. La morfología de Harbin presentaba semejanzas con la mandíbula de Xiahe, y Xiahe ya había sido relacionada con los denisovanos mediante proteínas antiguas. Surgió entonces una posibilidad fascinante: quizá aquellos enigmáticos fósiles humanos chinos estuvieran relacionados con la población denisovana descubierta genéticamente en Siberia. La hipótesis era poderosa, pero faltaba una prueba molecular directa en Harbin. El problema formaba parte de un misterio paleoantropológico mucho mayor. En China se conocen más de veinte yacimientos del Pleistoceno medio y los fósiles humanos de Asia oriental posteriores a hace unos 300.000 años muestran una elevada diversidad morfológica. Había numerosos cráneos y mandíbulas difíciles de encajar, mientras la genética no había identificado en las poblaciones asiáticas antiguas o actuales contribuciones de otros grandes grupos humanos arcaicos distintos de neandertales y denisovanos. El registro fósil mostraba una considerable diversidad anatómica mientras la genética señalaba reiteradamente hacia esas dos grandes poblaciones arcaicas. Harbin podía convertirse en una pieza para empezar a resolver esa aparente contradicción.


EL ADN QUE NO ESTABA EN EL HUESO

Los investigadores intentaron primero obtener ADN del diente y del hueso petroso del cráneo. Fracasaron. Recuperar ADN humano de restos de más de 100.000 años constituye una tarea excepcional porque el tiempo y las condiciones ambientales destruyen progresivamente las moléculas. Los científicos recurrieron entonces al cálculo dental, la placa bacteriana mineralizada adherida a los dientes, cuya estructura cristalina puede proporcionar un microambiente capaz de proteger material genético durante períodos extraordinariamente largos. Extrajeron dos muestras minúsculas: 0,5 y 0,3 miligramos. La muestra decisiva fue precisamente la menor, un pequeño fragmento de apenas 0,3 miligramos firmemente adherido al diente. El material fue sometido a radiación ultravioleta, lavado con lejía al 5 % y posteriormente con etanol al 80 % para reducir la contaminación procedente de humanos actuales y microorganismos. A partir de las muestras de cálculo dental se generaron veinte bibliotecas genéticas. Cinco bibliotecas procedentes de la muestra de 0,3 miligramos presentaron entre 16,1 % y 31,1 % de una alteración química característica del ADN antiguo, en la que la citosina (C) termina siendo leída como timina (T). Esta señal de degradación permitió distinguir las moléculas antiguas de buena parte de la contaminación moderna. Estas alteraciones son características del deterioro químico acumulado por el ADN antiguo. En contraste, las bibliotecas de la muestra de 0,5 miligramos presentaban solamente entre 1,0 % y 3,1 %, mientras las procedentes del hueso oscilaban entre 0 % y 5,6 %. Paradójicamente, una cantidad microscópica de sarro conservaba una señal de ADN antiguo mucho más clara que los tejidos duros analizados. Finalmente fueron seleccionadas siete bibliotecas procedentes de la muestra de 0,3 miligramos para los análisis posteriores.


LA HUELLA DENISOVANA

La señal apareció en aquellas bibliotecas. Siete de las ocho que inicialmente superaban el umbral establecido de daño antiguo contenían fragmentos con variantes nucleotídicas derivadas de denisovanos, mientras ninguna mostró variantes derivadas neandertales. Pero todavía existía un problema considerable: la contaminación moderna. Diferentes métodos produjeron estimaciones distintas. En las bibliotecas individuales, uno de ellos calculó entre 0,5 % y 22,2 %; al combinar las siete bibliotecas, otros dos procedimientos estimaron aproximadamente 57 % y 67 % de contaminación procedente de humanos actuales.
Los investigadores tuvieron entonces que separar las moléculas modernas de las auténticamente antiguas. Para ello aprovecharon precisamente el deterioro producido por el tiempo. El ADN antiguo se concentraba principalmente en fragmentos inferiores a 60 pares de bases y mostraba las características señales de desaminación. El deterioro molecular se convirtió así en una herramienta para distinguir el ADN antiguo de buena parte de la contaminación moderna. Después, esas mismas posiciones potencialmente alteradas por la desaminación fueron enmascaradas para evitar confundir daño químico con verdaderas variantes genéticas.
Para identificar posiciones diagnósticas, los investigadores utilizaron información de 1.058 humanos actuales, 18 neandertales, siete denisovanos, un individuo de Sima de los Huesos y 23 chimpancés. Además, para impedir que utilizar exclusivamente un genoma humano moderno como referencia sesgara los resultados, reconstruyeron secuencias ancestrales independientes, incluida una correspondiente al ancestro común de los siete denisovanos analizados. Solo aceptaron posiciones cubiertas por al menos dos fragmentos y exigieron una coincidencia superior a dos tercios entre las bases superpuestas.


HARBIN ENTRA EN EL ÁRBOL DENISOVANO

La posición filogenética de Harbin fue sometida a tres procedimientos diferentes: inferencia bayesiana (un procedimiento estadístico que estima la probabilidad de las distintas relaciones de parentesco a partir de los datos genéticos), máxima verosimilitud y máxima parsimonia (La máxima parsimonia busca, entre los distintos árboles evolutivos posibles, aquel que explica las diferencias genéticas observadas mediante el menor número de cambios.) . El análisis bayesiano utilizó diez millones de iteraciones; el de máxima verosimilitud, 500 réplicas bootstrap —remuestreos estadísticos para evaluar la estabilidad de las ramas—; y el de máxima parsimonia partió de 1.000 árboles iniciales aleatorios. Los tres procedimientos produjeron la misma topología fundamental: el ADN mitocondrial de Harbin caía dentro de la diversidad conocida de los ADN mitocondriales denisovanos. Dentro de esa rama, Harbin mostraba tendencia a relacionarse con los denisovanos más antiguos de la cueva de Denísova. Denisova 19, 20 y 21 tienen aproximadamente entre 187.000 y 217.000 años; Denisova 8 ronda los 190.000 años y Denisova 2 se sitúa aproximadamente entre 123.000 y 194.000 años. Los dos individuos más recientes, Denisova 3 y Denisova 4, tienen aproximadamente 52.000–76.000 y 55.000–84.000 años, respectivamente. Harbin, con más de 146.000 años, resulta cronológicamente próximo al conjunto antiguo. Esta posición interna, sin embargo, debe interpretarse con cautela. Los propios autores reconocen que el soporte estadístico para situar exactamente a Harbin junto a los denisovanos antiguos es bajo. Lo sólido es que su ADN mitocondrial cae dentro de la variación denisovana; lo menos seguro es determinar exactamente en qué punto de esa diversidad se separó su linaje.
Una segunda comparación reforzó la afinidad con los individuos antiguos. Los investigadores localizaron seis posiciones mitocondriales en las cuales cinco denisovanos antiguos presentaban variantes derivadas mientras Denisova 3 y Denisova 4 conservaban variantes ancestrales. Harbin compartía las variantes de los antiguos en cinco de esas seis posiciones. Cuando realizaron la comparación inversa, examinando las posiciones donde los dos denisovanos tardíos poseían variantes derivadas ausentes en los antiguos, Harbin conservaba las variantes ancestrales en todas ellas. Cinco posiciones apoyaban así una relación con los denisovanos antiguos y ninguna una relación específica con los tardíos, aunque una posición permite considerar que el linaje mitocondrial de Harbin pudiera ser basal respecto de los antiguos.


DOS EVIDENCIAS MOLECULARES CONVERGEN

El análisis de ADN mitocondrial no apareció aislado. Otro estudio publicado en 2025 examinó el proteoma del individuo de Harbin. Los investigadores recuperaron 95 proteínas endógenas, identificaron tres variantes de aminoácidos derivadas de denisovanos y el análisis filogenético de las proteínas agrupó a Harbin con Denisova 3. Se trataba de una línea molecular independiente de la obtenida mediante el cálculo dental: un estudio encontraba ADN mitocondrial denisovano y otro encontraba proteínas que relacionaban al mismo cráneo con los denisovanos. Esta convergencia modifica sustancialmente el viejo problema del Hombre Dragón. Durante años los denisovanos fueron una anomalía de la paleoantropología: conocíamos su información genética mucho mejor que su anatomía. Harbin invierte esa situación. Existe ahora un cráneo humano casi completo de más de 146.000 años cuyo cálculo dental contiene ADN mitocondrial situado dentro de la diversidad denisovana y cuyas proteínas proporcionan independientemente una segunda conexión molecular con ellos. Los denisovanos, conocidos inicialmente mediante pequeños fragmentos de huesos y dientes, adquirían así una referencia craneal excepcionalmente completa.


¿CUÁNTOS «HOMBRES DRAGÓN» HAY EN CHINA?

La importancia del descubrimiento trasciende al individuo de Harbin. Los autores señalan expresamente los fósiles de Dali, Jinniushan y Hualongdong, que presentan características morfológicas semejantes a las observadas en Harbin. Consideran plausible que algunos de estos restos puedan representar también poblaciones denisovanas. No está demostrado: mientras no exista evidencia molecular comparable, sigue siendo una hipótesis morfológica. Pero Harbin proporciona por primera vez una referencia anatómica mucho más completa vinculada directamente con los denisovanos. La pregunta cambia entonces de escala. Ya no consiste solamente en determinar quién fue el Hombre Dragón, sino en establecer cuántos de los problemáticos fósiles humanos del Pleistoceno medio chino podrían pertenecer al amplio conjunto de poblaciones denisovanas que ocuparon Asia. La distribución conocida ya abarca Siberia, la meseta tibetana, el noreste de China y otros puntos asiáticos donde existen evidencias moleculares o fósiles candidatos. Harbin refuerza la imagen de los denisovanos como poblaciones extendidas por un territorio inmenso y no como un grupo restringido al Altái.


¿HOMO LONGI Y DENISOVANOS SON LO MISMO?

Aquí existe una frontera que los datos actuales todavía no permiten cruzar. El individuo de Harbin fue clasificado morfológicamente como Homo longi. Ahora sabemos que su ADN mitocondrial pertenece a la diversidad denisovana conocida y que su proteoma proporciona una segunda evidencia molecular en la misma dirección. Pero identificar molecularmente al individuo de Harbin como denisovano no demuestra automáticamente que todos los fósiles clasificados dentro de Homo longi sean denisovanos, ni resuelve definitivamente cuál debe ser el nombre taxonómico de todas las poblaciones denisovanas.
Falta además una pieza genética fundamental: ADN nuclear de Harbin. El propio estudio advierte que sus conclusiones genéticas descansan en una cantidad limitada de ADN mitocondrial. La cautela es necesaria porque la historia mitocondrial y la nuclear pueden diferir, como demuestra Sima de los Huesos: allí el ADN mitocondrial presenta mayor afinidad con los denisovanos, mientras el ADN nuclear sitúa a aquellos individuos más cerca de los neandertales. Recuperar ADN nuclear de Harbin y de otros fósiles del Pleistoceno medio de Asia oriental y sudoriental permitiría determinar con mucha mayor precisión sus relaciones.


EL MISTERIO DE LOS HOMBRES DRAGÓN

La historia comenzó en Siberia con restos diminutos que revelaron mediante ADN la existencia de una población humana desconocida. Después aparecieron mandíbulas, proteínas y sedimentos que ampliaron enormemente su geografía. Finalmente, Harbin proporcionó la conexión que faltaba: un cráneo casi completo y evidencia molecular denisovana pertenecientes al mismo individuo.
Y la información decisiva no sobrevivió donde inicialmente la buscaron los investigadores. Permaneció atrapada en apenas 0,3 miligramos de cálculo dental adheridos a uno de sus dientes durante más de 146.000 años. De allí se recuperó el ADN mitocondrial que terminó colocando a Harbin dentro de la diversidad denisovana. El descubrimiento resuelve una parte del misterio y abre otra mucho mayor. Si Harbin pertenecía a una población denisovana y otros fósiles chinos como Dali, Jinniushan y Hualongdong comparten parte de su morfología, algunos de los hombres arcaicos encontrados durante décadas en China podrían haber pertenecido también a poblaciones denisovanas. Quizá los denisovanos llevaban décadas delante de nosotros, conservados en los museos y colecciones paleoantropológicas de Asia. Teníamos sus rostros; lo que todavía no sabíamos era su nombre.

DEL TOLEDO VISIGODO A LA ASTURIAS DE LA RECONQUISTA: LA CRUZ COMO CONTINUIDAD DE UN SÍMBOLO DE PODER

DEL TOLEDO VISIGODO A LA ASTURIAS DE LA RECONQUISTA: LA CRUZ COMO CONTINUIDAD DE UN SÍMBOLO DE PODER. Por Iván Oré Chávez. Una cruz visigoda...