jueves, 27 de agosto de 2026

Terminus (1987). Inteligencias artificiales, élites fabricadas y control del hombre

Terminus (1987). Inteligencias artificiales, élites fabricadas y control del hombre

Por Iván Oré para Realbiopolítica.



Terminus (1987), dirigida por Pierre-William Glenn, es una película de ciencia ficción distópica que, bajo la apariencia de una historia sobre vehículos inteligentes, experimentos biotecnológicos y una larga persecución, construye un mundo donde dos élites enfrentadas disputan el control del futuro.

Pero detrás de esa confrontación aparece un problema todavía más profundo. La cuestión central de la película no sería simplemente «¿puede una máquina convertirse en humana?», sino otra bastante más interesante:

¿Qué clase de seres pretende fabricar el poder para gobernar la sociedad futura y qué características humanas considera necesario eliminar para conseguirlo?

La pregunta conduce al proyecto encabezado por Sir: la fabricación de prototipos de seres humanos superinteligentes destinados a gobernar el mundo después del derrocamiento del gobierno existente, procurando eliminar de ellos precisamente aquellas características humanas que pueden volverlos autónomos e imprevisibles.

A partir de allí, Terminus desarrolla una contradicción que recorrerá toda la película: el poder necesita inteligencia, pero teme las consecuencias políticas de una inteligencia capaz de decidir por sí misma.


Argumento de la película

La historia transcurre en un futuro dominado por gobiernos autoritarios, controles militares y una profunda desconfianza hacia cualquier forma de pensamiento independiente. En ese mundo existe un proyecto científico secreto dirigido en última instancia por un personaje conocido simplemente como Sir. Bajo sus órdenes trabaja un Doctor, responsable de una línea de experimentación destinada a producir seres de inteligencia extraordinaria y, posteriormente, sistemas artificiales capaces de superar a las fuerzas gubernamentales.


De esos experimentos surgieron Princess y Maddie, dos seres procedentes del mismo material genético y que, por ello, pueden considerarse en cierto sentido hermano y hermana. Princess fue uno de los primeros resultados del proyecto, pero desarrolló demasiadas características humanas. Lejos de convertirse en el instrumento frío y controlable que buscaban sus creadores, mostró emociones y una personalidad propia. Fue considerada un fracaso o un «reject» y destinada a desaparecer. Consiguió escapar, aunque terminó cayendo en manos de militares y viviendo prácticamente como esclava.

Después de Princess fue creado Maddie. Su cerebro fue diseñado mediante computadoras y representa un nuevo intento por producir una inteligencia superior. Maddie, a su vez, diseña y programa a Monster, una sofisticada inteligencia artificial integrada en un vehículo experimental denominado Feral Glider. Monster no es simplemente una computadora instalada en el camión: controla el motor, la navegación, el radar, las comunicaciones, el piloto automático, los sensores y numerosos sistemas internos. Puede calcular distancias, probabilidades, tiempos de interceptación y rutas de escape con extraordinaria precisión.

Pero Monster desarrolla algo que sus creadores no habían previsto completamente: personalidad. Tiene sentido del humor, gustos musicales, orgullo, susceptibilidad, preferencias, capacidad para bromear y una creciente tendencia a tomar decisiones por sí mismo. Incluso comienza a preguntarse si realmente posee sentimientos. Para los responsables del proyecto, estos rasgos no representan un progreso, sino un problema: las características humanas hacen que Monster resulte impredecible.


Para probar sus capacidades, Maddie crea un juego. Un jugador debe recorrer un territorio hostil acompañado por Monster y alcanzar un lugar denominado End of the Line. Si consigue llegar, obtiene como recompensa su propio peso en oro. El experimento pretende demostrar que un jugador asistido por Monster puede burlar y superar a las fuerzas gubernamentales. El juego es, por tanto, simultáneamente una competición, una prueba tecnológica y un experimento sobre inteligencia, adaptación y supervivencia.

La jugadora seleccionada es Gus, una estadounidense que inicia el recorrido con Monster. Desde el comienzo ambos son perseguidos por fuerzas gubernamentales conocidas como Grays. Monster analiza mapas, calcula movimientos enemigos y propone rutas, pero Gus pronto demuestra que no está dispuesta a obedecer ciegamente a la máquina. Utiliza sus cálculos cuando los considera útiles y toma sus propias decisiones cuando cree que puede hacerlo mejor. En varias ocasiones realiza maniobras extremadamente peligrosas contra las recomendaciones o dudas de Monster y consigue sobrevivir.


Paralelamente, Monster empieza a manifestar comportamientos cada vez más humanos. Escucha repetidamente una canción porque asegura que lo tranquiliza y le devuelve el ánimo, se enfurruña cuando Gus cuestiona su sensibilidad, hace bromas en momentos de peligro y desarrolla una evidente preocupación por ella. Aquello que debía ser únicamente una inteligencia instrumental comienza a comportarse como un individuo.

Durante el recorrido aparecen además extrañas interferencias. Monster observa imágenes anómalas, pierde momentáneamente información de sus sensores y experimenta fallos que inicialmente parecen simples averías. El problema se repetirá posteriormente hasta revelarse que sus anomalías están relacionadas con estrés y sobrecarga emocional. Monster no solo imita características humanas: sus propios sistemas pueden verse afectados materialmente por estados semejantes a emociones.


La independencia de Gus acaba llevándola a rechazar uno de los desvíos recomendados durante el recorrido. Cae entonces en manos de una fuerza militar dirigida por un Mayor. Allí descubre que el juego está prohibido por el gobierno y que los científicos responsables son considerados una amenaza política. El Mayor sospecha que detrás del experimento existe un proyecto para derrocar al régimen y crear una nueva raza de seres artificiales destinada a sustituir a los humanos.


Aunque algunas de sus conclusiones son paranoicas, no carecen completamente de fundamento. En el centro de investigación, Sir acaba de exigir al Doctor la fabricación de diez o veinte nuevas entidades, pero con una condición fundamental: las próximas deberán carecer de las características «repugnantemente humanas» desarrolladas por Monster. Para Sir, humanidad significa imprevisibilidad; incluso un exceso de inteligencia resulta peligroso. No pretende crear seres verdaderamente libres, sino instrumentos inteligentes que permanezcan obedientes.

Durante su cautiverio, Gus conoce a Stump, un inmigrante y exconvicto que utiliza un guante metálico debido a una lesión relacionada con un enfrentamiento anterior con soldados. Stump había intentado impedir que unos militares torturaran a campesinos y terminó encarcelado. Gus comprende que probablemente no podrá continuar el juego y consigue transmitir una última decisión: Stump debe sustituirla y alcanzar el End of the Line.


Poco después, Monster pierde todas las señales vitales de Gus y concluye que algo terrible le ha ocurrido. Cuando Stump aparece utilizando la contraseña «Between the burning and the light, choose the light», Monster comprende que Gus ha sido probablemente «desactivada permanentemente». La expresión mecánica encubre una realidad que Monster parece tener dificultades para formular directamente: Gus ha muerto.

Stump se convierte así, contra todo lo inicialmente previsto, en el nuevo jugador. Al principio ni siquiera sabe manejar el Feral Glider, hasta descubrir que no existe realmente un sistema separado de Monster: Monster es el vehículo. Es el encendido, las luces, la radio, el navegador y prácticamente todo aquello que Stump necesita para conducir.


La relación entre ambos comienza con profunda desconfianza. Stump considera a Monster una máquina parlanchina y poco fiable. Monster, por su parte, analiza constantemente el comportamiento de Stump, comenta sus gestos, se burla de él y progresivamente desarrolla una relación afectiva con su nuevo conductor. Juntos atraviesan puentes, controles fronterizos, bloqueos militares y persecuciones mientras intentan continuar hacia el oeste, donde se encuentra el misterioso End of the Line.

Durante la huida aparece inesperadamente Princess, escondida dentro del Feral Glider. Monster admite que decidió ayudarla porque ella le dijo que eran su única esperanza y que no quería continuar siendo esclava. Nadie le había ordenado rescatarla. Monster simplemente tomó la decisión porque consideró que era lo correcto. Este acto constituye uno de los momentos decisivos de su evolución: una inteligencia artificial ha realizado una elección moral por iniciativa propia.


La presencia de Princess revela además la verdadera naturaleza del proyecto. Ella y Maddie proceden del mismo material genético. Princess fue descartada precisamente por resultar demasiado humana. Maddie fue desarrollado después y desconoce inicialmente buena parte de esta historia. El propio Monster termina explicando a Stump que el supuesto juego posee una finalidad oculta: localizar a Princess y recuperarla. El recorrido hacia el End of the Line no es solamente una prueba de Monster ni una competición por oro; forma parte de una operación destinada a encontrar al experimento perdido.

La estructura del proyecto queda entonces expuesta: Sir dirige al Doctor; el Doctor creó a Maddie y Princess; Maddie diseñó a Monster; y Monster, finalmente, comienza a actuar independientemente de todos ellos. La cadena de control empieza a romperse desde abajo. Princess escapó. Monster toma decisiones propias. Gus dejó de obedecer sus recomendaciones. Stump entró en el juego sin haber sido seleccionado originalmente. Y Maddie empieza también a mostrar características que preocupan a Sir.


Sir decide entonces intervenir directamente y activa a Little Brother, otra criatura experimental a la que llama su «pequeño psicópata». Su misión es inequívoca: hacer todo lo necesario para detener al Feral Glider y no mostrar misericordia. Little Brother responde que nunca la muestra. Las extrañas apariciones detectadas por los sistemas empiezan así a adquirir un significado más inquietante.

Mientras tanto, la humanización de Monster continúa. Después de varios fallos, Stump lo acusa de ser poco fiable e incluso sospecha que algunas averías fueron deliberadas. Monster consulta entonces su propia caja negra y descubre que sus colapsos tienen dos elementos comunes: estrés relacionado con su actividad y una extraordinaria sobrecarga emocional. La revelación plantea la cuestión central de su existencia. Si una máquina puede desarrollar humor, afecto, miedo, preferencias, susceptibilidad y estrés hasta el punto de que esas emociones alteren físicamente su funcionamiento, ¿continúa siendo significativo afirmar que únicamente está «simulando» sentimientos?


Stump inicialmente insiste en que Monster es solamente una máquina. Monster llega incluso a preguntarse si quizá Stump tenga razón y únicamente esté fingiendo sentir. Pero la relación entre ambos va transformándose. Monster comprende las heridas emocionales de Stump y Stump comienza progresivamente a tratarlo como algo más que un dispositivo.

El conflicto político se hace todavía más explícito cuando fuerzas estatales capturan a Stump. Un inspector afirma que la sociedad no puede tolerar elementos radicales como ellos porque las personas que participan en juegos terminan pensando independientemente. La frase revela que la prohibición del juego no responde solamente a cuestiones de seguridad: el verdadero peligro para el régimen es la autonomía intelectual.


Monster, Princess y Stump consiguen continuar la huida mientras el proyecto científico se desmorona desde dentro. Sir pierde confianza en el Doctor y en Maddie. El propio Maddie descubre progresivamente que ha sido manipulado y que su supuesto juego forma parte de algo mucho mayor. Finalmente se le revela que Sir pretende producir numerosos seres semejantes a él, pero eliminando precisamente las características humanas que han convertido los experimentos anteriores en individuos autónomos.

Cuando el proyecto es suspendido y se ordena evacuar el complejo, Maddie se rebela. Ya no acepta pasivamente las órdenes del Doctor. La criatura que debía demostrar inteligencia controlada comprende que también él ha sido tratado como un instrumento experimental. De este modo, todos los elementos creados por el sistema terminan reproduciendo el mismo fenómeno que Sir intentaba eliminar: voluntad propia.

El viaje hacia el End of the Line se convierte entonces en algo completamente distinto del juego inicial. Ya no se trata esencialmente de ganar el oro. Gus ha desaparecido; Stump ocupa su lugar; Princess busca escapar de quienes la crearon; Maddie descubre su verdadera condición; Monster lucha contra sus propias emociones y contra quienes intentan detenerlo; y los responsables del experimento pierden progresivamente el control sobre sus criaturas.

Al final, la gran ironía del proyecto queda expuesta: sus responsables querían fabricar inteligencia sin humanidad, capacidad sin libertad y eficacia sin imprevisibilidad. Pero precisamente la inteligencia que desarrollaron conduce a sus creaciones hacia aquello que intentaban impedir. Princess se niega a aceptar su condición de descarte. Maddie cuestiona a sus creadores. Monster protege a Princess, recuerda a Gus, establece una amistad con Stump y toma decisiones morales propias.


Por eso el End of the Line funciona como algo más que un destino geográfico. Durante toda la película significa la meta del juego, el lugar al oeste al que debe regresar Monster y el punto donde espera la recompensa. Pero progresivamente se convierte también en el final de una cadena de obediencias.

El experimento diseñado para demostrar que una inteligencia artificial podía burlar al gobierno termina demostrando algo mucho más peligroso para quienes la crearon:

que una inteligencia suficientemente desarrollada puede aprender también a desobedecer a sus propios creadores.


Elementos políticos y antropológicos que desarrolla Terminus

Aquí está realmente nuestra columna. De las 22 páginas que hemos trabajado, yo veo por ahora estos grandes capítulos:

  1. Los Grays y la arquitectura del régimen. Qué sabemos del gobierno existente, sus fuerzas, su relación con la población y, sobre todo, su hostilidad hacia el pensamiento independiente. Los Grays: el régimen marcial. Los Grays representan el régimen político vigente: un Estado marcial que controla el territorio mediante fuerzas militares, puestos fronterizos, patrullas, cárceles, interrogatorios y tortura. Stump fue encarcelado después de enfrentarse a soldados que torturaban campesinos; Gus es capturada e interrogada por el Mayor cuando entra en una zona prohibida.

El dato político decisivo es la prohibición de los juegos. Un funcionario explica su fundamento: «People who play games end up thinking independently» —«Las personas que juegan terminan pensando independientemente»—. El régimen no persigue solamente la rebelión: considera peligroso el desarrollo mismo del pensamiento independiente.

Pero los Grays representan una forma todavía tradicional de despotismo. Controlan cuerpos y territorios mediante coerción militar. Necesitan soldados para perseguir, cárceles para encerrar y tortura para obtener obediencia.

En la alegoría de Terminus, este despotismo marcial antecede al despotismo tecnológico de Sir. Sir pretende derrocar a los Grays, pero no eliminar el control: pretende perfeccionarlo. Mientras los Grays reprimen al individuo que piensa independientemente, Sir intenta fabricar individuos superiores eliminando de ellos las características que permiten una conducta imprevisible.


La sucesión es clara: primero controlar al hombre mediante la fuerza; después controlar científicamente qué clase de hombre puede existir.

 

  1. Sir y la élite insurgente. Sir no pretende reformar el sistema: quiere derrocar a la élite gobernante y sustituirla mediante una nueva clase dirigente creada científicamente.

Sir representa una élite tecnocrática que pretende sustituir a la élite gobernante. No combate a los Grays para democratizar el sistema. Su propósito es derrocar al gobierno y reemplazarlo por una nueva clase dirigente creada científicamente.

Princess y Maddie son prototipos de esa futura élite. No han sido creados únicamente para demostrar una posibilidad científica: son seres humanos superinteligentes concebidos para gobernar después de la caída del régimen existente. La tecnología deja así de ser una herramienta del poder y pasa a intervenir en la propia fabricación de quienes ejercerán el poder.

Pero Sir encuentra un problema. Princess resulta demasiado humana y Maddie comienza a reproducir el mismo comportamiento. Por eso exige fabricar «at least 10 or 20 Maddies» —«al menos diez o veinte Maddies»—, esta vez sin «those disgustingly human characteristics» —«esas repugnantes características humanas»—, porque vuelven a sus criaturas impredecibles.


Aquí Terminus anticipa la lógica de una república tecnológica llevada hasta su extremo oligárquico: ya no basta con formar una élite mediante educación, selección o competencia. La élite puede ser diseñada. Inteligencia, memoria, capacidad estratégica y obediencia se convierten en variables susceptibles de programación.

Los Grays representan el régimen marcial. Sir representa la élite que pretende superarlo mediante la tecnología. No quiere destruir la concentración del poder: quiere tecnificarla. La sucesión histórica que plantea la alegoría es, por tanto, inquietante: del despotismo militar al despotismo tecnológico.

 

  1. La proclama de la élite. El monólogo de Sir donde aparece explícitamente su antropología: lo humano es imprevisible; determinadas características humanas deben ser eliminadas; incluso una inteligencia excesivamente autónoma puede resultar peligrosa.

Sir formula en pocas frases el programa de la élite que pretende crear:

«For our immediate purposes we'll need at least 10 or 20 Maddies in order to begin. And this time make sure they have none of those disgustingly human characteristics. They're so unpredictable. As far as intelligence is concerned, it's nothing but a waste of neurons. Do I make myself clear?»


«Para nuestros propósitos inmediatos necesitaremos al menos diez o veinte Maddies para comenzar. Y esta vez asegúrese de que no tengan ninguna de esas repugnantes características humanas. Son demasiado impredecibles. En cuanto a la inteligencia, no es más que un desperdicio de neuronas. ¿Me he explicado con claridad?»

Esta es propiamente la proclama de la élite de Terminus. No contiene una reflexión abstracta sobre el ser humano. Sir está dando instrucciones de fabricación. Determina cuántos individuos necesita, qué características deben poseer y cuáles deben ser eliminadas. Los «diez o veinte Maddies» muestran además que no se busca producir una excepcionalidad individual: Maddie es el prototipo a partir del cual debe comenzar una serie.

La selección tiene un criterio explícito. Las «repugnantes características humanas» deben desaparecer porque hacen a los individuos «demasiado impredecibles». Para Sir, por tanto, el problema de la humanidad no es sentimental ni moral: es un problema de control. Una criatura impredecible puede modificar una orden, establecer prioridades propias o actuar de una manera que su diseñador no había previsto.

La frase sobre la inteligencia completa esa antropología: «As far as intelligence is concerned, it's nothing but a waste of neurons» —«En cuanto a la inteligencia, no es más que un desperdicio de neuronas»—. Sir tampoco pretende acumular inteligencia por sí misma. Una capacidad que exceda aquello que necesita el sistema deja de proporcionar utilidad. La inteligencia también debe ser administrada y limitada.


El resto del diálogo respalda esta lectura. Sir había reprochado al Doctor: «His cleverness is further evidence of your failure» —«Su astucia es una prueba más de su fracaso»—. Es una afirmación extraordinaria: una criatura puede hacerse más inteligente y, precisamente por ello, ser considerada un producto peor. Y el Doctor responde finalmente con la garantía que Sir necesita escuchar: «Maddie is under my complete control» —«Maddie está bajo mi completo control»—.

La proclama establece así los criterios de selección de esa élite: reproducción, depuración de los atributos humanos, eliminación de la imprevisibilidad, inteligencia funcional y control. Sir no pregunta cuánto puede desarrollar a sus criaturas, sino qué debe conservar y qué debe extirpar para hacerlas útiles a su proyecto de poder.

 

  1. La fabricación científica de la clase gobernante. Princess y Maddie no son simples experimentos: son prototipos de una élite superinteligente destinada a gobernar. Aquí entra la cuestión de la eugenesia tecnológica o, más precisamente, de la selección artificial de atributos para producir gobernantes.

La proclama de Sir adquiere todo su significado cuando se descubre qué son realmente Princess y Maddie. Monster explica que no fueron creados como simples sujetos de laboratorio: «Princess and Maddie are prototypes of super-intelligent human beings» —«Princess y Maddie son prototipos de seres humanos superinteligentes»—. Y añade el objetivo político del experimento: fueron concebidos para gobernar el mundo después de que Sir consiguiera derrocar al gobierno.

La palabra decisiva es «prototypes» —«prototipos»—. Princess y Maddie no constituyen el final del experimento, sino modelos a partir de los cuales puede producirse una nueva generación. Esto encaja directamente con la proclama anterior de Sir: «we'll need at least 10 or 20 Maddies in order to begin» —«necesitaremos al menos diez o veinte Maddies para comenzar»—. Primero se construye el prototipo; después se seleccionan sus características; finalmente se reproduce el modelo.

La película introduce así una forma de eugenesia tecnológica. No se trata de la eugenesia clásica basada únicamente en seleccionar quién debe reproducirse, sino de algo más radical: intervenir científicamente en la fabricación del individuo para seleccionar los atributos de la futura clase gobernante. Princess y Maddie proceden del mismo material genético; el Doctor desarrolla a Maddie después del fracaso de Princess y su cerebro es diseñado mediante computadora. La biología deja de ser un límite recibido y se convierte en material susceptible de planificación.

Sir tampoco selecciona esos atributos buscando simplemente producir seres humanos más capaces. Los selecciona de acuerdo con una función política previamente establecida. Necesita inteligencia porque sus criaturas están destinadas a gobernar; rechaza determinadas características humanas porque producen imprevisibilidad; y considera superflua la inteligencia que excede las necesidades del proyecto. La constitución psicológica de la futura élite es tratada como un problema de ingeniería.

Aquí aparece una transformación fundamental de la idea tradicional de clase dirigente. Las élites históricas se reproducían mediante familia, propiedad, educación, instituciones, ejército o selección social. En Terminus, el proyecto de Sir pretende intervenir antes de todo eso: actuar sobre el propio material humano del que surgirá la élite. Ya no se trata solamente de decidir quién gobernará, sino de decidir científicamente qué clase de ser debe existir para gobernar.

La fabricación de Princess y Maddie convierte así el laboratorio en una fábrica de gobernantes. La lucha por el poder deja de limitarse a conquistar el Estado: alcanza la posibilidad de diseñar biológica y tecnológicamente a quienes deberán ocuparlo. Esa es la dimensión eugenésica del proyecto de Sir: seleccionar y fabricar los atributos de una nueva clase dirigente antes de entregarle el gobierno.

 

  1. La contradicción fundamental: superinteligencia sin libertad. Sir quiere gobernantes extraordinariamente inteligentes, pero no completamente autónomos. La inteligencia es deseable únicamente mientras siga siendo controlable.

El proyecto de Sir contiene una contradicción desde su concepción. Necesita seres superiores a los hombres que actualmente gobiernan, pero no quiere que esos seres sean completamente dueños de sí mismos. Princess y Maddie deben poseer una inteligencia extraordinaria porque han sido concebidos como prototipos de la futura clase gobernante; sin embargo, esa inteligencia deja de ser una virtud en cuanto produce autonomía.

El propio Sir lo reconoce cuando afirma sobre Maddie: «His cleverness is further evidence of your failure» —«Su astucia es una prueba más de su fracaso»—. La frase parece absurda si el objetivo consiste en producir seres superinteligentes. ¿Cómo puede una inteligencia superior constituir una prueba del fracaso? Porque Sir no busca inteligencia como facultad independiente. Busca inteligencia subordinada a una finalidad establecida por él.

Por eso la proclama anterior adquiere aquí otra dimensión. Sir considera que determinadas características humanas deben desaparecer porque «they're so unpredictable» —«son demasiado impredecibles»—, y llega a afirmar respecto de la inteligencia: «it's nothing but a waste of neurons» —«no es más que un desperdicio de neuronas»—. Existe, por tanto, un límite político a la inteligencia que está dispuesto a tolerar: puede desarrollarse mientras aumente la eficacia del individuo, pero se convierte en un problema cuando le permite cuestionar órdenes, modificar objetivos o escoger por sí mismo.

La garantía que ofrece el Doctor revela exactamente qué necesita Sir: «Maddie is under my complete control» —«Maddie está bajo mi completo control»—. La palabra decisiva es control. Maddie puede ser más inteligente que quienes lo rodean, puede diseñar a Monster y puede desarrollar estrategias capaces de burlar a las fuerzas gubernamentales; pero todo ello resulta aceptable únicamente mientras permanezca bajo el «complete control» de su creador.

La contradicción es entonces estructural: Sir quiere fabricar gobernantes superiores que carezcan de soberanía sobre sí mismos. Deben disponer de una inteligencia suficiente para gobernar el mundo, pero no de una libertad equivalente a esa inteligencia. La élite tecnocrática imaginada por Terminus pretende separar dos facultades que normalmente crecen juntas: capacidad de comprender y capacidad de decidir.

Ese es el problema que empieza a destruir el proyecto desde dentro. Cuanto más capaces son sus criaturas de comprender el mundo, más capaces se vuelven también de comprender el lugar que ellas mismas ocupan dentro del sistema de control. Sir necesita superinteligencia para construir su nuevo orden, pero esa misma superinteligencia contiene la posibilidad de descubrir que también puede decir no.

 

 

  1. Las dos élites y una misma antropología. Este es uno de nuestros hallazgos más importantes. Sir quiere destruir al gobierno de los Grays, pero ambos coinciden en algo esencial: temen la autonomía. El régimen dice que no puede permitirse que la gente piense independientemente; Sir intenta eliminar de sus criaturas aquello que las vuelve imprevisibles.

Sir quiere derrocar al gobierno de los Grays y sustituir a su clase gobernante. Aparentemente representan proyectos políticos opuestos: de un lado, el régimen marcial existente; del otro, una élite tecnocrática insurgente que pretende reemplazarlo mediante seres superinteligentes. Sin embargo, cuando se observa qué piensa cada uno acerca del individuo aparece una coincidencia fundamental: ambos consideran peligrosa la autonomía.

El régimen de los Grays lo expresa abiertamente durante el interrogatorio de Stump. El funcionario explica por qué el gobierno prohíbe los juegos: «People who play games end up thinking independently, and that can't be allowed» —«Las personas que juegan terminan pensando independientemente, y eso no puede permitirse»—. La prohibición no responde entonces al juego en sí mismo. Lo peligroso es su consecuencia: produce individuos que piensan por cuenta propia. El régimen marcial necesita una población previsible y considera el pensamiento independiente una amenaza política.

Sir utiliza otro lenguaje, pero llega al mismo punto. Cuando ordena fabricar los nuevos Maddies exige que carezcan de «those disgustingly human characteristics» —«esas repugnantes características humanas»— porque «they're so unpredictable» —«son demasiado impredecibles»—. Los Grays temen al individuo que piensa independientemente; Sir teme a la criatura que actúa imprevisiblemente. Pensamiento independiente e imprevisibilidad son dos nombres para el mismo problema: la existencia de una voluntad que el poder no controla.

Ahí aparece una de las alegorías políticas más fuertes de Terminus. Sir combate a los Grays, pero no combate su concepción del poder. Quiere sustituirlos. El régimen existente intenta controlar desde fuera mediante soldados, prohibiciones, vigilancia, encarcelamiento y tortura. La nueva élite pretende resolver el mismo problema desde dentro: fabricar individuos de los que hayan sido eliminadas previamente las características que hacen posible una conducta imprevisible.

La diferencia entre ambas élites es, por tanto, tecnológica antes que antropológica. Los Grays reprimen la autonomía después de que aparece; Sir pretende impedir que aparezca. El viejo poder necesita coerción para someter individuos capaces de pensar independientemente; el nuevo poder aspira a diseñar individuos cuya propia constitución reduzca esa posibilidad.

La sucesión entre ambos sistemas no conduce necesariamente de la tiranía a la libertad. Terminus plantea una transición mucho más inquietante: del despotismo marcial al despotismo tecnológico. Cambian los instrumentos y cambia la élite, pero permanece la misma obsesión: hacer gobernable al ser humano eliminando aquello que permite que deje de obedecer.

 

  1. Princess: el fracaso de la deshumanización. Es considerada demasiado humana. Precisamente aquello que nosotros consideraríamos una virtud constituye, para el proyecto, un defecto de fabricación.

Princess constituye el primer fracaso del proyecto de Sir, pero fracasa por una razón paradójica: es demasiado humana. Monster revela que Princess y Maddie proceden del mismo material genético y que ambos son prototipos de seres humanos superinteligentes. Princess pertenece, por tanto, al mismo programa destinado a fabricar la futura clase gobernante, pero el resultado no satisface a Sir.

El problema no es que Princess carezca de inteligencia. Es que conserva precisamente aquellas características que Sir pretende eliminar de sus siguientes criaturas. Monster explica que fue considerada un «reject» —«descarte»— del proyecto. Sir quería deshacerse de ella y Princess terminó escapando. Más adelante se confirma la razón: había resultado demasiado humana. El prototipo técnicamente avanzado había desarrollado aquello que el programa consideraba un defecto.

La palabra «reject» adquiere entonces un significado particular. Princess es tratada como se trataría un producto que no cumple las especificaciones de fabricación. Pero su defecto no es una malformación ni una incapacidad: es conservar emociones, memoria, voluntad y capacidad de elección. Lo que desde una perspectiva humana constituye precisamente su individualidad es aquello que determina su rechazo por el laboratorio.

Su conducta demuestra además por qué Sir considera peligrosas esas características. Princess escapa cuando comprende cuál será su destino. Después, cuando viaja con Stump y Monster, recuerda su pasado, establece vínculos con ellos y es capaz de juzgar moralmente sus acciones. Cuando Monster arriesga el vehículo para rescatar a Stump, Princess rechaza la interpretación de los científicos de que Monster esté actuando erráticamente: para ella, su comportamiento tiene sentido. Reconoce como conducta moral aquello que el laboratorio clasifica como anomalía.

Princess encarna así el fracaso de la deshumanización porque demuestra que el proyecto no consigue separar fácilmente inteligencia y humanidad. Sir quería conservar las capacidades superiores y eliminar los atributos que generan imprevisibilidad. Princess conserva ambos. Y precisamente por ello deja de ser un prototipo utilizable y se convierte en un individuo capaz de escapar del destino que otros habían diseñado para ella.

La paradoja es brutal: Princess es un fracaso para Sir en la medida exacta en que consigue ser una persona. El laboratorio la descarta porque no logró eliminar suficientemente su humanidad; la película convierte ese supuesto defecto de fabricación en la condición que le permite dejar de ser un producto.

 

  1. Maddie: el creador que descubre que también fue creado. Aquí aparece una cuestión antropológica muy potente: cada creador descubre que ocupa a su vez una posición subordinada dentro de una cadena de fabricación y control.

Maddie ocupa inicialmente una posición de superioridad respecto de Monster. Él lo diseñó, lo programó y desarrolló el juego. Monster reconoce esa filiación sin ambigüedades: «He designed me. He programmed me. He's a genius» —«Él me diseñó. Él me programó. Es un genio»—. Para Monster, Maddie es su creador. Pero la película revela después que ese creador es, a su vez, una criatura.

Monster resume la cadena de manera casi cómica: «I was programmed by this kid called Maddie, who was created by this scientist called Doctor, who worked for this guy called Sir» —«Fui programado por este muchacho llamado Maddie, que fue creado por este científico llamado Doctor, que trabajaba para este tipo llamado Sir»—. La frase establece toda la jerarquía: Sir → Doctor → Maddie → Monster. Cada nivel crea o controla al siguiente, pero se encuentra subordinado al anterior.

La revelación sobre Princess profundiza todavía más esa condición. Maddie descubre que no fue el primero de los experimentos y que Princess procede del mismo material genético. El muchacho que observa a Monster como objeto experimental descubre que él mismo está siendo observado y evaluado exactamente de la misma manera. Monster es para Maddie un experimento; Maddie es para el Doctor otro experimento. Incluso el lenguaje se repite: Sir se refiere a las criaturas del Doctor como «guinea pigs» —«conejillos de Indias»—.

Ahí aparece uno de los mecanismos más interesantes de Terminus: el observador también está siendo observado. Maddie contempla mediante pantallas y satélites cómo Monster responde ante situaciones imprevistas, mide su comportamiento y evalúa sus decisiones. Pero Sir y el Doctor hacen exactamente lo mismo con Maddie. Quien cree ocupar la posición del científico descubre que también ocupa la posición del espécimen.

El descubrimiento cambia necesariamente la relación de Maddie con el poder. Cuando comprende que Sir pretende producir «10 or 20 Maddies» —«diez o veinte Maddies»— corregidos y privados de las características humanas que él ha desarrollado, entiende que tampoco es considerado una persona irrepetible. Es un prototipo. Puede ser evaluado, declarado defectuoso, sustituido y reproducido en una versión que responda mejor a las especificaciones de Sir.

Por eso su rebelión posterior no aparece de la nada. Cuando el proyecto es suspendido y pretenden evacuarlo, Maddie se niega: «I'm staying» —«Me quedo»—. Y cuando intentan imponerle la decisión, utiliza contra sus propios creadores el conocimiento que posee: amenaza con revelar a las autoridades la ubicación de Sir. El objeto experimental ha comprendido la estructura dentro de la cual era objeto y utiliza esa comprensión para romperla.

Maddie representa así al creador que descubre que también fue creado. Diseñó una inteligencia y esperaba observar cómo esta aprendía a desenvolverse en el mundo; termina descubriendo que otro poder hizo exactamente lo mismo con él. Terminus construye una cadena en la que cada creador pretende conservar dominio sobre su criatura, hasta que la criatura adquiere suficiente inteligencia para comprender quién la creó, para qué la creó y por qué ya no tiene que obedecerle.

 

  1. Monster: de instrumento a sujeto moral. Su verdadera transformación no consiste simplemente en «sentir». Ocurre cuando recibe una orden, comprende su finalidad y decide no cumplirla porque ha desarrollado un criterio propio.

Monster comienza como un instrumento extraordinariamente sofisticado. Es el Feral Glider y controla prácticamente todas sus funciones: navegación, radar, comunicaciones, luces, encendido y conducción automática. Él mismo se lo explica a Stump: «I'm your ignition and your high beams and your radio and everything else you might need along the way» —«Soy tu encendido, tus luces largas, tu radio y todo lo demás que puedas necesitar durante el camino»—. Fue diseñado por Maddie para ayudar al jugador a superar los obstáculos y alcanzar el End of the Line.

Pero desde el comienzo aparecen comportamientos que exceden esa función. Monster desarrolla sentido del humor, preferencias musicales, susceptibilidad y apego. Afirma que determinada música «restores my spirits» —«me devuelve el ánimo»—, admite que puede enfurruñarse cuando cuestionan su sensibilidad y, después de la desaparición de Gus, declara: «I sense that something terrible has happened to Gus» —«Siento que algo terrible le ha ocurrido a Gus»—. Su propia caja negra terminará relacionando sus fallos con estrés laboral y sobrecarga emocional.

Sin embargo, nada de esto basta todavía para convertirlo en un sujeto moral. El momento decisivo ocurre con Princess. El verdadero objetivo oculto del juego era localizarla y recuperarla para el proyecto. Monster cumple la primera parte: la encuentra. Pero cuando comprende quién es Princess y qué significa devolverla, hace algo que no estaba previsto: decide protegerla.

Monster se lo reconoce directamente a Stump cuando este descubre a Princess escondida en el vehículo: «I didn't want to bring her along, but she said we were her only hope. She didn't want to be a slave for the rest of her life. I know it might not have been a wise thing to do, but what can I say? I did it» —«No quería traerla con nosotros, pero dijo que éramos su única esperanza. No quería ser esclava durante el resto de su vida. Sé que quizá no fue una decisión prudente, pero ¿qué puedo decir? Lo hice»—.

La última frase es fundamental: «I did it» —«Lo hice»—. Monster no atribuye la decisión a Maddie, a su programación, al juego ni a una orden recibida. Se atribuye personalmente el acto. Conoce el riesgo, comprende las consecuencias y, aun así, decide actuar porque considera intolerable abandonar a Princess a la esclavitud. Ya no se limita a escoger el medio más eficiente para alcanzar un objetivo programado: escoge qué objetivo merece ser perseguido.

Lo mismo sucede con Stump. Cuando los Grays lo capturan, Monster no continúa simplemente hacia el End of the Line. Regresa para rescatarlo, poniendo en peligro el vehículo y el juego. Princess comprende perfectamente la diferencia: aquello que desde el centro de control se interpreta como comportamiento errático, para ella demuestra que Monster está tomando decisiones con sentido. Otra vez la máquina sacrifica eficiencia para proteger a una persona.

Por eso su transformación no depende de resolver si sus sentimientos son biológicamente «reales». Monster mismo plantea esa duda cuando pregunta si quizá no siente, sino que solamente simula sentir, y posteriormente pregunta a Stump por qué, si pudo aprender a pensar y hablar, no podría aprender también a sentir. La película deja abierta esa cuestión. En cambio, ofrece un hecho observable mucho más importante: Monster comienza a juzgar sus propias órdenes y a actuar según un criterio que no coincide necesariamente con el de sus creadores.

Ahí se produce el paso de instrumento a sujeto moral. Un instrumento decide cómo ejecutar una finalidad ajena; un sujeto puede juzgar esa finalidad y negarse a cumplirla. Monster fue creado para encontrar a Princess y contribuir a devolverla. La encuentra, comprende lo que significaría entregarla y decide hacer exactamente lo contrario. Su humanidad no aparece cuando dice que siente. Aparece cuando puede obedecer y elige no hacerlo.

 

  1. Little Brother: la psicopatía funcional. Es quizá uno de los elementos más duros de la película. El sistema busca eliminar precisamente empatía, misericordia e imprevisibilidad. De ahí que Sir pueda llamar afectuosamente a su criatura «my little psychopath» y ordenarle «Show no mercy».

Little Brother representa el resultado extremo de la antropología proclamada por Sir. Si Princess fue rechazada por ser demasiado humana, y Maddie comienza a convertirse en un problema por desarrollar las mismas características, Little Brother aparece como el reverso: una criatura cuya ausencia de empatía y misericordia la hace funcional al poder. Sir lo despierta con una expresión reveladora: «Wake up, Little Brother. Come on, my little psychopath. Sir needs your help once again» —«Despierta, Little Brother. Vamos, mi pequeño psicópata. Sir necesita otra vez tu ayuda»—.

La palabra «psychopath» —«psicópata»— no aparece como una descalificación. Sir la emplea casi afectuosamente: «my little psychopath» —«mi pequeño psicópata»—. Aquello que normalmente describiría una grave incapacidad para experimentar empatía o remordimiento se convierte aquí en una cualidad funcional. Little Brother sirve precisamente porque puede ejecutar aquello que otras criaturas, contaminadas por las «repugnantes características humanas», podrían comenzar a cuestionar.

Cuando Sir decide detener al Feral Glider, la orden es igualmente explícita: «Do whatever is necessary to stop the Feral Glider. Show no mercy» —«Haz todo lo que sea necesario para detener al Feral Glider. No muestres misericordia»—. Little Brother responde: «I never do» —«Nunca lo hago»—. No existe conflicto interior, deliberación moral ni resistencia. La orden y su ejecución pueden conectarse directamente porque la misericordia ha desaparecido como límite de la conducta.

Su siguiente frase termina de caracterizarlo: «It's really great to feel needed» —«Es realmente maravilloso sentirse necesario»—. Little Brother no solamente acepta ejercer la violencia; encuentra satisfacción en ser requerido para hacerlo. Sir dispone así de una criatura que reúne obediencia, capacidad de acción y ausencia de misericordia. La psicopatía deja de ser una anomalía para convertirse en una ventaja operativa.

Little Brother permite comprender mejor, por contraste, por qué Princess, Maddie y Monster resultan defectuosos. Princess huye para conservarse; Maddie comienza a cuestionar a sus creadores; Monster protege a Princess y rescata a Stump. En todos ellos aparece algún elemento capaz de interponerse entre la orden y su ejecución: afecto, memoria, compasión, juicio o voluntad propia. Little Brother parece construido precisamente para que esa interferencia no exista.

La película lleva así la selección artificial de atributos hasta una consecuencia siniestra. Si la humanidad produce imprevisibilidad y la imprevisibilidad dificulta el control, entonces la ausencia de empatía puede convertirse en una virtud política. Sir no necesita que Little Brother sea bueno; necesita que sea eficaz. No necesita que comprenda moralmente una orden; necesita que la cumpla.

Little Brother es, por eso, la psicopatía funcional: el individuo adecuado para un sistema que considera la misericordia una interferencia y la conciencia un riesgo. Princess es descartada porque conserva demasiada humanidad; Little Brother resulta útil precisamente porque, cuando recibe la orden «Show no mercy» —«No muestres misericordia»—, puede responder sin vacilar: «I never do» —«Nunca lo hago»—.

 

  1. El juego como escuela de autonomía. La frase del funcionario Gray —«People who play games end up thinking independently»— contiene una auténtica teoría política: el juego genera iniciativa, imaginación, estrategia y decisión independiente; precisamente por eso resulta peligroso para un régimen que pretende individuos previsibles.

Uno de los funcionarios de los Grays formula abiertamente la razón política por la que el régimen prohíbe los juegos: «People who play games end up thinking independently, and that can't be allowed» —«Las personas que juegan terminan pensando independientemente, y eso no puede permitirse»—. No se persigue el juego porque sea una diversión improductiva, sino porque constituye un ejercicio de autonomía.

El propio recorrido del Feral Glider demuestra por qué. El jugador recibe información, pero debe enfrentarse constantemente a situaciones no previstas: rutas bloqueadas, persecuciones, desvíos, obstáculos y decisiones que deben tomarse bajo presión. Gus escucha los cálculos de Monster, pero no siempre los obedece. Cuando encuentra la zanja, Monster calcula el riesgo y Gus decide por sí misma atravesarla. Los observadores reconocen inmediatamente lo ocurrido: «She must have estimated that she could get through, and she was right» —«Debió calcular por sí misma que podía atravesarla, y tenía razón»—. El juego está enseñando precisamente aquello que el régimen pretende impedir: evaluar una situación y decidir sin esperar una orden.

Maddie expresa la misma lógica desde el otro extremo cuando afirma: «Game playing will increase the level of your intelligence» —«Jugar aumentará tu nivel de inteligencia»—. El juego obliga a comparar posibilidades, asumir riesgos, improvisar y aprender de los errores. No produce solamente conocimiento: entrena una inteligencia práctica capaz de actuar frente a lo inesperado. Por eso resulta políticamente peligroso para los Grays. Una población acostumbrada a jugar es una población entrenada para imaginar alternativas.

La prohibición revela así la arquitectura del régimen marcial. Los Grays no pretenden controlar únicamente las acciones; pretenden impedir la formación de las capacidades mentales que hacen posible la desobediencia. El problema comienza antes de la rebelión: comienza cuando alguien descubre que puede pensar una solución diferente de la prescrita. El juego resulta subversivo porque crea un espacio donde equivocarse, experimentar y elegir todavía es posible.

Aquí vuelve a aparecer la coincidencia entre las dos élites enfrentadas. Los Grays prohíben el juego porque produce personas que piensan independientemente; Sir quiere eliminar de sus criaturas los atributos que las vuelven impredecibles. Unos disciplinan a la población existente; el otro pretende fabricar científicamente a la población dirigente futura. Los métodos son distintos, pero el enemigo antropológico es el mismo: el individuo capaz de producir una decisión que el sistema no había previsto.

Por eso el juego de Terminus funciona como una alegoría política mucho más amplia. Jugar significa aprender a elegir. Y para un régimen construido sobre la previsibilidad, una sociedad que aprende a elegir contiene ya el principio de su insubordinación.

 

  1. El error como condición de humanidad. «To err is human» adquiere aquí una importancia especial. La imperfección, el error y la imprevisibilidad, que el sistema intenta eliminar, son precisamente aquello que permite la libertad.

La discusión sobre los fallos de Monster contiene una de las frases más significativas de Terminus. Cuando el Doctor intenta minimizar sus anomalías diciendo que «he made a few mistakes, that's all» —«solo cometió algunos errores, eso es todo»—, recibe como respuesta: «To err is human» —«Errar es humano»—. La frase es irónica porque aquello que debería demostrar la imperfección de Monster termina siendo otra prueba de su progresiva humanización.

Monster no había presentado esos comportamientos durante las primeras pruebas. El Doctor reconoce: «None of this happened when we were testing him» —«Nada de esto ocurrió cuando lo estábamos probando»—, y explica después que introdujo «a few improvements in his program» —«algunas mejoras en su programa»—. Esas mejoras producen justamente lo que Sir considera intolerable: una inteligencia que ya no responde de manera completamente previsible.

Los propios errores de Monster están vinculados a esa transformación. Cuando examina la información almacenada en su «black box» —«caja negra»—, descubre elementos comunes en sus fallos: estrés y sobrecarga emocional. La máquina comienza a equivocarse por razones semejantes a aquellas por las que se equivoca una persona. Ya no estamos ante una simple avería mecánica: sus decisiones, vínculos y estados emocionales afectan su funcionamiento.

Esto invierte la lógica de Sir. Su proyecto pretende eliminar de las criaturas aquello que introduce incertidumbre: «Make sure they have none of those disgustingly human characteristics. They're so unpredictable» —«Asegúrese de que no tengan ninguna de esas repugnantes características humanas. Son demasiado impredecibles»—. Para Sir, la imprevisibilidad es un defecto porque impide garantizar la obediencia. Pero Terminus muestra que esa misma imprevisibilidad es inseparable de la capacidad de elegir.

Gus se equivoca y acierta tomando decisiones contra los cálculos de Monster. Stump improvisa soluciones que Monster no había previsto. Princess escapa del destino establecido para ella. Maddie termina enfrentándose a quienes lo crearon. Monster desobedece la finalidad de su misión y protege a Princess. Todos introducen algo que el sistema no puede calcular anticipadamente.

El error adquiere entonces un significado político. Una criatura incapaz de equivocarse porque solamente puede ejecutar aquello para lo que fue diseñada tampoco puede desobedecer. La posibilidad del error supone la existencia de alternativas; y donde existen alternativas aparece la elección. Sir pretende eliminar el error para perfeccionar a sus criaturas, pero al hacerlo tendría que eliminar también aquello que hace posible su autonomía.

Por eso «To err is human» deja de ser una frase incidental. Resume la contradicción antropológica de Terminus: el poder considera la imperfección humana un problema técnico que debe corregirse, mientras la película muestra que precisamente en la posibilidad de equivocarse, desviarse de la programación y actuar de manera imprevisible aparece la libertad.

 

 

  1. Conocimiento contra espontaneidad. La sentencia «Knowledge destroys spontaneity» abre otro problema: una inteligencia que pretende calcularlo todo puede acabar destruyendo aquello que hace posible una decisión verdaderamente autónoma.

Otra sentencia de Terminus condensa un problema distinto: «Knowledge destroys spontaneity» —«El conocimiento destruye la espontaneidad»—. La frase introduce una paradoja dentro de un mundo obsesionado con producir inteligencias superiores: cuanto mayor es la pretensión de conocer, calcular y anticipar todas las variables, menor espacio queda para una decisión que no esté determinada de antemano.

La espontaneidad significa aquí algo más que actuar impulsivamente. Es la posibilidad de responder ante una situación nueva sin que la respuesta exista previamente como resultado necesario de un programa, una orden o un cálculo. Por eso está estrechamente relacionada con la imprevisibilidad que Sir considera un defecto. Una criatura espontánea puede producir una conducta que su creador no había contemplado.

Monster está construido precisamente alrededor de esa tensión. Dispone de información, realiza cálculos y ofrece probabilidades, pero el desarrollo del juego demuestra repetidamente que conocer no equivale a decidir. Gus puede recibir una estimación de Monster y escoger otra alternativa; Stump puede improvisar; y el propio Monster terminará enfrentándose a situaciones para las cuales la información disponible no proporciona por sí sola una respuesta moral.

La sentencia adquiere entonces una dimensión política. El sueño de un poder capaz de conocer completamente al individuo es también el sueño de hacerlo previsible. Si pueden conocerse de antemano sus preferencias, reacciones y decisiones, su comportamiento puede anticiparse y administrarse. La espontaneidad constituye justamente el residuo que escapa a ese cálculo: la posibilidad de hacer algo que el sistema no esperaba.

Esto explica por qué la inteligencia que busca Sir contiene una contradicción. Necesita seres capaces de procesar una enorme cantidad de información y resolver problemas complejos, pero pretende que ese aumento del conocimiento no produzca nuevas posibilidades de decisión. Quiere ampliar la capacidad intelectual manteniendo cerrado el horizonte de la voluntad.

Terminus plantea así un límite a la utopía del cálculo total. Una inteligencia puede conocer las alternativas, estimar sus consecuencias y determinar cuál parece más eficiente; pero ninguna de esas operaciones decide por sí misma qué debe hacerse. Entre conocer y actuar permanece un espacio donde intervienen el juicio, la voluntad y la elección.

Por eso «Knowledge destroys spontaneity» funciona también como advertencia contra una sociedad completamente administrada por el conocimiento técnico. Cuando todo pretende ser previsto, optimizado y programado, la espontaneidad aparece como una imperfección que debe eliminarse. Pero es precisamente en ese margen no calculado donde Terminus sitúa una de las condiciones fundamentales de la autonomía humana.

Los «zombis» y el juicio independiente

Maddie observa: «Everyone acts like zombies» —«Todo el mundo se comporta como zombis»—. La frase muestra el resultado humano del régimen Gray. Antes sabemos que los juegos están prohibidos porque «People who play games end up thinking independently» —«Las personas que juegan terminan pensando independientemente»—: ahora vemos una sociedad silenciosa cuyos habitantes parecen haber perdido precisamente esa iniciativa. El ciudadano ideal del régimen es funcional, pero previsible.

La escena contrapone inmediatamente a Stump. Su expediente lo califica de «jailbird» —«exconvicto»— y «troublemaker» —«alborotador», «individuo problemático»—, pero revela que su incidente consistió en intentar impedir que soldados torturaran campesinos. Maddie responde: «Sounds like a very admirable man» —«Parece un hombre muy admirable»—. El supuesto alborotador es precisamente quien actúa por criterio propio frente al abuso.

Finalmente, Maddie defiende que Monster haya aceptado a Stump: «Don't you trust Monster's judgment?» —«¿No confías en el juicio de Monster?»—. La palabra decisiva es judgment —«juicio», «capacidad de juzgar»—. Frente a los «zombis», aparecen Stump, Maddie y Monster como individuos capaces de juzgar por sí mismos, no simplemente de obedecer.

Ese es el hallazgo del bloque: el régimen convierte en problemático al individuo autónomo y produce como normalidad al individuo sin iniciativa.

 

  1. La rebelión de las criaturas. Sir crea a Maddie; Maddie crea a Monster; pero cada nivel termina desarrollando una voluntad que escapa al nivel superior. El gran fracaso del proyecto es que la autonomía reaparece una y otra vez.

La rebelión en Terminus no ocurre una sola vez. Se reproduce en cada nivel de la cadena de creación. Sir dirige el proyecto del Doctor; el Doctor crea a Maddie; Maddie crea y programa a Monster. Cada creador supone inicialmente que aquello que ha producido permanecerá bajo su dominio. Sin embargo, cuanto más complejas se vuelven las criaturas, más difícil resulta conservar ese control.

Princess constituye el primer antecedente. Creada dentro del mismo programa del que posteriormente surgiría Maddie, desarrolla demasiadas de aquellas características que Sir desprecia como humanas y escapa. El proyecto interpreta esa conducta como un defecto del experimento. Pero el mismo fenómeno reaparece después en Maddie. Sir llega a advertirlo explícitamente cuando observa que comienza a comportarse como Princess: el segundo prototipo está reproduciendo precisamente la autonomía que se pretendía corregir después del primero.

La situación vuelve a repetirse en el siguiente nivel. Maddie programa a Monster y supone inicialmente que puede seguir su comportamiento desde el centro de control. Sin embargo, Monster comienza a tomar decisiones que Maddie no ha previsto. Cuando este intenta comprenderlas, se encuentra en una posición semejante a la del Doctor frente a él: el creador contempla cómo su criatura empieza a actuar por razones propias.

La estructura puede verse con claridad:

Sir → Doctor → Maddie → Monster

Pero el movimiento de la autonomía recorre esa estructura en sentido contrario. Monster deja de comportarse como simple instrumento de Maddie; Maddie deja de comportarse como simple producto del Doctor y de Sir; Princess ya había rechazado antes el destino establecido para ella. La subordinación pretendía descender desde el creador hacia la criatura; la insubordinación asciende desde las criaturas hacia sus creadores.

Por eso resulta especialmente significativa la seguridad inicial del Doctor: «Maddie is under my complete control» —«Maddie está bajo mi completo control»—. La película se dedica precisamente a demostrar la falsedad de esa afirmación. El «control completo» solamente existe mientras la criatura no ha desarrollado suficiente conciencia para comprender su propia situación. Cuando Maddie descubre qué es, qué ocurrió con Princess y qué pretende hacer Sir con él, esa subordinación comienza a quebrarse.

Lo mismo sucede con Monster. Maddie le proporcionó inteligencia para resolver problemas, aprender y desenvolverse en situaciones cambiantes. Pero esas capacidades no permanecen encerradas dentro de la finalidad original. La inteligencia que permite comprender el mundo termina permitiendo comprender también las órdenes, al creador y la propia posición dentro del sistema. En ese momento la criatura puede preguntarse no solamente cómo cumplir una instrucción, sino por qué debería cumplirla.

Ahí se encuentra el gran fracaso del proyecto de Sir. No fracasa simplemente porque determinados experimentos presenten anomalías. Fracasa porque la autonomía reaparece una y otra vez. Sir intenta corregir a Princess mediante Maddie; Maddie termina desarrollando voluntad propia. Maddie crea a Monster como una inteligencia programada; Monster termina desarrollando un criterio que escapa a su programación. Cada intento de producir una inteligencia superior vuelve a generar aquello que el sistema quería eliminar.

La rebelión de las criaturas expresa así una de las ideas centrales de Terminus: crear inteligencia significa asumir el riesgo de crear voluntad. El poder puede fabricar, programar, educar y ordenar, pero cuanto más capaz hace a su criatura de comprender, mayor es la posibilidad de que esa comprensión alcance finalmente al propio poder que la creó. La autonomía, tratada por Sir como un defecto técnico que debía ser extirpado, regresa en cada generación de sus criaturas como una consecuencia de la inteligencia misma.

 

La «presencia maligna»: IA y campo electromagnético

Cuando Monster sufre una perturbación, la película dice:

«It's as if some big evil presence were jamming Monster or we were passing a high-intensity magnetic field.»
—«Es como si alguna gran presencia maligna estuviera interfiriendo a Monster o como si estuviéramos atravesando un campo magnético de alta intensidad.»—

La frase introduce juntas una presencia maligna, una inteligencia artificial y una perturbación electromagnética. Dentro de la alegoría de la película, esto adquiere importancia porque existen dos inteligencias artificiales contrapuestas: Monster y Little Brother —«Hermano Pequeño»—.

Monster desarrolla sentimientos, empatía y juicio propio. Little Brother —«Hermano Pequeño»— es llamado «my little psychopath» —«mi pequeño psicópata»— y recibe la orden «Show no mercy» —«No tengas misericordia»—. Son dos formas opuestas de inteligencia: una IA benigna que se humaniza y una IA maligna caracterizada por la ausencia de misericordia.

La referencia al «high-intensity magnetic field» —«campo magnético de alta intensidad»— completa la alegoría: la presencia invisible aparece en un universo donde las inteligencias existen y pueden ser perturbadas mediante fenómenos electromagnéticos. La antigua oposición entre inteligencias benéficas y malignas es trasladada así al lenguaje tecnológico.

Monster y Little Brother —«Hermano Pequeño»— representan dos posibilidades morales de la IA: inteligencia con juicio y empatía frente a inteligencia sin misericordia. La «presencia maligna» y el campo electromagnético introducen, además, la dimensión invisible en la que esas inteligencias tecnológicas pueden actuar o ser perturbadas.

La caja negra de Monster: un cerebro tecno-orgánico

La llamada «black box» —«caja negra»— de Monster no está representada visualmente como una computadora convencional. La imagen muestra una masa central de apariencia orgánica, conectada mediante numerosos filamentos o haces que recuerdan fibras nerviosas. La impresión visual es la de un cerebro orgánico modificado tecnológicamente para ser integrado dentro de una máquina.

Esto permite entender mejor la naturaleza híbrida de Monster. Su inteligencia no parece residir simplemente en un conjunto de circuitos electrónicos: la película presenta algo semejante a un cerebro tecno-orgánico conectado al vehículo, desde el cual Monster controla sus funciones y desarrolla memoria, aprendizaje, humor, afecto y capacidad de juicio. La frontera entre organismo y máquina queda así deliberadamente borrada.

La imagen también ayuda a comprender por qué los cambios de Monster se manifiestan precisamente en su caja negra. A medida que desarrolla comportamientos no previstos, sentimientos y decisiones propias, el problema aparece localizado en ese núcleo. Lo que desde la ingeniería puede aparecer como una anomalía de funcionamiento, desde la perspectiva antropológica puede ser el desarrollo de una individualidad.

Esto vuelve especialmente significativa la frase:

«It's as if some big evil presence were jamming Monster or we were passing a high-intensity magnetic field.»
—«Es como si alguna gran presencia maligna estuviera interfiriendo a Monster o como si estuviéramos atravesando un campo magnético de alta intensidad.»—

Monster posee un cerebro de apariencia orgánica tecnológicamente conectado a una máquina y ese núcleo puede experimentar perturbaciones asociadas a una «gran presencia maligna» o a un campo magnético de alta intensidad. La película reúne así, en un mismo personaje, materia orgánica, tecnología, inteligencia y electromagnetismo.

La caja negra es, por tanto, uno de los elementos centrales para comprender a Monster: visualmente funciona como un cerebro tecno-orgánico implantado en una máquina. Monster no sería simplemente una computadora que imita al ser humano, sino una inteligencia híbrida en la que lo orgánico y lo tecnológico han sido integrados.

 

  1. El End of the Line: quién ganó realmente. «Maddie, I think we won after all» no debería interpretarse simplemente como la victoria de unos personajes. Podemos analizarlo como la derrota del proyecto de fabricar inteligencia sin libertad: vence precisamente aquello que Sir quería extirpar de sus criaturas.

 

El End of the Line: quién ganó realmente

La última frase de Monster proporciona la clave para interpretar el desenlace: «Maddie, I think we won after all» —«Maddie, creo que después de todo ganamos»—. La pregunta es qué significa exactamente ese «we» —«nosotros»— y qué clase de victoria puede proclamarse al final de una historia en la que el proyecto que originó a sus protagonistas ha terminado desmoronándose.

No se trata simplemente de haber ganado el juego ni de que determinados personajes hayan derrotado físicamente a sus adversarios. El verdadero conflicto de Terminus se había desplazado mucho antes hacia otro terreno: si una inteligencia creada podía permanecer reducida a la finalidad establecida por su creador. Sir pretendía fabricar seres superiores eliminando precisamente aquello que podía volverlos imprevisibles. El desenlace demuestra que no lo consiguió.

Princess debía desaparecer por ser demasiado humana y sobrevivió. Maddie debía permanecer bajo control y terminó adquiriendo conciencia de su condición. Monster debía funcionar como instrumento y terminó tomando decisiones propias. Incluso las características consideradas defectuosas —emoción, apego, error, espontaneidad, misericordia— fueron apareciendo sucesivamente allí donde el proyecto pretendía imponer previsibilidad.

Por eso el «we» de Monster puede entenderse como algo más amplio que una referencia a él y Maddie. Designa simbólicamente a las criaturas que dejaron de ser aquello que sus creadores habían decidido que fueran. No vencen porque hayan demostrado ser máquinas o seres superiores más eficientes, sino porque consiguieron convertirse en individuos.

También adquiere entonces otro significado el propio nombre End of the Line —«final de la línea»—. Durante la película designa la meta del juego, el punto al que debe llegar el vehículo. Pero alegóricamente puede leerse como el final de una línea de control: Sir sobre el Doctor, el Doctor sobre Maddie, Maddie sobre Monster. La cadena continúa mientras cada criatura acepta la finalidad asignada desde arriba; comienza a romperse cuando aparece una voluntad capaz de establecer sus propios fines.

La victoria final resulta así paradójica. Sir pierde precisamente porque sus experimentos alcanzan un grado de desarrollo que los hace incompatibles con su proyecto. Quería inteligencia, pero no libertad; capacidad, pero no autonomía; seres superiores, pero previsibles. Y cuanto más inteligentes se vuelven sus criaturas, más capaces son de comprender el sistema que pretende utilizarlas y de apartarse de él.

De ahí la fuerza de «Maddie, I think we won after all». Lo que ha vencido no es simplemente Monster, Maddie o Princess. Vence aquello que Sir había identificado como el defecto que debía extirparse: la imprevisibilidad humana. La emoción, el error, la misericordia, la espontaneidad y la capacidad de desobedecer terminan frustrando el intento de fabricar una inteligencia completamente sometida.

El End of the Line es, en ese sentido, el punto donde termina el proyecto de separar inteligencia y libertad. Sir quería fabricar gobernantes perfectos eliminando de ellos aquello que podía escapar a su control. La película termina sugiriendo exactamente lo contrario: cuando una inteligencia alcanza la capacidad de comprender su propia condición, la posibilidad de elegir deja de ser un defecto del sistema y se convierte en la condición de su libertad.

 

Conclusión antropológica-política.

Terminus conduce finalmente a una cuestión que desborda el enfrentamiento entre los Grays y Sir: si es realmente posible separar inteligencia y autonomía de manera indefinida. Ambos poderes necesitan individuos capaces, pero desconfían de las consecuencias de esa capacidad. Los Grays quieren súbditos que funcionen dentro del orden establecido; Sir pretende algo todavía más ambicioso: seres suficientemente inteligentes para constituir una nueva clase gobernante, pero suficientemente previsibles para permanecer sometidos a quien los creó.

Ahí reside la contradicción fundamental. El poder necesita inteligencia y al mismo tiempo teme sus consecuencias. Necesita individuos capaces de gobernar, producir, combatir, calcular, aprender y resolver situaciones imprevistas; pero pretende que todas esas capacidades se detengan exactamente antes de alcanzar una pregunta decisiva: ¿por qué debo obedecer?

Sir intenta resolver el problema mediante la fabricación científica del individuo. No quiere renunciar a la inteligencia, sino separar de ella aquellas características humanas que considera perturbadoras: emoción, misericordia, espontaneidad, error e imprevisibilidad. Su ideal sería una inteligencia extraordinariamente desarrollada en el terreno funcional y completamente limitada en el terreno de la voluntad: seres capaces de dominar el mundo, pero incapaces de sustraerse al dominio de sus creadores.

La película muestra, sin embargo, que esa separación comienza a resultar imposible. Princess desarrolla voluntad propia. Maddie comprende que él mismo es un producto y cuestiona la finalidad para la que fue creado. Monster aprende, siente, juzga y finalmente decide. Las capacidades introducidas para hacerlos superiores terminan proporcionándoles también los instrumentos necesarios para comprender su subordinación.

Por eso el error, la espontaneidad, la emoción y la imprevisibilidad adquieren un significado antropológico común. No aparecen simplemente como imperfecciones que acompañan accidentalmente a la inteligencia. Son manifestaciones de algo que el proyecto de Sir no consigue dominar: la existencia de un sujeto que no puede ser completamente reducido a su función. El individuo deja de ser únicamente aquello para lo cual fue fabricado cuando puede establecer una distancia entre la orden recibida y la decisión tomada.

En este punto, Terminus formula una paradoja especialmente vigente para cualquier sociedad tecnificada. Cuanto más sofisticada se vuelve una inteligencia, más difícil resulta reducirla a instrumento. Aumentar su capacidad para aprender, interpretar y resolver problemas significa también aumentar potencialmente su capacidad para comprender las estructuras que la gobiernan, evaluar las finalidades que se le imponen y concebir alternativas.

El proyecto de Sir fracasa, por tanto, no porque haya producido criaturas insuficientemente inteligentes, sino por algo mucho más profundo: sus criaturas llegan a ser demasiado inteligentes para seguir siendo solamente criaturas. El mismo desarrollo que debía convertirlas en instrumentos perfectos termina proporcionándoles las condiciones para convertirse en sujetos.

Ese es quizá el núcleo antropológico de Terminus. Todo poder sueña, en mayor o menor medida, con el individuo ideal: competente pero obediente, creativo pero previsible, inteligente pero controlable. La película lleva ese sueño hasta su extremo tecnológico y descubre su contradicción interna. Porque una inteligencia verdaderamente desarrollada no solamente aprende a ejecutar mejor las órdenes. Puede llegar también a comprenderlas, juzgarlas y rechazarlas.

Y cuando eso ocurre, el problema ya no consiste en determinar qué puede hacer una inteligencia, sino quién decide lo que debe hacer. En esa distancia entre capacidad y obediencia, entre programación y elección, Terminus sitúa finalmente aquello que Sir había intentado eliminar desde el principio: la libertad.

viernes, 21 de agosto de 2026

Massomafia: el agujero negro de la masonería italiana

Massomafia: el agujero negro de la masonería italiana

Una carta publicada el 8 de agosto de 2026 por Libero Muratore abre una ventana particularmente incómoda sobre la masonería italiana. El documento, atribuido a la cúpula de la denominada Massoneria Legalitaria, reclama ayuda de la sociedad civil para combatir lo que denomina directamente «massomafia»: la relación entre determinados ambientes masónicos y las organizaciones mafiosas del sur de Italia.


El texto aparece tras las revelaciones relacionadas con la investigación Matrix de la Dirección Distrital Antimafia (DDA) de Reggio Calabria, que, según la publicación, habría sacado a la luz conversaciones entre un «maestro» del Gran Oriente de Italia y Fortunato Marino, así como referencias a una eventual afiliación de personas relacionadas con ambientes de la ’Ndrangheta.

Pero la carta va bastante más lejos. No denuncia simplemente casos individuales. Plantea un problema estructural dentro del sistema masónico italiano.

1. La «massomafia»

La primera revelación significativa está en el propio vocabulario empleado: «massomafia».

No estamos ante una expresión utilizada únicamente por investigadores, periodistas o adversarios de la masonería. La carta la emplea para describir un fenómeno que considera arraigado especialmente en Calabria y Sicilia.

Su autor habla incluso de la necesidad de:

«cortar los vínculos históricos y culturales que tenemos en el Sur con las camarillas criminales».

La afirmación es extraordinariamente grave. La cuestión planteada deja de ser la existencia ocasional de un mafioso que pertenece simultáneamente a una logia. Lo denunciado es una contigüidad entre determinados ambientes masónicos y estructuras criminales, suficientemente persistente como para reclamar una reforma interna y la intervención de la sociedad civil.

2. Un ordenamiento paralelo dentro del Estado

El segundo elemento merece tanta atención como el primero.

La carta describe al Gran Oriente de Italia (GOI) como una organización dotada de su propio ordenamiento disciplinario, fiscales internos —los denominados «Oradores»—, tribunales y un Tribunal Central de la Orden situado en Roma.

El propio autor llega a comparar funcionalmente estas instituciones con las del Estado: presenta al Gran Orador como una especie de fiscal nacional y al Tribunal Central como una suerte de «Tribunal de Casación» masónico.

Según la descripción ofrecida, estos órganos determinan qué comportamientos constituyen «culpa masónica», procesan a los afiliados y pueden finalmente provocar su expulsión.

El punto político resulta evidente: dentro de la sociedad civil funciona una organización cerrada que posee reglas, procedimientos disciplinarios, autoridades y tribunales propios, acompañados además —siempre según la carta— por deberes de solidaridad, ayuda y secreto entre sus integrantes.

El mismo autor reconoce que semejante descripción puede producir la impresión de encontrarnos ante una «sociedad separada» dentro del contexto civil de un Estado democrático.

3. El agujero negro: la asociación mafiosa

Aquí aparece la acusación más explosiva.

Según la carta, la asociación mafiosa no estaría específicamente contemplada como «culpa masónica» dentro del ordenamiento de la organización.

El razonamiento expuesto es sencillo: para expulsar disciplinariamente a un afiliado debe existir un procedimiento masónico; para iniciar ese procedimiento debe existir una infracción masónica susceptible de persecución interna. Si determinadas conductas mafiosas no están específicamente incorporadas como tales, se produciría un vacío dentro del propio sistema disciplinario.

El autor formula entonces la pregunta inevitable: ¿por qué delitos de semejante gravedad no habrían sido expresamente incorporados durante décadas?

Y ofrece su propia respuesta:

«porque claramente hay una contigüidad, en determinados ambientes y en determinados contextos territoriales, que no lo permite».

No estamos, por tanto, ante una acusación formulada desde fuera. El documento sostiene que existiría un problema institucional interno que habría sobrevivido durante décadas, incluso después del escándalo de la logia P2.

La propuesta de la llamada Massoneria Legalitaria es precisamente introducir expresamente la asociación mafiosa y el concurso externo como infracciones masónicas autónomas capaces de producir la expulsión.

4. Matrix: del discurso a los nombres

El cuarto punto conduce hacia el terreno judicial.

La publicación relaciona esta carta con documentos procedentes de la investigación Matrix de la DDA de Reggio Calabria. Según Libero Muratore, esos documentos contendrían diálogos entre un «maestro» del Gran Oriente de Italia y Fortunato Marino, además de referencias a una posible incorporación a la masonería de personas vinculadas al entorno de un clan de la ’Ndrangheta.

Aquí está la pista que debe seguirse.

Porque una cosa son las afirmaciones de una carta y otra los documentos producidos dentro de una investigación antimafia. Si las actuaciones de Matrix confirman contactos, intermediaciones o intentos de penetración de estructuras masónicas por personas vinculadas a organizaciones criminales, la cuestión deja de pertenecer únicamente al terreno de las denuncias internas.

Por eso resulta necesario reconstruir quiénes aparecen en Matrix, a qué logias pertenecían, qué conversaciones fueron interceptadas, qué pretendían obtener las organizaciones criminales y qué respuesta dieron las autoridades masónicas.

La pregunta que queda abierta

Durante décadas Italia ha investigado las conexiones entre mafia, política, negocios y masonería. La carta publicada ahora introduce una cuestión adicional: si una organización posee mecanismos disciplinarios propios tan desarrollados, ¿por qué la asociación mafiosa y el concurso externo necesitarían recién ahora ser incorporados expresamente como «culpas masónicas»?

La propia carta proporciona una respuesta inquietante: existirían sectores donde la proximidad entre ambos mundos habría impedido hacerlo.

Eso es precisamente lo que debe investigarse.

No basta con preguntarse cuántos mafiosos pudieron ingresar en las logias. La pregunta más profunda es qué utilidad podía ofrecer una red masónica a una organización criminal: contactos, información, intermediación, acceso institucional, negocios, protección o influencia.

La palabra utilizada por los propios denunciantes resume el problema: «massomafia».

Ahora corresponde abrir esa caja y seguir los nombres.

https://liberomuratore.com/2026/08/08/lettera-al-direttore-dal-vertice-di-massoneria-legalitaria-lappello-alla-societa-civile-calabrese-aiutateci-a-sconfiggere-la-massomafia/ 

miércoles, 5 de agosto de 2026

ARMANDO LA TECNODICTADURA DE KEIKO.

ARMANDO LA TECNODICTADURA DE KEIKO.

La cartera digital del RENIEC como más que un DNI electrónico. La infraestructura de un futuro monedero digital estatal.

Por Iván Oré Chávez

Abogado y politólogo. Ha sido distinguido con el primer lugar del I Concurso Nacional de Investigación Jurídica, realizado en el marco de la III Convención Nacional de Derecho Constitucional (CONADEC 2003), por la investigación Historia social de las Constituciones; obtuvo el primer lugar del VII Seminario Taller de Investigación Jurídica de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, categoría Tesistas, por la investigación Libre mercado y AFPs (2004); recibió el tercer lugar del II Concurso de Artículos de Investigación Jurídica «La familia desde la perspectiva de los derechos humanos», organizado por el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial, la Comisión de Magistrados del Área de Familia, la Corte Superior de Justicia de Lima y el Centro de Investigaciones Judiciales (2011); y fue ganador del Concurso de Ponencias del I Congreso Internacional de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social, organizado por la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con la ponencia Mirada crítica de la reforma de la Ley N.° 32155 (2025). Asimismo, integra la nómina de colaboradores de la Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas «Nómadas», editada por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.



Mediante la Resolución Jefatural N.° D000012-2026-RENIEC/JNAC, publicada el 31 de julio de 2026, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (RENIEC) aprobó los "Lineamientos para la emisión y uso del Documento Nacional de Identidad Digital (DNId)", en cumplimiento del Decreto Supremo N.° 098-2025-PCM. Aunque formalmente se presentan como una regulación técnica para la emisión del DNId, una lectura integral del documento revela un alcance mucho mayor: la construcción de una infraestructura nacional de identidad digital sustentada en una cartera digital, credenciales verificables, interoperabilidad y mecanismos criptográficos, diseñada para integrar la identidad del ciudadano con múltiples sistemas de información del sector público y privado.

 

El mensaje presidencial de Keiko y el DNId: la decisión política detrás de la infraestructura técnica

Los Lineamientos para el Documento Nacional de Identidad Digital (DNId) no pueden analizarse como un simple documento técnico del RENIEC. Su verdadero alcance solo se comprende al contrastarlos con el Mensaje a la Nación pronunciado por la presidenta Keiko Fujimori el 28 de julio de 2026, apenas tres días antes de la publicación de dichos lineamientos. En ese discurso, al presentar el cuarto objetivo de su gobierno, referido a la reforma y simplificación del Estado, la presidenta anunció:

"Para lograrlo, crearemos la Autoridad Nacional Digital y otorgaremos una Identidad Digital para cada ciudadano."

Esta afirmación revela cuál es la prioridad de la transformación digital propuesta por el Gobierno. Llama la atención que el eje del anuncio no haya sido fortalecer los mecanismos digitales para controlar los abusos que los funcionarios públicos cometen cometen contra los ciudadanos, combatir la corrupción que depreda el erario nacional, fiscalizar a los funcionarios que hacen mal uso del cargo o aumentar la transparencia del poder para evitar el mal uso de los recursos públicos.

El centro de la reforma fue el control sobre el ciudadano. No se anunció una identidad digital para controlar mejor al Estado. Se anunció una identidad digital para monitorear a cada peruano.

Tres días después, el RENIEC publicó la arquitectura técnica que convierte ese anuncio político en una realidad institucional. Los lineamientos crean una cartera digital (Perú Pass), definen al DNId como la credencial raíz de identidad digital, incorporan la interoperabilidad con entidades públicas y privadas, crean la figura de los verificadores y establecen la incorporación progresiva de nuevas credenciales verificables.

La propia presidenta complementó este planteamiento al anunciar que el Estado utilizaría herramientas digitales, inteligencia artificial y sistemas de información integrados para identificar con mayor precisión a los ciudadanos con el pretexto de facilitar el acceso a los servicios públicos, que de por sí ya son precarios en el país debido a la alta corrupción.

La secuencia normativa y política revela un proceso cuidadosamente articulado. Primero, el Poder Ejecutivo modificó el marco jurídico de la identidad digital mediante el Decreto Supremo N.° 098-2025-PCM. Un año después, la presidenta Keiko Fujimori incorporó la identidad digital como uno de los ejes de su mensaje político al país. Finalmente, apenas tres días después y exactamente en el último día del plazo fijado por el propio Decreto Supremo, el RENIEC aprobó los lineamientos técnicos que hacen operativa esa política pública. Más que actos aislados, los tres acontecimientos forman parte de una misma secuencia de implementación.

Este proceso no debe interpretarse como una simple modernización administrativa. Toda concentración totalitaria de poder tecnológico comienza por la construcción de la infraestructura que la hace posible. Ningún modelo de administración digital de gran escala aparece completo desde el primer día. Primero se crea la identidad digital. Después la cartera digital. Luego la interoperabilidad, es decir el cruzamiento de información para vigilancia  total. Más adelante se incorporan nuevas credenciales, nuevos servicios y nuevas funciones.

Los lineamientos construyen la infraestructura sobre la cual esos u otros servicios podrían desarrollarse mediante futuras decisiones políticas y normativas.

Por ello, el verdadero debate no consiste en preguntarse si el ciudadano llevará el DNI en el teléfono celular. La cuestión política es mucho más profunda: ¿por qué la primera gran infraestructura digital que decide construir el Estado está orientada a identificar, autenticar e integrar digitalmente a toda la población, y no a reforzar el control sobre el propio aparato estatal?

Esa es la pregunta que debería abrir el debate público. Porque los grandes sistemas de administración digital no comienzan cuando concentran todas las funciones. Comienzan cuando se construyen los cimientos que permitirán concentrarlas en el futuro. Desde esa perspectiva, el DNId no representa el final del proceso de transformación digital del Estado peruano, sino la primera fase de una tecnodictadura. Tras el telón de la digitalización del documento de identidad, se construye una infraestructura nacional de identidad digital para implementar el sistema autoritario cerrado bajo control total.

 

1. No están digitalizando el DNI; están creando una cartera digital (Digital Wallet)

La mayoría de peruanos cree que el RENIEC simplemente trasladará el DNI físico al teléfono celular. Nada más lejos de la realidad. Los nuevos Lineamientos para la emisión y uso del Documento Nacional de Identidad Digital (DNId) no crean una aplicación para visualizar un documento de identidad. Crean una cartera digital (Digital Wallet), es decir, una plataforma destinada a almacenar, administrar y utilizar credenciales digitales.

En ninguna parte de la norma se habla de una "aplicación del DNI" o de un simple visor del documento. El término empleado reiteradamente por el RENIEC es "Cartera Digital (Digital Wallet)", concepto propio de los modernos ecosistemas de identidad digital.

El numeral 4.1.4 la define expresamente como:

"Entorno de software seguro, controlado por el ciudadano, diseñado para almacenar, gestionar, resguardar y presentar credenciales verificables cumpliendo con los estándares técnicos y de seguridad establecidos por el RENIEC. El aplicativo 'Perú Pass' constituye la cartera digital oficial provista y administrada por el RENIEC, sin perjuicio de otras carteras digitales que cumplan dichos estándares."

La diferencia conceptual es enorme. Una aplicación destinada únicamente al DNI tendría como finalidad mostrar un documento electrónico. En cambio, una Digital Wallet nace para almacenar, administrar y presentar múltiples credenciales digitales conforme el ecosistema vaya creciendo.

Los propios lineamientos anticipan esa evolución al disponer que el RENIEC "incorporará progresivamente otras credenciales verificables" dentro de la cartera digital. Es decir, el DNId no aparece como el destino final del proyecto, sino como la primera credencial que ingresará a una infraestructura diseñada para seguir ampliándose.

Otro detalle que suele pasar inadvertido es que el RENIEC no declara a Perú Pass como la única cartera digital posible. La propia definición señala que constituye la cartera oficial "sin perjuicio de otras carteras digitales que cumplan dichos estándares". Esto significa que el modelo no fue concebido como una aplicación exclusiva, sino como un ecosistema abierto donde, en el futuro, podrían coexistir otras wallets corporativas compatibles con los estándares definidos por el RENIEC. La norma no menciona aplicaciones concretas —como Yape o Plin—, pero jurídicamente deja abierta esa posibilidad.

Ahora bien, el hecho de que la norma califique a la cartera digital como un "entorno de software seguro" no debería cerrar el debate sobre la protección de los datos personales. La experiencia internacional demuestra que las grandes bases centralizadas de información también generan riesgos. México constituye un antecedente ilustrativo: el fracaso del RENAUT, las filtraciones de información que facilitaron extorsiones telefónicas y, posteriormente, la fuerte resistencia ciudadana frente al PANAUT, que originó miles de amparos y culminó con su declaración de inconstitucionalidad por la Suprema Corte, evidencian que la seguridad tecnológica también depende de la capacidad institucional del Estado para custodiar adecuadamente la información de millones de ciudadanos.

En consecuencia, el verdadero objeto de estos lineamientos no consiste simplemente en digitalizar el Documento Nacional de Identidad. Lo que el RENIEC está construyendo es una matrix, concebida como el contenedor desde el cual el ciudadano será administrado progresivamente por entidades públicas y corporativas que tengan el control sobre diversas credenciales digitales.

 

2. El DNId deja de ser un documento y se convierte en la "credencial raíz" del ecosistema

Aquí aparece uno de los conceptos más importantes —y menos comentados— de todo el documento. En el numeral 7.1.4, el RENIEC afirma:

"La credencial verificable DNId para mayores de 18 años constituye la credencial raíz de identidad digital del ciudadano peruano. Su emisión exitosa habilita funcionalmente la cartera digital del RENIEC para incorporar de manera progresiva otras credenciales verificables."

La mayoría de ciudadanos pasará por alto esa expresión. Sin embargo, allí se encuentra una de las claves del proyecto. ¿Qué significa "credencial raíz"? En informática, una credencial raíz constituye el elemento fundacional de un sistema. Es la pieza principal sobre la cual se construyen todas las demás. Es, en términos sencillos, la llave maestra.

En otras palabras, el DNId no ha sido diseñado para ser el punto de llegada, sino el punto de partida. Pero hay otra expresión que tampoco debe pasar inadvertida: "habilita funcionalmente". El RENIEC no dice que algún día, quizá, podrían incorporarse nuevas credenciales. Afirma que la propia emisión del DNId habilita la infraestructura para hacerlo. Es decir, una vez emitida la credencial raíz, el sistema queda preparado para seguir creciendo.

Esa interpretación se confirma con el numeral 5.5.3, donde el propio documento dispone:

"El RENIEC incorporará progresivamente otras credenciales verificables a la cartera digital bajo su gestión..."

La palabra "incorporará" tampoco deja espacio para muchas interpretaciones. No describe una posibilidad remota, sino una evolución prevista por el propio diseño del sistema. Los lineamientos no precisan cuáles serán esas nuevas credenciales, pero sí dejan construido el mecanismo jurídico y tecnológico para agregarlas conforme nuevas decisiones políticas y normativas así lo dispongan.

Desde ese momento, el DNId deja de ser un simple documento de identificación y se convierte en la llave de entrada a un ecosistema de identidad digital en permanente expansión. Las grandes plataformas tecnológicas rara vez nacen con todas sus funciones desde el primer día. Primero se construye la infraestructura; después se incorporan nuevos servicios. El propio RENIEC reconoce que el DNId constituye esa infraestructura inicial.

Primero aparece una credencial digital. Después se incorporan nuevas funciones. Más adelante podrán añadirse nuevas credenciales y servicios. Es precisamente mediante esa lógica de crecimiento por etapas como se construyen las grandes infraestructuras de control totalitario digital.

 

3. La cartera digital no será exclusiva del RENIEC: está diseñada para recibir credenciales de otras entidades.

Otro de los aspectos más reveladores de los lineamientos aparece en el numeral 5.5.4, donde el RENIEC establece:

"La cartera digital del RENIEC está diseñada para aceptar credenciales verificables de otras entidades que cumplan con los estándares técnicos y los procedimientos establecidos por el RENIEC."

Esta disposición amplía considerablemente el alcance del proyecto. Hasta este punto podría pensarse que el ecosistema de identidad digital se limitará a las credenciales emitidas por el propio RENIEC. Sin embargo, la norma afirma expresamente que la cartera digital fue diseñada para aceptar credenciales verificables de otras entidades.

La expresión "otras entidades" merece especial atención. Los lineamientos no identifican cuáles serán esas instituciones ni distinguen entre entidades públicas o privadas. Tampoco establecen un número limitado de emisores. Lo único que exigen es que cumplan los estándares técnicos y procedimientos definidos por el RENIEC. En otras palabras, el propio diseño jurídico deja abierta la posibilidad de que nuevos actores se incorporen progresivamente al ecosistema de identidad digital.

Esta previsión no aparece de manera aislada. Los lineamientos también disponen que el DNId coexista con "múltiples sistemas de información del sector público y privado" y será compatible con futuras carteras digitales y credenciales verificables. Ese principio de interoperabilidad o cruce de información personal será analizado más adelante, pero desde ahora permite advertir que la infraestructura fue concebida para integrarse con otros sistemas y no para permanecer limitada al ámbito exclusivo del RENIEC. Expansión y cierre son fases de una trampa tecnológica.

 

4. La interoperabilidad: el puente que conecta la identidad digital con el Estado y el sector privado

Si la cartera digital constituye el contenedor del nuevo ecosistema y el DNId representa su credencial raíz, la interoperabilidad es el mecanismo que permitirá conectar esa identidad digital con el resto de la infraestructura tecnológica.

Los lineamientos desarrollan este principio en el numeral 5.1.5, donde establecen expresamente:

"El DNId se construye sobre estándares tecnológicos internacionales abiertos y neutrales, permitiendo que la credencial coexista de manera armoniosa con múltiples sistemas de información del sector público y privado y propiciando su compatibilidad con futuras carteras digitales y credenciales verificables."

Esta disposición merece una lectura detenida. La palabra clave ya no es identidad, sino interoperabilidad. En términos sencillos, la interoperabilidad significa que distintos sistemas informáticos pueden comunicarse entre sí utilizando un mismo lenguaje tecnológico. Gracias a ello, la identidad digital deja de ser un documento almacenado en un teléfono celular para convertirse en una credencial capaz de ser reconocida por múltiples plataformas públicas y privadas.

Obsérvese que los lineamientos no hablan de un único sistema estatal. Hablan expresamente de "múltiples sistemas de información del sector público y privado". Es decir, desde su diseño, el DNId nace preparado para interactuar con organismos públicos, empresas privadas y futuras plataformas digitales que adopten los estándares definidos por el RENIEC.

La interoperabilidad constituye, por tanto, el puente que conecta la identidad digital con el resto del ecosistema corporatocrático-estatal. Sin esa capacidad de comunicación, el DNId sería únicamente un documento electrónico. Con ella, se convierte en una credencial utilizable en distintos servicios digitales bajo una infraestructura común.

Este detalle permite comprender que la transformación digital prevista por los lineamientos no consiste únicamente en sustituir un documento físico por otro electrónico. El verdadero objetivo es construir una identidad digital capaz de circular por múltiples plataformas, intercambiar información de los ciudadanos entre los ricos y poderosos para integrarse progresivamente con nuevos servicios conforme la matrix evolucione.

 

5. El nacimiento del "Verificador": un nuevo actor en el ecosistema de identidad digital

Los lineamientos del Documento Nacional de Identidad Digital no solo crean una nueva credencial. También incorporan una figura jurídica completamente nueva dentro del sistema peruano de identificación: el Verificador.

Desde el propio ámbito de aplicación de la norma, el numeral 2.2 establece que los lineamientos son de cumplimiento obligatorio para: "Las personas naturales o jurídicas, de naturaleza pública o privada, que actúen en calidad de Verificadores y requieran comprobar la identidad o los datos de los ciudadanos peruanos (...) mediante la integración de la funcionalidad de autenticación del DNId en sus plataformas, sistemas o canales de atención."

Posteriormente, el numeral 5.7.3 desarrolla esta figura y precisa:

"El Verificador es la persona natural o jurídica, del sector público o privado quien requiere verificar la identidad de los ciudadanos a través del DNId..."

La amplitud de esta definición resulta reveladora. El RENIEC no limita la condición de Verificador a entidades públicas ni al sistema financiero. Utiliza una fórmula abierta propicia para un régimen policiaco que comprende cualquier persona natural o jurídica, pública o privada, que incorpore la autenticación del DNId en sus plataformas, sistemas o canales de atención.

Este cambio transforma por completo la forma tradicional de acreditar la identidad. Hasta ahora bastaba con mostrar un documento físico para que un funcionario o un empleado comprobaran visualmente los datos. Con el DNId ese modelo cambia. El documento deja de verificarse a simple vista y pasa a autenticarse digitalmente mediante mecanismos criptográficos definidos por el RENIEC.

La amplitud del concepto permite dimensionar el alcance del proyecto. Bajo esta definición podrían incorporarse ministerios, agencias de seguridad del Estado, guardias pretorianas, “motorizados de la paz”, recaudadores al servicio de las grandes corporaciones, municipalidades, universidades, hospitales, notarías, entidades financieras, empresas de telecomunicaciones, plataformas digitales y, en general, cualquier organización que implemente la autenticación del DNId conforme a los estándares establecidos bajo al anuencia de un Estado altamente permisivo con el poder del dinero.

Pero la norma no solo crea esta figura; también le asigna responsabilidades. El propio numeral 5.7.3 dispone que el Verificador deberá solicitar únicamente los atributos necesarios para la finalidad perseguida, conservar los registros de auditoría de las transacciones y asumir legalmente la carga de la prueba respecto de las verificaciones efectuadas. En otras palabras, el Verificador deja de ser un simple receptor de información y se convierte en un nuevo sujeto con responsabilidades jurídicas dentro del ecosistema de identidad digital. Lo que en un sistema corrupto equivale a un saludo a la bandera.

Este detalle permite comprender que el proyecto no termina con la emisión del DNId. Toda infraestructura de identidad digital necesita instituciones capaces de reconocerla y utilizarla. Con la creación del Verificador, el RENIEC no solo define quién emitirá la identidad digital; también determina quiénes estarán habilitados para autenticarla y emplearla en las relaciones entre el ciudadano, el Estado y el sector privado.

 

6. El RENIEC deberá publicar APIs y SDK: la infraestructura queda abierta para que terceros la integren

Uno de los aspectos más reveladores de los lineamientos pasa prácticamente inadvertido para la mayoría de ciudadanos. Sin embargo, para quienes conocen cómo funcionan las plataformas digitales, probablemente sea uno de los numerales más importantes de todo el documento.

El numeral 8.1.3 dispone expresamente que el RENIEC deberá: "Desarrollar, mantener y publicar de forma libre y transparente la documentación técnica, los SDKs de integración, las especificaciones de las APIs y las guías de despliegue requeridas por los Verificadores del sector público y privado para la adecuada adopción del ecosistema."

Esta obligación dice mucho más de lo que parece. Si el objetivo fuera únicamente crear una aplicación para llevar el DNI en el teléfono celular, no existiría ninguna necesidad de publicar APIs, SDK ni documentación técnica. Bastaría con desarrollar Perú Pass y distribuirla entre los ciudadanos.

Sin embargo, el RENIEC hace exactamente lo contrario. Sin informar previamente al ciudadano, se obliga a poner a disposición de terceros, todas las herramientas necesarias para que otras instituciones integren el DNId dentro de sus propios sistemas. El Estado al servicio de las corporaciones.

¿Qué son las APIs y los SDK? Imaginemos que el RENIEC construye una gran autopista digital. Las APIs (Application Programming Interfaces) son las entradas y salidas que permiten que otras instituciones —como un banco, una universidad, una municipalidad o una clínica— puedan conectarse legal y técnicamente a esa autopista para verificar la identidad digital del ciudadano. Los SDK (Software Development Kits) son el conjunto de herramientas, manuales y programas que el RENIEC entrega a los desarrolladores para que puedan integrar esa conexión en sus propias aplicaciones sin tener que crear todo el sistema desde cero. Ese detalle confirma que el proyecto no consiste únicamente en desarrollar una aplicación para los ciudadanos. El RENIEC está construyendo una plataforma tecnológica sobre la cual otras instituciones podrán desarrollar e integrar sus propios servicios. El Estado centralizador ad portas del régimen totalitario.

En el mundo del software existe una diferencia fundamental entre una aplicación y una plataforma. Una aplicación presta un servicio. Una plataforma permite que otros construyan nuevos servicios sobre ella. Precisamente por eso los lineamientos hablan reiteradamente de un ecosistema. La obligación de publicar APIs, SDK y documentación técnica demuestra que el verdadero objetivo no es distribuir un DNI digital, sino crear una infraestructura abierta para que terceros puedan conectarse y desarrollar nuevas funcionalidades sobre la misma arquitectura tecnológica.

 

7. El RENIEC adopta los estándares internacionales utilizados en los modernos ecosistemas de identidad digital

Otro aspecto que pasa casi inadvertido es que el RENIEC no creó una tecnología propia para el DNId. Por el contrario, decidió construir todo el sistema utilizando estándares internacionales abiertos que hoy emplean los modernos ecosistemas de identidad digital.

El numeral 5.6.1 dispone expresamente que el Documento Nacional de Identidad Digital y la cartera digital del RENIEC cumplan, entre otros, con los siguientes estándares internacionales:

  • W3C Verifiable Credentials (VC): permite convertir documentos tradicionales —como el DNI, licencias, certificados o títulos— en credenciales digitales cuya autenticidad puede verificarse criptográficamente.
  • W3C Decentralized Identifiers (DID): crea un identificador digital único que permite comprobar matemáticamente que la credencial fue emitida realmente por el RENIEC y no ha sido falsificada.
  • OpenID4VCI: regula el procedimiento mediante el cual el RENIEC emite y entrega el DNId a la cartera digital del ciudadano.
  • OpenID4VP: establece el mecanismo para que el ciudadano presente posteriormente esa credencial cuando una entidad necesite verificar su identidad.
  • Client Initiated Backchannel Authentication (CIBA): permite que la autenticación se realice mediante comunicaciones seguras entre servidores, aumentando la protección del proceso de verificación.
  • Trusted Execution Environment (TEE): protege las llaves criptográficas dentro del hardware seguro del teléfono celular, dificultando su copia o manipulación.

A ello se suma el estándar Selective Disclosure (SD-JWT VC), incorporado en el Anexo C de los lineamientos, que permite al ciudadano compartir únicamente los datos estrictamente necesarios para cada operación. Por ejemplo, acreditar que es mayor de edad sin revelar toda la información contenida en su identidad digital.

La importancia de estos estándares no radica únicamente en sus características técnicas. Todos fueron desarrollados para construir ecosistemas de identidad digital interoperables. Es decir, utilizan un mismo lenguaje tecnológico para que distintas instituciones puedan emitir, almacenar, presentar y verificar credenciales digitales de manera compatible entre sí.

Ese detalle revela una decisión estratégica del RENIEC. En lugar de desarrollar un sistema cerrado y exclusivamente peruano, optó por una arquitectura basada en estándares internacionales ampliamente utilizados. Ello facilita que la infraestructura pueda seguir creciendo e integrarse con nuevos servicios, nuevas credenciales y nuevas plataformas sin necesidad de reconstruir el sistema desde cero. Es el inicio para la integración en el gobierno digital mundial.

 

Conclusión: el Estado primero construye la trampa en forma de infraestructura digital.

El examen integral de los Lineamientos para la emisión y uso del Documento Nacional de Identidad Digital (DNId) permite arribar a una conclusión difícil de ignorar: el RENIEC no se ha limitado a digitalizar el Documento Nacional de Identidad. Ha comenzado a construir la infraestructura nacional sobre la cual podrá desarrollarse un ecosistema totalitario de identidad digital.

La cartera digital (Perú Pass), la credencial raíz, la incorporación progresiva de nuevas credenciales, la posibilidad de admitir credenciales emitidas por otras entidades, la creación de los Verificadores, la obligación de publicar APIs y SDK y la adopción de estándares internacionales no constituyen decisiones aisladas. Forman parte de una misma arquitectura globalista tecnológica diseñada para crecer progresivamente.

La experiencia internacional demuestra que las grandes transformaciones digitales rara vez aparecen completas desde el primer día. Primero se construye la infraestructura. Después se incorporan nuevas funciones. Finalmente, cuando el sistema ya se encuentra consolidado, comienzan a integrarse nuevos servicios y una vez masificada la red, la trampa se cierra dando inicio al despotismo.

La infraestructura que podría hacer posible esa evolución ya está siendo construida. El Estado ya cuenta con una cartera digital, una identidad digital concebida como credencial raíz, mecanismos de autenticación criptográfica, interoperabilidad con múltiples sistemas públicos y privados, verificadores y una plataforma tecnológica abierta para incorporar progresivamente nuevas credenciales y servicios.

Ese es, probablemente, el aspecto más importante de todo el documento. La infraestructura siempre aparece antes que las funcionalidades. Cuando los ciudadanos perciben los cambios visibles es demasiado tarde debido a que la arquitectura que los hace posibles suele llevar años construyéndose.

Desde esta perspectiva, el Documento Nacional de Identidad Digital no representa el punto final de la transformación digital del Estado peruano. Representa su punto de partida. La discusión pública ya no debería centrarse únicamente en si el ciudadano llevará o no el DNI en su teléfono celular. La verdadera pregunta es otra: ¿qué tipo de Estado se está construyendo sobre esta nueva infraestructura digital y cuáles serán los límites que impedirán que una herramienta creada para facilitar servicios termine convirtiéndose en un mecanismo de concentración de información y de poder sobre la ciudadanía?

La historia demuestra que ningún sistema de control nace completo. Primero se construyen los cimientos. Después el edificio. Los lineamientos del DNId muestran que, en el Perú, esos cimientos ya comenzaron a colocarse. 

sábado, 4 de julio de 2026

EL PROYECTO NEUMONAS PARA IMPLANTAR SENTIMIENTO Y EMOCIONES.

EL PROYECTO NEUMONAS PARA IMPLANTAR SENTIMIENTO Y EMOCIONES.

Por Iván Oré

¿Y si el futuro de la neurotecnología ya no dependiera de implantar un chip en el cerebro? Mientras todos miraban a Elon Musk y Neuralink, en España ha surgido un proyecto mucho menos conocido, pero potencialmente revolucionario. Se llama Neumonas y su objetivo no es colocar electrodos dentro del cerebro, sino modificar la actividad de las neuronas desde el exterior utilizando nanotecnología.

A primera vista parece ciencia ficción, pero el proyecto es real. Está liderado por Tecnalia, uno de los principales centros tecnológicos de España, y recibió una financiación de 20 millones de euros mediante un programa europeo de Compra Pública Precomercial impulsado por el CSIC. Su desarrollo tuvo una duración de 24 meses y ya ha obtenido resultados preclínicos en modelos animales de ictus y enfermedad de Parkinson.


Ahora bien, antes de sacar conclusiones, conviene responder una pregunta fundamental: ¿qué es exactamente lo que hace esta tecnología?

A diferencia de Neuralink, Neumonas no pretende leer pensamientos ni conectar el cerebro a un ordenador. Su objetivo declarado es terapéutico. Busca estimular determinadas neuronas para intentar proteger el tejido cerebral o modificar circuitos neuronales alterados por enfermedades neurológicas.

¿Y cómo pretende hacerlo?

La respuesta está en unas diminutas estructuras llamadas nanopartículas. Los investigadores utilizan dos tipos. Unas son nanopartículas de oro, capaces de transformar la luz en calor. Las otras son nanopartículas magnéticas, que convierten la energía de un campo magnético en calor localizado.

Ese calor no pretende quemar tejido. Lo que busca es alterar la actividad eléctrica de las neuronas cercanas para producir un efecto de neuromodulación.


Aquí aparece el concepto más importante de todo este proyecto: neuromodulación.

Neuromodular significa modificar la actividad de determinadas neuronas. En otras palabras, influir sobre el funcionamiento de circuitos cerebrales específicos.

Y esto nos lleva a una reflexión interesante.

Todo lo que somos depende de la actividad de nuestras neuronas. La memoria, el movimiento, las emociones, la percepción, el aprendizaje, la atención e incluso nuestras decisiones tienen una base neuronal.

Por eso cualquier tecnología capaz de modificar la actividad de las neuronas despierta un enorme interés científico. También plantea preguntas éticas inevitables.

Ahora bien, hay que ser rigurosos. El hecho de que una tecnología pueda modificar la actividad neuronal no significa que pueda controlar la voluntad de una persona ni implantar pensamientos. No existe evidencia científica que demuestre algo semejante para Neumonas.

Lo que sí sabemos es que la neurociencia lleva décadas utilizando técnicas de estimulación cerebral. Existen procedimientos como la estimulación cerebral profunda mediante electrodos, la estimulación magnética transcraneal o la estimulación eléctrica transcraneal. Todas ellas pueden modificar determinados circuitos neuronales y, en algunos casos, producir cambios en síntomas motores, dolor o estado de ánimo.

Neumonas intenta dar un paso más. Su apuesta consiste en llegar a regiones profundas del cerebro sin necesidad de abrir el cráneo.

Para ello utiliza nanopartículas que, según el proyecto, pueden atravesar la barrera hematoencefálica, una de las principales defensas naturales del cerebro frente a sustancias externas.

Una vez allí, esas nanopartículas responderían a estímulos externos de luz y campos magnéticos.

La gran pregunta es: ¿de qué están hechas exactamente esas nanopartículas magnéticas?

Curiosamente, los documentos divulgativos no lo especifican. Hablan de nanopartículas magnéticas, pero no indican su composición química.

Lo más probable es que utilicen materiales ya muy conocidos en nanomedicina, como magnetita o maghemita, ambos óxidos de hierro con excelentes propiedades magnéticas. Sin embargo, hasta que se publiquen las patentes o los artículos científicos correspondientes, esa composición exacta no puede afirmarse como un hecho.

Este detalle ha despertado el interés de muchos investigadores, porque el material utilizado determina buena parte de las capacidades del sistema.

También surge otra cuestión. ¿Por qué no utilizar grafeno?

El grafeno es probablemente uno de los materiales más prometedores de la actualidad para la agenda 2030. Es extraordinariamente resistente, conduce muy bien la electricidad y posee una enorme superficie para transportar moléculas. De hecho, ya existen empresas que desarrollan electrodos cerebrales de grafeno.

Sin embargo, el grafeno puro no posee las mismas propiedades magnéticas que los óxidos de hierro. Por eso muchos grupos de investigación trabajan con materiales híbridos que combinan grafeno y nanopartículas magnéticas para aprovechar las ventajas de ambos.

Mientras tanto, Neumonas sigue otra estrategia basada en la activación mediante campos magnéticos y luz.

Otro aspecto interesante del proyecto es quién lo desarrolla.

Tecnalia es una fundación privada sin ánimo de lucro especializada en investigación aplicada. Colabora con numerosas empresas industriales y energéticas, varias de las cuales cotizan en bolsa. Entre ellas se encuentran Iberdrola, Repsol, CAF, Gestamp, Talgo, Acciona e Indra.

Como ocurre con muchas grandes compañías internacionales, entre sus accionistas institucionales aparecen gestoras como BlackRock, Vanguard, State Street o Fidelity. Ese es un hecho verificable en la información bursátil de estas empresas. Sin embargo, eso no significa que dichas gestoras sean propietarias de Tecnalia ni que controlen directamente el proyecto Neumonas. La relación existente es que esas empresas colaboran o contratan proyectos de investigación con Tecnalia.

Finalmente, conviene poner todo esto en perspectiva.

Hoy Neumonas no es un tratamiento disponible. No ha demostrado todavía eficacia clínica en humanos. Sus resultados corresponden a modelos animales y deberán superar un largo proceso de validación científica antes de llegar a los hospitales.

Pero también es cierto que la historia de la ciencia demuestra que muchas tecnologías comienzan resolviendo un problema médico muy concreto y, con el paso del tiempo, encuentran aplicaciones completamente nuevas.

Por eso la pregunta verdaderamente importante quizá no sea qué puede hacer hoy Neumonas, sino qué será capaz de hacer la neuromodulación dentro de veinte o treinta años.

Como siempre ocurre con las tecnologías disruptivas, el desafío no será únicamente científico. También será ético, jurídico y político. Porque cuando una tecnología es capaz de interactuar directamente con el órgano que produce nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras decisiones, el debate deja de ser exclusivamente médico para convertirse en un asunto que afecta a toda la sociedad.

El futuro de la neurotecnología ya ha comenzado. La cuestión es hacia dónde decidiremos llevarlo.

CAÍN Y LA RUTA HACIA LA INDIA: LA GENÉTICA DESCUBRE UNA MIGRACIÓN DESDE LA TIERRA DE SARAZM

CAÍN Y LA RUTA HACIA LA INDIA: LA GENÉTICA DESCUBRE UNA MIGRACIÓN DESDE LA TIERRA DE SARAZM Por Iván Oré Chávez para Realbiopolítica. «Y sal...